Una sala de cine vacía
Cine
El Gobierno infla el cine español con subvenciones, ventajas fiscales y ayudas obligatorias mientras sigue perdiendo público
Un informe del Instituto Juan de Mariana demuestra que no existe evidencia de que mayores subvenciones supongan un volumen mayor de espectadores
El informe del Instituto Juan de Mariana analiza en el informe Más subvenciones y menos público. Cómo la intervención pública ha distorsionado el cine español, la crisis estructural que vive la industria cinematográfica de nuestro país, destacando un divorcio profundo entre la producción nacional y el público.
El debate ya avanzó, en base a estadísticas de la SGAE recogidas en el informe Las grandes cifras del cine en España, que el cine español interesa mucho menos ahora que en 1987, cuando se llevó a cabo la primera gala de los Premios Goya. Desde entonces, la asistencia a las salas de cine y su frecuencia ha experimentado una caída significativa, al igual que el número de salas que apuesta por el cine español.
A pesar de que la venta de entradas ha colapsado desde los años sesenta, el Estado ha respondido con una explosión de ayudas públicas y privilegios fiscales que no logran atraer espectadores. Los autores, Diego Sánchez de la Cruz y Miguel Puga, denuncian una sobreproducción de películas «fantasma» que apenas generan ingresos, sostenidas artificialmente por subvenciones y leyes que obligan a las televisiones a invertir en ellas. Además, argumentan que existe una clara desconexión ideológica y cultural, ya que los ciudadanos prefieren comedias y cine de entretenimiento mientras el sector depende de una agenda política.
Explosión de las ayudas públicas
Mientras el público disminuía, los recursos públicos destinados al sector crecieron de forma masiva a través de tres vías principales: las subvenciones directas, los privilegios y deducciones fiscales y la inversión obligatoria. En los tres casos, se vislumbra el que denominan «efecto tractor», en el que no existe evidencia de que mayores subvenciones generen mayor público, sino más bien lo contrario.
Las ayudas concedidas al cine español, medidas según el presupuesto ejecutado, han seguido una «línea alcista» desde 1994 y se han disparado a partir de 2020. Por ejemplo, en base a cifras del Ministerio de Cultura, en 1994, la financiación pública destinada al sector cinematográfico equivalía a 19,1 millones de euros. Dos décadas después, en 2014, esa cantidad había ascendido a 61,7 millones. Lejos de estabilizarse, la tendencia al alza se intensificó en los últimos años, hasta situar el volumen total de ayudas en 152,9 millones de euros en 2023.
Sin embargo, la cifra real podría ser incluso mayor, puesto que las comunidades autónomas y los ayuntamientos también ofrecen distintas partidas de gasto a la producción nacional de cine. Es el caso del Instituto Catalán de las Empresas Culturales, que en 2024 anunció un paquete de ayudas al sector valorado en nueve millones de euros.
Padre no hay más que uno 5 fue la película más taquillera en 2025
Ventajas fiscales extraordinarias
El marco fiscal que ampara la industria audiovisual dibuja un escenario singularmente ventajoso. El sector cuenta con deducciones reforzadas en el Impuesto sobre Sociedades —del 30 % para el primer millón y del 25 % para el resto, con límites que pueden alcanzar los 20 millones por producción y hasta diez millones por episodio en series—, además de porcentajes incrementados que llegan al 75 % u 80 % e incluso al 85 % en supuestos como cortometrajes, nuevos directores, rodajes en lenguas cooficiales o proyectos con especial valor cultural.
Entre 2015 y 2022, según datos del Ministerio de Cultura, estos incentivos sumaron 311,5 millones de euros, con un crecimiento sostenido que llevó la cifra anual de 6,3 millones en 2015 a 70,6 millones en 2022. A ello se añaden programas similares en territorios forales como el País Vasco, Navarra y Canarias.
El trato diferencial no se limita al Impuesto de Sociedades. Los servicios de intérpretes y técnicos, así como la venta de entradas, tributan con un IVA reducido del 10 %, frente al tipo general del 21 %. Además, el denominado Estatuto del Artista, aprobado en 2023, introduce mejoras en cotizaciones, protección por desempleo y compatibilidad entre pensiones y actividad creativa. En el IRPF, los nuevos profesionales pueden aplicar una retención reducida del 7 % y determinadas rentas irregulares disfrutan de una reducción del 30 % cuando se concentran en un solo ejercicio, lo que mitiga el efecto de la progresividad fiscal
La ayuda obligatoria
«El sector también se beneficia de la obligación que soportan los operadores televisivos de destinar el 5 % de su facturación anual a la producción de largometrajes y contenidos audiovisuales». Una regulación recogida en la Ley 13/2022 que solo aplicaba a RTVE, Atresmedia o Mediaset, pero que ahora afecta también a Netflix, Amazon Prime Video, Disney+ o HBO. En base a ello, este mecanismo supuso en 2022 un coste regulado de 380,6 millones, de los que 84,1 fueron a la producción del cine español.
El problema de las películas 'fantasma'
Pese al aumento de ayudas públicas y el crecimiento del número de estrenos, el público continúa sin dar respaldo al cine español. Solo algunas películas estrenadas en los últimos años han conseguido ser rentables y conseguir ingresos sólidos en taquilla. El mejor ejemplo de ello es Wolfgang, que recibió 1,2 millones de euros en 2023 y su recaudación llegó hasta los casi cuatro millones de euros. También El Cautivo, con la misma cuantía de apoyo público, alcanzó 5,3 millones de euros en taquilla.
Pero no todas han corrido la misma suerte. El contraste más significativo se observa en la evolución global del sector. En 2016 se estrenaron 168 largometrajes españoles, con una recaudación total de 111,5 millones de euros. En 2025, el número de estrenos se elevó a 364 —más del doble—, pero la taquilla conjunta descendió a 85,6 millones. Es decir, más películas no se tradujeron en más ingresos.
Número de estrenos vs. Recaudación
Los datos de 2025 refuerzan esa tendencia: solo 28 largometrajes superaron los 100.000 espectadores, mientras que 336 se quedaron por debajo de ese umbral. De hecho, el 87 % de las producciones españolas proyectadas ese año no alcanzó siquiera los 100.000 euros de recaudación. Dentro de ese grupo, 106 estrenos no superaron los 1.000 euros en taquilla, lo que ha llevado a denominarlas «películas fantasma».
Politización de las tramas
«Inflar artificialmente el número de producciones no equivale a fortalecer una industria cultural», argumentan sus autores, admitiendo también que existe una dinámica de desconexión entre oferta y demanda. Y no solo en términos de cantidad, sino también de contenido. La proximidad política entre el Gobierno de Pedro Sánchez y determinadas figuras de la industria ha alimentado críticas sobre una posible politización del cine, al considerar que la financiación pública podría influir indirectamente en contenidos y discursos.
Analizando la película más vista de cada año en el periodo que va desde 1998 a 2025, quince de los 27 largometrajes son comedias –y nueve de ellas, de Santiago Segura–. «Esto apunta a una preferencia clara de una parte significativa del público por propuestas de evasión, humor y entretenimiento accesible», determina el informe.
La tendencia es la misma si solo se analiza el ejercicio del 2025. «A simple vista, parece evidente que la comedia, con sus distintos formatos híbridos, mantiene una presencia muy significativa entre las películas más populares. Es el caso de Padre no hay más que uno 5, pero también de El casoplón, Un funeral de locos, Sin cobertura, Los Muertimer o Todos los lados de la cama, largometrajes que encajan claramente en el terreno del humor comercial o la comedia ligera».
En los géneros que no encajan estrictamente en el ámbito de la comedia, triunfan todos aquellos que no sean de tinte político, del tipo thrillers, como La infiltrada o La sospecha de Sofía; o dramas intimistas, como Los domingos. «Más que responder a una agenda política concreta, muchas de estas películas comparten una lógica de entretenimiento, emoción o espectáculo reconocible», concluye el informe, demostrando que el público español no responde ante la «insistencia oficialista de promover un cine más alineado con el discurso y la cosmovisión de la izquierda política». El público, asegura el Instituto Juan de Mariana, «vota con la cartera» por aquellos «relatos menos doctrinarios y más centrados en la narración, la épica, el drama o el humor».