Javier Bardem, junto a Vicky Luengo
Festival de Cannes
Bardem asegura que ha vivido «abuso de poder y comportamientos inexcusables» en sus rodajes
Protagoniza junto a Victoria Luengo la película El ser querido, dirigida por Rodrigo Sorogoyen, que se presenta en el Festival de Cannes
En la película El ser querido, que se presenta este sábado en la competición de Cannes, Javier Bardem interpreta a un director de cine que en una escena del filme de Rodrigo Sorogoyen pierde los papeles, algo que el actor ha sufrido en alguna ocasión, pero reconoce que eso está cambiando.
«Creo que cualquier rodaje es difícil y siempre hay tensión, pero es una tensión buena, una tensión creativa, no una tensión como la que pueda crear mi personaje», explica a EFE Bardem horas antes del estreno de la cinta, que coprotagoniza con Victoria Luengo, sentada a su lado, en una terraza, con la Croisette de Cannes como telón de fondo.
Él ha vivido algún momento difícil pero no llegaron al extremo del que se ve en filme, pero sí comportamientos que califica de «inexcusables» y de «abuso de poder». «Es esta cosa de aquí se hace lo que yo diga. Bueno, sí ¿o no? Evidentemente tenemos que seguir tu dirección. ¿Pero cómo? ¿Cómo lo comentas? ¿Cómo nos lo pides? ¿Cómo nos lo exiges? ¿Desde dónde?».
Para él, más que por un control creativo, este tipo de comportamientos tienen que ver con «una forma de reforzar el poder por el poder».
Pero eso ha cambiado mucho en los años que lleva en la profesión Bardem, que asegura que ahora «hay una sensibilidad frente a eso, hay muchísimo menos miedo a denunciar y a decirlo públicamente ahí mismo», durante el rodaje. «Eso está muy bien pero hay que ir a más, siempre», agregó.
Bardem es en el filme Esteban Martínez (apellido elegido porque en el famoso Hotel Martínez de Cannes, a pocos metros de donde se celebra la entrevista, fue donde hace tres años Sorogoyen le ofreció participar en el filme), un afamado director de cine que regresa a España tras muchos años fuera y quiere reencontrarse con su hija, Emilia (Luengo), a la que abandonó siendo una niña.
La falta de comunicación entre ellos, las relaciones paternofiliales, el cine dentro del cine o la masculinidad tóxica son algunos de los temas que trata esta película que es la primera de las tres españolas que este año compiten por la Palma de Oro de Cannes. En los próximos días llegarán Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar, y La bola negra, de Javier Ambrossi y Javier Calvo.
Una historia que al intérprete madrileño le ha hecho plantearse su relación con su padre, más que la que mantiene con sus hijos.
«Mi padre estaba más ausente», recuerda el actor, al que esta película le ha permitido entenderle más. Pertenecía a una generación en la que la masculinidad no tenía que ver con las emociones. «No le enseñaron a expresarlo, a pedir perdón, sino que tenía que ser un hombre», dice Bardem enfatizando mucho la palabra.
«¿Qué es eso de ser un hombre? Muchos de los valores que consideraban que tenían que ver con ser un hombre eran erróneos, son creencias que tenemos que destruir como sea», afirma con rotundidad.
Es solo un aspecto de un filme complejo que Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña, la guionista, construyeron con Luengo y Bardem en sus mentes.
El resultado se podrá ver esta noche en el pase de gala del filme, que incluye el desfile previo por la famosa alfombra roja de Cannes. Luengo solo quiere ver la película con el equipo y disfrutar con ellos. «Luego todo lo que pase será bienvenido y bonito», dice.
Bardem reconoce que es un «momento clave» sentarse en el Gran Teatro Lumière. «Yo haciendo así con la pajarita -dice haciendo un gesto como de aflojársela.- Tú quitándote los zapatos, imagino, de tacón y poder compartir en ese teatro que se ve y se oye tan bien este trabajo que se ha hecho con tanto cariño y que pase lo que tenga que pasar. Ojalá que llegue, que comunique y que afecte».
¿Y si Bardem ganara un segundo premio de interpretación en Cannes? «Cuando oigo lo de las quinielas, siempre me acuerdo del 1X2», dice el actor, antes de preguntarle a Luengo si sabe de lo que habla: «¡Ah sí, eso lo hacía mi abuelo», provocando las carcajadas de Bardem: «Un respeto, por favor».