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Arturo Maneiro, autor de Una televisión sin ley. 50 años de fracasos legislativos sobre RTVE

Televisión

Arturo Maneiro, experto en TVE: «No hay programa que cumpla las condiciones de neutralidad e independencia»

El autor de Una televisión sin ley: la crónica de 50 años de fracasos legislativos sobre RTVE denuncia cómo el Gobierno de Pedro Sánchez la ha politizado a su máximo nivel

Arturo Maneiro, periodista y exdirector de la radio y la televisión gallegas, repasa en su libro Una televisión sin ley: la crónica de 50 años de fracasos legislativos sobre RTVE las sucesivas reformas que no han logrado garantizar la independencia de la radiotelevisión pública.

En una entrevista con El Debate, denuncia la creciente politización de RTVE y cómo el Gobierno de Pedro Sánchez de llevarla a su máximo nivel en cinco décadas. «Es el mayor momento de politización de la televisión pública española», sostiene Maneiro, que critica el sesgo de los programas informativos, cuestiona el uso de dinero público en determinados espacios y defiende que la solución pasa por respetar la legislación vigente y devolver el protagonismo a los profesionales de la casa.

– Habla de cincuenta años de fracasos legislativos en TVE. ¿Cuál cree que ha sido el principal error que se ha repetido en todo este tiempo?

– Siempre ha habido el mismo problema: cómo conseguir que la televisión pública fuese neutral, imparcial e independiente. Todas las leyes que se aprobaban buscaban ese objetivo, pero, cuando se aplicaban, conseguían justamente lo contrario: que la fuese cada vez más dependiente del Gobierno y que se hiciera todo de acuerdo con sus intereses.

– ¿Por qué cree que ninguna de las leyes aprobadas ha conseguido resolver esos problemas en la televisión pública?

– No lo han conseguido porque los partidos políticos quieren que la televisión pública hable a favor de quienes están en el Gobierno en cada momento. Esto se ha hecho de una manera mucho más evidente con los gobiernos socialistas. El Partido Popular siempre ha sido un poco más respetuoso. El PSOE, cada vez que introducía un cambio, hacía lo que quería con absoluto descaro y sin ninguna preocupación. Esa es la situación en la que estamos ahora.

Estamos en un momento en el que nunca, en estos cincuenta años, ha habido una época de tanta politización y tanta interferencia del Gobierno en Televisión Española. Existe un deseo inmenso de utilizar toda la legislación, los decretos y el Consejo de Administración para conseguir que la televisión se politice lo máximo posible. Parece más una televisión de partido o de sector privado que pública.

– ¿Qué etapa de la historia de TVE ha sido la mejor?

– No ha habido ninguna buena. La que más tiempo ha durado ha sido la etapa del famoso Estatuto de Radiotelevisión Española de 1980. Alrededor de ese estatuto se hicieron cambios durante mucho tiempo, hasta que se decidió que había que sustituirlo. Finalmente, se dijo que era necesaria una ley para recuperar la independencia de la Corporación RTVE y el pluralismo en la elección parlamentaria de sus órganos.

La ley de 2017 tenía ese nombre tan rimbombante, pero, desde su aprobación, se hizo todo lo contrario: se buscó que la televisión no fuese independiente y que no hubiese pluralismo en la elección de los mandos intermedios. A lo largo del libro se desgrana cómo hemos llegado a esta situación catastrófica.

Es injustificable que se dedique dinero público a promover y mantener un programa cuya única finalidad sea defender al Gobierno y atacar a la oposición

– ¿Qué opinión le merece que algunos programas como Mañaneros o Malas lenguas hayan sido denunciados por el Consejo de Informativos por su sesgo?

– Normalmente, en una televisión pública existen unos principios de programación que establecen que quienes dirigen los programas informativos no deben opinar, sino recabar las opiniones de otras personas o fuentes.

Ahora, en lugar de contar con coordinadores de tertulias, debates o programas informativos, tienen a auténticos militantes políticos a favor del Gobierno. Han conseguido que sean empresas externas las que se encarguen de estos programas, sin tener en cuenta al personal interno. Por eso se quejan los servicios informativos. Dicen que hay mucho personal de la casa que no está trabajando y que existen unos principios que deben cumplirse.

Es la misma dinámica de siempre: predicar una cosa para después hacer la contraria. Dicen que buscan una televisión independiente y neutral, pero utilizan todos los mecanismos y contratan a las personas necesarias para que sea absolutamente gubernamental. Se ha buscado siempre, pero nunca con el descaro ni la intensidad con que se está haciendo ahora, desde el nombramiento del último presidente de la Corporación.

– ¿Cuál cree que es el programa que más incurre en esa falta de neutralidad?

– Lo difícil es encontrar un programa del que se pueda decir que tiene un planteamiento neutral. No se puede encontrar ninguno. También es complicado medir hasta qué punto se vulnera la independencia, pero, en este momento, no hay ningún programa que cumpla las condiciones de neutralidad, independencia y pluralismo.

Quienes dirigen estos programas ya no son solo militantes: yo diría que son combatientes a favor del Partido Socialista. Lo hacen de una manera descarada, hasta el punto de que a cualquier director de unos medios públicos le daría vergüenza que se produjese una situación así.

Los propios profesionales de Televisión Española se sienten avergonzados. Cualquier profesional de RTVE que defienda los principios de la televisión pública se opondría a que existiesen estos programas.

Una televisión pública debe aspirar a prestar un servicio público, no a ofrecer un servicio de partido

– ¿Es justificable que RTVE dedique tanto dinero público a un programa de entretenimiento como La Revuelta?

– No hay forma de justificar que se dedique dinero público a promover y mantener un programa cuya única finalidad sea defender al Gobierno y atacar a la oposición. En algunos de estos programas en los que se está invirtiendo o gastando dinero público podría llegar a plantearse si existe una posible malversación de fondos públicos. Es un asunto muy serio que quizá haya que revisar más adelante, si cambia el Gobierno, y que podría dar lugar a acusaciones.

– ¿Está RTVE condenada a ser la televisión del Gobierno?

– El sistema es reformable. Lo que no se puede cambiar es que cualquier Gobierno siempre tendrá la posibilidad y la tentación de tener una televisión favorable. Otra muy distinta es llegar al nivel máximo, que consiste en atacar a quienes hablan mal del Gobierno.

En ese sentido, la experiencia de la derecha ha sido más normalizada y más sensible a estos problemas. En el libro se observa cómo, durante los periodos de UCD o de PP, también hubo graves dificultades para mantener el pluralismo. Cambiaban los directores generales, pero no se actuaba con el mismo descaro. Con el mismo mecanismo se pueden hacer las cosas mal o bien. Respetando la ley se pueden hacer mucho mejor. No hace falta legislar más, sino aceptar lo que ya está y aplicarlo.

Nunca ha habido una época de tanta politización del Gobierno en TVE como la actual

– Ha estado al frente de la TVG y de Radio Galega. ¿Qué lecciones de su experiencia podrían aplicarse?

– TVE es un mundo mucho mayor que una televisión autonómica. Las cifras son muy diferentes: si nuestro presupuesto representaba un 10 %, el de RTVE estaría en el otro 90 %. Sin embargo, sí puede aplicarse la dinámica de la que hablaba antes de que los profesionales internos modulen ese deseo de los partidos políticos.

Por eso es tan importante que los informativos estén dirigidos por profesionales del propio medio. No se puede introducir personal externo como si fuese una invasión de fuerzas ajenas. Hay que dejar trabajar a los profesionales de la casa, que conocen el medio y saben cómo actuar. Yo mismo, como directivo de informativos durante muchos años, modulaba algunas de las instrucciones que daba a mis subordinados. Pero, si alguien llega como un tanque, con una posición ya comprada, no hay forma de hacer nada.

– Algunos partidos políticos consideran que este sistema de televisión pública nunca va a mejorar y que incluso debería suprimirse. ¿Qué opina de esa posibilidad?

– Muchos políticos dicen que habría que suprimir las televisiones públicas o venderlas en el caso de las autonómicas. Pero ellos mismos terminan dándose cuenta de que la televisión pública es un instrumento muy útil para difundir sus políticas y desarrollar contenidos de servicio público que una televisión privada no ofrecería. Por eso esas ideas de cerrar o acabar con las televisiones públicas acaban moderándose. Una televisión pública debe aspirar a prestar un servicio público, no a ofrecer un servicio de partido.