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Fotograma de La última travesía

Crítica de cine

'La última travesía': el drama migratorio convertido en un poderoso alegato humanista

Una historia de personas anónimas que no renuncian a su humanidad en medio de la guerra

El cineasta norteamericano Brandt Andersen escribió y dirigió en 2020 el cortometraje Refugiado. Ahora lleva esa misma historia a largometraje contando también con el mismo reparto, y contando con la distribución internacional de Angel Studios (The chosen).

La estructura narrativa recuerda a las películas multitramas que se pusieron de moda a principios de este siglo. Distintos personajes protagonizan sendas subtramas que en algún momento confluyen en una trama común en la que se evidencian las grandes propuestas de fondo de la película. En este caso, además, las subtramas se desarrollan en desorden cronológico, incluyendo flashbacks en cada una.

A pesar de todo ello, el argumento se sigue perfectamente gracias a un montaje inteligente. Cada trama tiene un título. La primera es La doctora, y arranca en un hospital de Chicago, en abril de 2023, una mañana en la que una mujer, Amira (Yasmine Al Massri), presumiblemente una doctora, entra a hacer su turno de trabajo.

De ahí damos un salto atrás hasta 2015, en un hospital de Aleppo, en plena guerra civil siria, donde encontramos a Amira realizando cirugías literalmente bajo las bombas. Allí conoce a Mustafá (Yahya Mahayni), un duro militar del Ejército de Bashar al-Ásad, que ha llevado a un compañero herido. Amira tiene una hija, Rasha (Massa Daoud), y juntas van por la noche a celebrar el cumpleaños de Amira a casa de los abuelos, y ahí va a comenzar la odisea que estructura las tres tramas de la película.

La segunda se llama El traficante y está protagonizada por Marwan (Omar Sy), un traficante de seres humanos en Turquía, que envía migrantes en pateras o lanchas a la costa griega en condiciones inhumanas. La última trama se llama El capitán y la protagoniza Stavros (Constantine Markoulakis), jefe de un guardacostas griego en la isla de Lesbos que dedica sus horas de trabajo a rescatar del mar a los inmigrantes que llegan desde todas partes.

Queda claro que estamos ante un argumento que rebosa dureza por los cuatro costados, máxime, como es el caso, si está rodada con realismo y fuerza visual, hasta el punto de que en algunas escenas parece que se trata de una película de acción. Sin embargo, la película es sobre todo un drama humano de gran hondura, en el que se reivindican los lazos humanos por encima de las guerras, la solidaridad por encima del odio y el encuentro entre las personas por encima de fronteras físicas, raciales, culturales o políticas.

Un efecto colateral es que, aunque no se trate principalmente de un filme sobre la inmigración, sí cambia la mirada del espectador sobre ese fenómeno. Pone el foco en el hecho de que detrás de cada inmigrante ilegal hay una historia que comienza mucho antes de la patera, y esa historia a menudo está hecha a partes iguales de esperanza y tragedia, de promesas y engaños, y siempre de mucho sacrificio y amor.

La película obtuvo el Premio Amnistía Inernacional en el Festival de Berlín, además de otros premios en una docena de Festivales internacionales. Una película muy valiosa.