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Fotograma de Sundown rider, película dirigida en 1932 por este cineasta

Fotograma de Sundown rider, película dirigida en 1932 por este cineasta

Cine

Ni John Ford ni Clint Eastwood: el director con más wésterns a sus espaldas es uno que nadie recuerda

Lambert Hillyer firmó 148 películas del oeste, un récord imposible de repetir en la industria actual

Cuando se habla del cine del oeste, los nombres surgen casi de forma automática: Clint Eastwood, Kevin Costner, John Ford o incluso mitos como Sergio Leone. Son figuras que han definido el género, que han construido su imaginario y que siguen ocupando un lugar privilegiado en la memoria colectiva. Pero hay una paradoja que pocos conocen: el director que más westerns rodó en la historia no es ninguno de ellos. De hecho, su nombre apenas se recuerda hoy.

Ese nombre es Lambert Hillyer, un cineasta que ostenta un récord prácticamente imposible de igualar: dirigió nada menos que 148 películas del oeste a lo largo de su carrera. Una cifra que no solo impresiona por su magnitud, sino también por lo que implica en términos de ritmo de trabajo, constancia y dedicación a un solo género.

Hillyer fue un pionero del wéstern desde sus primeras etapas en Hollywood. Su carrera en este género comenzó en 1917, cuando el cine aún estaba consolidando sus formas narrativas, y se extendió durante más de tres décadas, hasta su última película, Range Land, en 1949. En total, firmó 156 películas, de las cuales la inmensa mayoría pertenecen al universo del lejano oeste. Es decir, prácticamente toda su vida profesional estuvo ligada a caballos, desiertos, duelos y forajidos.

Lo más sorprendente no es solo la cantidad, sino la velocidad a la que trabajaba. En algunos años, como 1941 o 1948, llegó a estrenar hasta 11 películas en un solo año. Una cifra que hoy resulta casi inconcebible en una industria donde una sola producción puede llevar años. Incluso en su último año activo, todavía dirigió seis títulos. Este ritmo frenético fue posible gracias a un modelo de producción muy concreto: el de las películas de serie B.

A diferencia de los grandes nombres del wéstern, que trabajaban con presupuestos elevados y largos tiempos de rodaje, Hillyer se especializó en películas rápidas y baratas. Eran producciones modestas, muchas veces rodadas en apenas una semana, pensadas para llenar carteleras y mantener en funcionamiento la maquinaria de los estudios. Lejos de restarle mérito, este contexto explica su capacidad para construir una filmografía tan extensa.

Su figura contrasta de forma llamativa con la de otros maestros del género. Mientras Sergio Leone revolucionó el wéstern con apenas siete películas, o mientras Eastwood y Costner han firmado obras más espaciadas pero ambiciosas, Hillyer optó por la constancia y la repetición. Su legado no está en una obra maestra concreta, sino en la acumulación: en haber contribuido, título tras título, a consolidar los códigos del género.

Lambert Hilyer, en una imagen de archivo

Lambert Hilyer, en una imagen de archivo

Curiosamente, su influencia no se limita al wéstern. En 1943 dirigió el primer serial cinematográfico de Batman, abriendo el camino a uno de los universos más importantes del cine contemporáneo. También firmó Dracula’s Daughter en 1936, una película que dejó huella en el cine de terror. Sin embargo, estos logros han quedado eclipsados por su condición de «artesano» del cine, más que de autor reconocido.

Hillyer murió en 1969, apenas unos días antes de cumplir 76 años. Para entonces, su nombre ya empezaba a diluirse en la historia del cine. A diferencia de otros directores, no dejó detrás una mitología ni un estilo fácilmente reconocible. Tampoco protagonizó grandes relatos biográficos ni generó una escuela. Fue, en esencia, un trabajador incansable de la industria, alguien que entendía el cine como oficio más que como arte.

Y, sin embargo, su récord sigue ahí, inalterable. En un contexto actual donde los rodajes son cada vez más complejos, costosos y prolongados, resulta prácticamente imposible imaginar a un director firmando más de un centenar de wésterns a lo largo de su vida. El propio género, además, ya no ocupa el lugar central que tuvo en las décadas doradas de Hollywood.

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