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Facha del Cine Doré

Facha del Cine Doré

Cine

Eligen este cine de Madrid entre los 10 mejores del mundo: la sala que resistió un obús en la Guerra Civil

En la calle Santa Isabel, número 3, en Lavapiés, se encuentra el cine Doré, sede de la Filmoteca Española

Hay cines que proyectan películas y hay cines que proyectan memoria. El Cine Doré, escondido entre las calles agitadas de Lavapiés, pertenece claramente a la segunda categoría. Su fachada rojiza, llena de relieves blancos, columnas y ornamentos que parecen dibujados a mano sobre el muro, tiene algo de pequeño teatro urbano, como si el edificio hubiera decidido quedarse detenido en el momento exacto en que el cine dejó de ser una atracción de feria para convertirse en el gran espectáculo del siglo XX.

Que la revista Time Out lo haya situado entre los diez mejores cines del mundo no sorprende a quien lo conoce. De hecho, el edificio abrió sus puertas en 1923, cuando Madrid empezaba a acostumbrarse a la idea de reunirse en una sala oscura para ver historias proyectadas en una pantalla. Por aquel entonces, el cine todavía convivía con los teatros, los salones improvisados y los barracones itinerantes, pero el Doré nació con vocación de permanencia, como uno de esos grandes cinematógrafos urbanos que prometían lujo accesible y el nuevo entretenimiento colectivo de la ciudad. Tenía planta baja, dos pisos, jardín y salón fumador, una pequeña catedral popular dedicada al nuevo arte.

Su historia, sin embargo, no ha sido tranquila. Durante la Guerra Civil sobrevivió incluso al impacto directo de un obús, una anécdota que parece sacada de una película pero que explica bien el carácter resistente de este edificio. Sin embargo, tras décadas de actividad, el cine terminó cerrando en 1963, dejando tras de sí un interior deteriorado y una fachada que lentamente empezó a apagarse. Durante años el edificio fue un fantasma arquitectónico en pleno centro de Madrid.

El renacimiento llegó dos décadas después. Con el paso del tiempo, en 1982 el Ayuntamiento decidió adquirir el inmueble dentro del Plan de Ordenación Urbana al considerarlo una pieza valiosa del patrimonio arquitectónico de la ciudad. La restauración culminó en 1989 y devolvió al Doré su personalidad original, respetando elementos decorativos históricos y sumando nuevas instalaciones como una segunda sala subterránea, una terraza para proyecciones de verano, cafetería y librería en el vestíbulo. Desde entonces, el cine se convirtió en la sede de la Filmoteca Española, lo que transformó la sala en uno de los templos cinéfilos más importantes del país.

Aun así, el Doré nunca perdió su lado popular. Durante décadas los madrileños lo llamaron 'el Palacio de las Pipas', un sobrenombre tan castizo como entrañable que nació de una costumbre muy concreta: ver las películas mientras se masticaban pipas de girasol. Era el gesto típico del público de los cines de barrio de la posguerra.

Hoy el Doré mantiene algo de ese espíritu, aunque su programación tenga poco que ver con el cine comercial. Aquí se proyectan clásicos restaurados, ciclos dedicados a grandes directores y rarezas cinematográficas difíciles de ver en cualquier otro lugar. Entre las películas que pueden verse estos días, aparecen títulos como La religiosa (1966), La jauría humana (1966) o la española Historias de la radio (1955).

Cine Doré

Cine Doré

Las entradas siguen siendo sorprendentemente accesibles (tres euros por sesión, con abonos muy económicos) y durante las recientes obras de mejora en accesibilidad incluso se han ofrecido proyecciones gratuitas. Además, las reformas incluyen una nueva rampa y un ascensor que facilita el acceso a las salas.

En él trabajan además algunos de los últimos guardianes del cine analógico. Entre ellos está Juan Carlos Sánchez Lázaro, operador de la Filmoteca desde hace más de tres décadas, uno de esos profesionales que todavía manipulan proyectores con la misma paciencia artesanal con la que se proyectaba cine hace medio siglo.

Ese respeto por la historia del cine explica que incluso los Reyes Felipe VI y Letizia hayan acudido en varias ocasiones a sus proyecciones. Sin embargo, la verdadera realeza del Doré sigue siendo el público: estudiantes de cine, jubilados cinéfilos, curiosos que entran por primera vez o espectadores fieles que conocen de memoria cada rincón del edificio. Además, en octubre de 2002 el Cine Doré acogió el velatorio del director Juan Antonio Bardem, cuyo féretro fue recibido con aplausos y cubierto con una bandera del PCE.

Otros dos cines madrileños en la lista

El reconocimiento internacional no se queda solo en el Doré. En la lista de los 100 mejores cines del mundo también aparecen otras dos salas de Madrid.

La Cineteca Madrid, situada en Matadero, ocupa el puesto 34 y destaca por su programación de cine documental y su singular estética industrial, especialmente en la sala Azcona, famosa por sus lámparas construidas con mangueras de riego que iluminan el techo como si fueran una instalación artística.

Más abajo, en el puesto 84, aparece Cine Embajadores, un proyecto relativamente reciente que ha conseguido consolidarse gracias a su programación cuidada, su apuesta por el cine español y ese ambiente íntimo que recuerda a los cines de barrio donde cada detalle parece elegido por auténticos amantes del cine.

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