Al sumergirnos en el drama de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, nos enfrentamos a los misterios del pecado, la fragilidad humana y las peores formas de oscuridad. Pero también encontramos los del amor y el perdón divinos, de lo que significa hallar una vida nueva y auténtica. A veces, la mejor manera de reflexionar profundamente sobre estos temas es a través del arte, y algunas películas lo logran de manera excepcional. Estas son las cinco mejores para ver en estos días de recogimiento personal y espiritual.
'La Pasión de Cristo' (2004)
Fotograma de La pasión de Cristo
Para muchos, la mejor película sobre Jesús es La pasión de Cristo. Dirigida por Mel Gibson en 2004, narra las últimas horas de su vida. Dura, intensa, complaciente, pero con una de las representaciones más impactantes del sacrificio y la fe llevadas al cine. El cineasta ha tardado 20 años en decidirse a repetir el éxito de esta con una segunda parte, La resurrección de Cristo, donde repasará qué sucedió durante los tres días previos a que resucitara.
'Ben Hur' (1959)
Ben-Hur dirigida por William Wyler (1959)
Famosa mundialmente por su emocionante secuencia de carrera de carros, Ben Hur se sitúa como un espectáculo trepidante que muestra una planificación y una ejecución meticulosas a nivel cinematográfico.
La interpretación de Charlton Heston de Judah Ben-Hur es, cuanto menos, icónica. Su poderosa presencia y empatía le dan vida al personaje, lo que le valió elogios y un lugar idóneo en la historia del cine. La representación que hace tanto él como el resto del filme de la sociedad, la política y la grandeza romanas ofrece a los espectadores una experiencia inmersiva que resuena con el espíritu de la época.
'Los diez mandamientos' (1956)
Charlton Heston encarnó a Moisés en Los Diez MandamientosGTRES
Los Diez Mandamientos fue una historia tan buena que Cecil B. De Mille la contó dos veces, y es con la versión posterior donde se basa en gran medida su reputación en la cultura popular. Allá por 1923, un elenco de miles de personas pululó en una pantalla propia de la era del cine mudo. No fue hasta 1956, que DeMille rehizo su película de la mano de Charlton Heston, acompañando a su Moisés desde incipiente Príncipe de Egipto hasta liberador de los hebreos.
Con tres horas y media horas de duración, 15 millones de presupuesto y exteriores rodados en Egipto, la película dista mucho de ser modesta, pero es capaz de abordar un tema tan extenso como este ofreciendo un espectáculo suntuoso y una moralidad profundamente cincelada. Mención aparte necesitan sus últimos 45 minutos, donde se suceden una batería de escenas de una orquestación asombrosa.
'Quo Vadis' (1951)
Quo Vadis
Muchos consideran que Quo Vadis es el artífice de haber salvado a MGM de la bancarrota. Un drama épico que combina elementos históricos con otros ficticios para contar la historia del choque del Imperio Romano con el cristianismo. Dirigida por Mervyn LeRoy, es, entonces, una versión única del subgénero épico bíblico de las películas de la Antigua Roma, y es especialmente notable por no centrarse solo en la historia del Nuevo Testamento. Protagonizada por Robert Taylor, Deborah Kerr, Leo Genn y Peter Ustinov, fue éxito de taquilla. Recaudó 21 millones de dólares con un presupuesto de 7 millones y obtuvo ocho nominaciones al Oscar –aunque no se llevó ninguno–.
'Espartaco' (1960)
Kirk Douglas en Espartaco
Espartaco fue una de las películas más caras en el momento de su estreno en los años sesenta. Sin embargo, la epicidad del proyecto de Stanley Kubrick no está solo en los 12 millones de presupuesto, sino porque presenta algunas de las secuencias de acción más emblemáticas de la historia del cine.
Sin olvidar también la capacidad para ahondar en la profundidad emocional de sus personajes. Las relaciones de este esclavo vendido como gladiador, especialmente con Varinia (Jean Simmons), proporcionan el contrapunto conmovedor a la gran escala de la cinta. Kirk Douglas interpretó el papel con una presencia innegablemente magnética. Su carisma, determinación y espíritu inquebrantable insuflan vida a un personaje que se convierte en un símbolo perdurable de resiliencia y esperanza.