Ismael Merlo y Conchita Montenegro, en un fotograma de Rojo y negro
Cine
La película falangista sobre la Guerra Civil que Franco prohibió en los cines y estuvo 50 años desaparecida
Realizada en 1942, después de prohibirse en toda España estuvo desaparecida durante más de 50 años
El cine español mira a la Guerra Civil y sus años previos siempre desde el mismo punto de vista, el del bando republicano, mostrándolo de manera en ocasiones torticera y casi siempre maniquea. Son pocas las películas que muestren familias y jóvenes de Falange «normales» o que cuenten historias narradas desde el punto de vista del bando ganador.
Rojo y negro es una de ellas.
Dirigida por Carlos Arévalo y protagonizada por Conchita Montenegro e Ismael Merlo, la cinta no tardó en convertirse en una de las mayores leyendas del cine español, primero, por ser abiertamente falangista y, segundo, por haber sido secuestrada por el propio régimen de Franco a las pocas semanas de llegar a las salas.
La Comisión de Censura Cinematográfica, adscrita entonces a la Vicesecretaría de Educación Popular de FET y de las JONS, responsable de las competencias cinematográficas del Ministerio de Gobernación, aprobó el guion y autorizó su estreno en el cine Capitol de Madrid el 18 de mayo de 1942. La película, que pretendía afianzar los principios del Movimiento contando una historia de sus héroes y mártires, estaba ambientada en los primeros meses de la Guerra Civil y giraba en torno a la labor secreta de la quinta columna falangista, formada por personas corrientes, valientes y admirables. No en vano, el título del filme, Rojo y negro, hace alusión a los colores de la bandera de Falange Española.
Situada en el Madrid republicano, la cinta seguía la vida de Luisa y Miguel, una pareja de novios, amigos inseparables desde la infancia, pero distanciados por sus convicciones políticas ya que él es un comisario del PC y ella, una militante de Falange. Pero, a pesar del enfrentamiento bélico, ideológico y social, tratarán de protegerse mutuamente.
Tres semanas después de llegar a los cines se solicitó su retirada inmediata
La película era un retrato del lado de los vencedores en la línea de otras importantes producciones de la época como Los últimos de Filipinas, Raza, Sin novedad en el Alcázar o Escuadrilla, pero el tono de esta era diferente porque estaba ambientada en el Madrid de la guerra y no en el frente y porque sus protagonistas eran unos jóvenes novios y no soldados.
Sin embargo, sólo tres semanas después de haber llegado a los cines se ordenó su retirada inmediata de las salas y la incautación del negativo. Y es que la película generó gran malestar e inquietud en diferentes sectores del régimen y según diversos testimonios e investigaciones históricas, el propio Franco quedó muy irritado después de verla en un pase privado desaprobando tajantemente su contenido porque primero, Miguel, el novio comunista de Luisa, aparecía aquí como un hombre íntegro y honesto, atormentado ante la idea de matar sin motivo y decidido a defender sus ideas desde la no violencia mostrando una dimensión humana del enemigo que era inaceptable. Y, segundo, porque la historia transmitía una suerte de reconciliación trágica a través del amor de sus protagonistas y, en algunos contados momentos, situaba los ideales de ambos bandos casi al mismo nivel.
Tampoco ayudó que el tono general del filme fuera profundamente turbio y angustioso, mostrando checas como la de Fomento o la de la Adoratrices, y sugiriendo torturas y violaciones algo que, si bien venía del bando de los republicanos, estaba muy alejado del tono heroico y triunfalista que solían tener las películas de la época.
Aunque nunca se ordenó la destrucción del negativo, durante años se dio por perdida
El 14 de junio de 1942, el Ministerio de Gobernación y la Vicesecretaría de Educación Popular ejecutaron la orden fulminante de retirar todas las copias de los cines y confiscar el negativo original que se hallaba en los laboratorios de la productora CEPICSA, prohibiendo de manera tajante cualquier proyección comercial o privada de la cinta en toda España.
Esta decisión afectó profundamente a la carrera de su director, Carlos Arévalo, que cayó en desgracia después de aquello. Aunque venía de hacer la reputada ¡Harka! y aún estrenaría las dos películas que acababa de terminar –Arribada forzosa y Su última noche–, fue prácticamente repudiado y apartado del cine durante más de una década.
También fue extraño el futuro de la cinta ya que, sencillamente, desapareció. Aunque nunca se ordenó la destrucción del negativo, durante años se dio por perdida y no fue hasta 1996 que la Filmoteca Española no la encontró por casualidad cogiendo polvo en una lata dentro de un altillo con otro material incautado. Tras ello se anunció el hallazgo y se restauró concienzudamente para recuperar la copia en soporte de nitrato, devolverle la calidad de luz y su sonido original.
Gracias a ello Rojo y Negro fue redescubierta y reparada por los historiadores y los académicos como una joya insólita y técnicamente audaz del cine español. Una de las películas más singulares e incomprendidas de su tiempo.