Victoria Luengo y Javier Bardem protagonizan El ser querido
Cine
España deslumbra en el Festival del Cannes con 'El ser querido', la película de Sorogoyen
Javier Bardem y Victoria Luengo se postulan como candidatos a premio en el certamen
Un filme que explora como ningún otro en la más que centenaria historia del cine la tenue separación que existe entre ficción y realidad ha causado sensación en esta quinta jornada del 79º Festival Internacional de Cine de Cannes. Se trata de El ser querido, con la que el madrileño Rodrigo Sorogoyen consigue ingresar con su quinta película en la puerta grande del concurso del festival de cine más importante del mundo, después que en 2022 su As bestas fuera invitada a la sección paralela fuera de concurso Cannes Première.
Y lo hace con una historia centrada sobre un padre cineasta que reencuentra a su hija Emilia, abandonada en su infancia, ofreciéndole el papel protagónico de su nueva película que marcará la vuelta al cine de su país, después de cinco años pasados en el extranjero construyendo una exitosa carrera internacional.
Sorogoyen y su coguionista Isabel Peña no aclaran los motivos de Esteban Martínez para reencontrarse con su hija, después de 14 años de ausencia, ni por qué le ofrece un papel importante que puede darle un vuelco a su carrera, malgastada en películas y series televisivas de tercer orden.
Porque en El ser querido, lo no dicho o expresado extiende su ambigüedad al mismo título: ¿es lo que se dice de un familiar o lo que significa el hecho de ser querido en una relación conflictiva?
El filme tiene una impresionante secuencia inicial de 20 minutos en plano/contraplano donde padre e hija se afrontan en un diálogo cerrado, donde reina la incertidumbre y la desconfianza, con la cámara pegada al rostro de los actores, toda una lección de interpretación que coloca a Javier Bardem y Victoria Luengo en la cúspide de los candidatos a la Palma de Oro a la mejor actuación.
Recordando la célebre frase de La carroza de oro de Jean Renoir, donde se preguntaba «cuándo termina el teatro, cuándo la vida comienza», Sorogoyen no resuelve la cuestión que empieza a carecer de importancia cuando el filme se transforma en un canto de amor al cine, a sus métodos narrativos y a la devoción de cientos de actores y técnicos, unidos en el empeño de crear una obra de arte lo más posible inolvidable.
Pero lo cierto es que ese difícil género de mostrar al cine dentro del cine tiene ya con El ser querido una de sus obras maestras, al mismo nivel de ese clásico que sigue siendo La noche americana de Francois Truffaut.
La jornada de hoy se concluyó con dos películas que tocaron temas de gran actualidad como la pedofilia y el alzheimer: Gentle monster, de la austríaca Marie Kreutzer y Soudain, del japonés Hamaguchi Ryusuke.
El «monstruo gentil» del título no es sino el disfraz bajo el que se oculta una red de pedófilos que produce y distribuye videos en los que menores de ambos sexos son protagonistas de relaciones sexuales, consensuales o impuestas, y que la policía descubre en poder de un cineasta que supuestamente lo utiliza con fines investigativos.
Esto provoca una crisis matrimonial que será el nudo argumental del sexto largometraje de Marie Kreutzer, de 48 años, cuando la esposa, una pianista encarnada por una efectiva Léa Seydoux, se niega a creer en la inocencia del marido, enfrentándose con una policía (Jella Haase) que duda hasta lo último en la culpabilidad del hombre y prosigue empecinadamente la investigación.
Múltiple coproducción austro-germano-francesa (difícil que el cine de autor se sustente en Europa con un solo país productor), el filme convence sobre todo por la actuación de las dos protagonistas mientras la directora, autora también del guion original, mantiene en suspenso al espectador al no aclarar si el acusado de pedofilia es culpable o inocente y certificando que en este delicado problema basta una sospecha para afirmar una culpabilidad.
También Soudain (De repente) precisó de capitales franco-belga-germano-japoneses para lograr que Ryusuke, alumno del más célebre Kiyoshi Kurosawa (nada que ver con el maestro Akira Kurosawa), pudiera realizar este octavo opus de su obra, premiada en cuanto festival se haya presentado, empezando por Drive My Car, ganador del mejor guion aquí mismo en Cannes en 2001.
Ryusuke y su colaboradora Léa Le Dimma se inspiraron para su historia en una veintena de cartas intercambiadas entre la directora de una casa de reposo para enfermos terminales de Alzheimer, que trata de preservar la dignidad de los internados, y una antropóloga al cuarto estado de cáncer que unen sus fuerzas para un tratamiento de la demencia senil no aprobado por la comunidad científica.
La francesa Virginie Efira y la japonesa Tao Okamato llevan sobre sus espaldas el peso argumental del filme, dividido a su vez entre la emoción y un didactismo que se vuelve más pesado por una duración que excede las tres horas y cuarto de proyección.