Fotograma de Robert Duvall en la película Una noche en el viejo México
Cine
El wéstern español de Robert Duvall que dirigió Emilio Aragón
Durante años el guion fue un sueño pendiente para el actor
Los mejores papeles de Robert Duvall
¿Qué hace que una leyenda de Hollywood acabe rodando un western bajo la dirección de un cineasta español al que muchos asociaban más con la televisión que con el cine de frontera? La respuesta está en una historia de perseverancia, casualidades y afinidades inesperadas que terminó cristalizando en Una noche en el viejo México (2013), una película tan singular por su tono como por la intrahistoria que la hizo posible.
Robert Duvall llevaba décadas queriendo sacar adelante ese proyecto. El guion le acompañó durante años como una espina clavada: le fascinaba el personaje, un viejo ranchero obligado a abandonar su hogar que emprende un viaje hacia México con su nieto. Era una historia de despedidas, carreteras polvorientas, tequila, peleas y redenciones tardías que parecía escrita para él en la etapa madura de su carrera. El problema era que nadie terminaba de impulsarla… hasta que apareció un nombre inesperado. Según contaría después el propio actor, todo cambió cuando «apareció este caballero español». Ese caballero era Emilio Aragón.
La elección desconcertaba sobre el papel. Aragón no pertenecía al circuito habitual de directores estadounidenses. En España había sido actor, músico, presentador, productor y empresario audiovisual antes de ponerse tras la cámara. Sin embargo, su entusiasmo y su visión convencieron a Duvall, y además llegó con el respaldo industrial necesario para convertir aquel viejo sueño en una película real. El rodaje se organizó en Texas y desde el primer momento quedó claro que la química funcionaba. Hablaban de fútbol, compartían historias y se entendían en un curioso intercambio lingüístico: Aragón en inglés impecable, Duvall chapurreando español gracias a su esposa argentina.
La película sigue a Red Bovie, un ranchero orgulloso al que obligan a abandonar su tierra y que decide cruzar la frontera con un nieto al que apenas conoce. El viaje, a medio camino entre western crepuscular y road movie, se transforma en una cadena de encuentros imprevisibles, noches excesivas y decisiones que obligan a ambos a mirarse de verdad por primera vez. En el trayecto aparecen personajes ambiguos como el matón interpretado por Luis Tosar y figuras magnéticas como la de Angie Cepeda, que aportan tensión y misterio a la ruta.
Robert Duvall interpretando a Red Bovie en Una noche en el viejo México
Detrás de la cámara, el rodaje fue casi una carrera contrarreloj. El presupuesto apenas rondaba los tres millones de euros y Aragón tuvo que sacar adelante la película en solo veintitrés días. «No se hubiera podido rodar sin la generosidad y el apoyo de mucha gente, empezando por Robert Duvall y los actores», explicaría después el director. La solución fue apoyarse en la experiencia del protagonista y aprovechar al máximo las primeras tomas. «Me impresionó su manera de preparar el papel a nivel psicológico», recordaba. Entre escenas también hubo tiempo para confidencias cinéfilas y conversaciones de sobremesa, uno de los lujos invisibles del rodaje.
Duvall, por su parte, recordaba el primer encuentro con humor muy a su estilo. «El pobre estaba muerto de hambre… tuvimos que ir a comprarle un bocadillo», contaba entre risas al hablar de Aragón, antes de rematar con complicidad: «Me di cuenta de que le gustaba mucho comer. ¡Es como yo!». Ese tipo de anécdotas explican mejor que cualquier dossier la complicidad que se creó entre ambos.
El propio Aragón también dejó su huella musical en el proyecto, firmando la banda sonora con la colaboración de Julieta Venegas.