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Fotograma de la película Faith (Fe)

Fotograma de la película Faith (Fe)

Cine

La película que ha compartido protagonismo con 'La bola negra' en el Festival de Roma

Faith (Fe) y el filme de los Javis acaparan la atención de la última jornada de proyecciones en la Fiesta del Cine de Roma antes de conocer su palmarés

Es absurdo que una película como Faith (Fe), del británico Paul Andrew Williams, no esté en concurso en esta 21ª Fiesta del Cine de Roma (hasta ahora inédita en casi todo el mundo, pues solo se había proyectado en el Festival de Toronto el pasado septiembre), ya que seguramente tiene todos los méritos para aspirar a los premios mayores, gracias a su perspectiva original, su excelente guion y una actuación superlativa de sus tres protagonistas.

¿Es la palabra fe la que asusta o es la osadía de afrontar la religión desde una perspectiva personal en estos tiempos incrédulos y agnósticos?

La profunda emoción que despierta en el espectador menos prejuicioso y más abierto a ideas y creencias ajenas se debe a esta historia en la que la realidad cotidiana, con sus dramas y tragedias personales, da cabida a lo sobrenatural.

En el pub de un barrio popular de una ciudad indeterminada del Reino Unido, donde se organizan concursos de preguntas para un público no muy instruido, Gina (la excelente Erin Doherty), una madre soltera todavía joven, pero sin ilusiones, conoce a un hombre misterioso, Michael (James McAvoy), que aparenta saber todas las respuestas, se presenta como voluntario de un comedor social y hasta parece poseer dotes premonitorias.

En poco tiempo se hace amigo de la mujer y de su hijo Jamie (un talentoso Smiley Bradwell), próximo a cumplir diez años, pero mantiene las distancias y no acepta intimar con la joven, que se ofrece a él sexualmente.

Atención: spóiler.

Tras el segundo rechazo del hombre, ella lo echa de casa, regaña a su hijo en vísperas de su décimo cumpleaños y se emborracha. Cuando al día siguiente se despierta y encuentra al niño muerto, atragantado con unos dulces que ella le había traído del trabajo, su vida queda destrozada, sin otra salida aparente que el suicidio.

Es aquí donde Williams deja entrar lo sobrenatural en esta historia. El hombre misterioso vuelve a aparecer para consolarla y, sin decir palabra, el director nos muestra su espalda, en la que se ven dos grandes llagas, donde tal vez en algún momento hubo dos alas.

Y lleva su audacia al extremo al permitirse hacer regresar al hijo muerto, que insta a su madre a vivir y a esperar que, lo más tarde posible, vuelva a reunirse con él en ese lugar maravilloso en el que el niño afirma estar viviendo.

Cometo a conciencia el error de revelar el desenlace de esta entrañable película, simplemente porque, para apreciarla verdaderamente, es necesario que el posible futuro espectador se despoje de sus prejuicios y acepte esa suspensión de la incredulidad, esencial en toda obra de ficción.

También merece toda la atención el documental realizado por Giovanni Sinopoli en homenaje a su padre, a los 25 años de su repentina muerte: El hielo en el bolsillo: mi padre Giuseppe Sinopoli.

Cuando el que fuera uno de los tres directores de orquesta italianos más famosos del siglo XX en la escena internacional, junto a Arturo Toscanini y Claudio Abbado, falleció repentinamente en 2001 durante una representación en Berlín de la ópera Aida, de Giuseppe Verdi, sus hijos Giuseppe y Nicola estaban asistiendo en Roma a un concierto de música rock, porque el padre reconocía igual calidad e importancia a todo tipo de música.

Mezclando vídeos familiares con grabaciones televisivas y de conciertos, en los que se aprecia la extraordinaria manera de Sinopoli de revivir la música operística italiana (sobre todo Verdi), la del tardorromanticismo alemán y la música moderna y contemporánea universal, Giuseppe rememora la figura de su padre, un verdadero intelectual europeo que unía a su indudable talento como director de orquesta y compositor la profesión de médico, que nunca ejerció, pero que siempre reivindicó; la pasión por la arqueología (su colección de antigüedades forma parte de un museo dedicado a su memoria), y un profundo conocimiento de la filosofía de todas las épocas.

Y, finalmente, en el último día de proyecciones antes de la entrega de los premios, que se conocerán mañana, dominó la undécima jornada de la Fiesta del Cine la extraordinaria película de los Javis (Javier Calvo y Javier Ambrossi), La bola negra, premiada el pasado mayo con el galardón a la mejor dirección del Festival de Cannes y con el premio del público en los posteriores festivales de San Sebastián, Toronto, Santa Fe y, y que ya ha sido vendida a más de 50 países.

Esta obra potente, de una fuerza narrativa y visual increíbles, que rememora la figura de Federico García Lorca, pero que habla sobre todo de la dificultad de los homosexuales para aceptarse a sí mismos en tres momentos distintos del siglo XX, es también un despiadado retrato de la violencia política y social generada por la Guerra Civil española.

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