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Arturo Pérez-Reverte, en una imagen de archivo

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Cine

La película del Oeste definitiva, según Pérez-Reverte: «La chica, el sheriff, el salón... Lo tiene todo»

El escritor y académico tiene claro cuál es su filme favorito del género

Con una basta videoteca de más de 5.000 títulos es fácil que Arturo Pérez-Reverte perdiese de vista sus referencias cinematográficas. O, al menos, que le resultase complicado elegir cuáles son después de ver tantas películas. Sin embargo, el escritor y académico lo tiene claro cuando hablamos de cine y es capaz de enumerar sus favoritas sin dudarlo.

Lo hizo en el podcast The Wild Project, uno de los espacios de conversación más seguidos en habla hispana. Tener o no tener, de Howard Hawks; Casablanca, de Michael Curtiz; La jungla del asfalto, de John Huston; La venganza de Ulzana, de Robert Aldrich, o Los duelistas, de Ridley Scott están entre sus favoritas. Pero si hay un género por el que siente especial predilección es el wéstern.

Hablar de películas del Oeste es hacerlo de clásicos como El hombre que mató a Liberty Valance o Centauros del desierto. Sin embargo, si es Arturo Pérez-Reverte quien habla, además de estas dos, menciona una tercera que las supera, Río Bravo. «Es el western», indicó ante Jordi Wild. «Lo tiene todo: la chica, el sheriff, el salón, el borracho... Lo tiene todo. El pistolero joven, los malos... Es perfecta. Si hay una película que tuviera que meter en mi féretro si fuera a la tumba sería Río Bravo», apuntó.

La película, protagonizada por John Wayne como el sheriff de un pequeño pueblo que recluta la ayuda de un joven pistolero (Ricky Nelson) y un borracho local (Dean Martin) para retener a un peligroso pero influyente criminal hasta que llegue un agente federal a recogerlo, podría clasificarse como una de las primeras películas de Hollywood sobre la vida de los personajes.

Gran parte de los dos primeros actos tienen poca acción, pero el tiempo vuela gracias al ingenioso guion de Jules Furthman y Leigh Brackett y a la confianza de Hawks en la química entre los tres protagonistas. Y si bien la gloriosa batalla final compensa con creces el tiempo perdido, es fácil ver cómo Río Bravo allanó el camino a autores modernos como Quentin Tarantino, quien satirizó con regocijo la banalidad del mal mediante la yuxtaposición de diálogos casuales y violencia grotesca.

Fotograma de Río Bravo

Fotograma de Río Bravo

Ningún cineasta encarnó mejor el arquetipo del director profesional de los estudios de principios del siglo XX que Howard Hawks. Cambiando de género a un ritmo vertiginoso, Hawks encontró la manera de convertir prácticamente cualquier guion que recibía en un clásico de Hollywood, impregnándolos de sus inquietudes características y su estilo personal.

Podría decirse que dirigió algunas de las mejores comedias alocadas (La fiera de mi niña o Luna nueva), cine negro (El sueño eterno), musicales (Los caballeros las prefieren rubias) y películas de gánsteres (Scarface) de todos los tiempos, y eso sin mencionar su mayor contribución al género del western: Río Bravo.

Se nota cómo la experiencia de Hawks dirigiendo otros géneros lo preparó para extraer tanto entretenimiento de un guion tan minimalista: Río Bravo ofrece prácticamente lo que uno esperaría de un western dirigido por él. Es la culminación de décadas dedicadas a hacer películas sobre la locura de la vida humana en sus múltiples formas, razón por la cual sigue sintiéndose como uno de los mejores westerns jamás realizados.

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