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El retrato de Carmen Laforet en la pared de figuras ilustres del Ateneo de Madrid

El retrato de Carmen Laforet en la pared de figuras ilustres del Ateneo de MadridMaría Serrano

El Ateneo cuelga un retrato de Carmen Laforet, la segunda mujer entre 187 hombres ilustres

En el centenario de su nacimiento, la institución cultural decide «dar a la escritora, que fue ateneísta, el lugar que se merece» en un acto que ha contado con escritoras como Juana Salabert o Marta Sanz

Dice Agustín Cerezales Laforet que cuando su padre oyó hablar de su madre, la escritora Carmen Laforet, se la conocía como «la chica canaria del Ateneo». Por entonces, en los años 40, era muy poco frecuente ver a una mujer en cualquier círculo cultural, ni mucho menos en el Ateneo de Madrid, ese club privado que frecuentaron figuras clave de la cultura y la sociedad españolas como Antonio Cánovas del Castillo, Miguel de Unamuno, Fernando de los Río o Manuel Azaña. En su galería de ilustres no había, sin embargo, presencia femenina. 

El mismo año que murió Emilia Pardo Bazán entró su retrato a formar parte de la «pared de la fama», ese salón del que cuelgan los retratos de los ilustres ateneístas. En ese mismo año, 1921, nacía Carmen Laforet en Barcelona, aunque al poco tiempo se trasladó a vivir a Gran Canaria. Y con sólo 21 años de edad pedía su ingreso en el Ateneo, algo insólito: «Muchos hombres de entonces no veían con buenos ojos que mi madre frecuentara el Ateneo, era chocante. Otros sí, pero por otros motivos», bromea su hijo.

Solicitud de ingreso en el Ateneo de Carmen Laforet en 1942, cuando la escritora tenía 21 años

Solicitud de ingreso en el Ateneo de Carmen Laforet en 1942, cuando la escritora tenía 21 añosAteneo de Madrid

Sin embargo, ha tenido que transcurrir un siglo para que otro retrato de mujer se incorpore a las paredes de este histórico centro de reunión cultural y científica. Este 19 de noviembre, Carmen Laforet ha recibido el homenaje –en el que participan Acción Cultural Española y Mahou– con una pintura creada por Francesco Pistolesi, la presencia del hijo de la escritora y de una invitada especial, la ministra de Justicia, Pilar Llop: «La inclusión de su retrato en la galería de esta institución es un acto de justicia que va más allá de la literatura», ha expresado la política socialista.

«Hasta hoy solo había otra mujer, que además está en un rinconcito, en otra metáfora de las injusticias de la historia», ha recalcado Luis Arroyo, presidente del Ateneo de Madrid, quien ha destacado «la figura de Carmen Laforet como representante de la importancia de la mujer para la vida cultural y artística». Arroyo se ha comprometido a incluir otras figuras en la galería, como «Clara Campoamor, Victoria Kent, María Zambrano, Carmen de Burgos y Rosa Chacel», según vayan adquiriendo «los fondos para hacerlo».

Laforet, inspiración para las escritoras

La primera «Caña en el Ateneo de Mahou» (un ciclo de conferencias impulsadas por Mahou para revitalizar el Ateneo como espacio de encuentros entre personas) ha tenido lugar tras el descubrimiento del retrato, y ha consistido precisamente en un homenaje a Carmen Laforet. Para charlar sobre la figura de la escritora, esta primera entrega ha contado con Rosa Montero, Soledad Puértolas, Juana Salabert y Marta Sanz, quienes han conversado sobre sus respectivas trayectorias, el papel de la escritora en la sociedad actual y su vínculo con la autora.

Marta Sanz, Juana Salabert, la presentadora del acto, Rosa Montero y Soledad Puértolas en el homenaje a Carmen Laforet del Ateneo de Madrid

Marta Sanz, Juana Salabert, la presentadora del acto, Rosa Montero y Soledad Puértolas en el homenaje a Carmen Laforet del Ateneo de MadridFernando Vázquez Morago

Carmen Laforet fue un espejo para las mujeres de su generación, y las cuatro escritoras han querido profundizar en su relación con ella. «Fue mi alma gemela. Yo no conseguía encontrarme en muchas heroínas, pero cuando leí Nada, supe que tenía que ver conmigo, que hablaba de mí; entendía desde dónde escribía y lo que quería contar», ha comenzado Soledad Puértolas, escritora y académica de la Real Academia Española, quien encontró en Laforet alguien en quien reconocerse, «con una mirada completamente nueva y una voz propia».

Para Rosa Montero fue un descubrimiento tardío, ya que la ganadora del Premio Nacional de las Letras Españolas asegura que en su casa no había libros y en el instituto público en el que estudió nunca se la dieron a conocer: «Cuando me empecé a interesar por la literatura me di cuenta de lo que yo llamo 'la gran ausencia', ese agujero negro en el que no existían nombres de mujer, como Ana María Matute o la propia Laforet. Desaparecieron de la vida pública». La autora de La función Delta asegura que leer a Laforet la hizo reconciliarse con la literatura española, porque ella, «como toda esta generación», había descubierto la lengua por el boom latinoamericano. «Un boom que, por cierto, también dejaba fuera a las mujeres».

«En este país siempre se ha silenciado a las mujeres», ha querido añadir Juana Salabert, para quien el descubrimiento de Laforet se dio también en la madurez, «a la vez que leía a Truman Capote». La escritora y traductora opina que ambos autores, que la «deslumbraron completamente», tienen la capacidad de «contar un mundo a la vez que cuentan el mundo»: «Laforet cuenta con una prosa maravillosa, plástica, tersa, brutal. Su hijo Agustín dice que sus artículos periodísticos son poemas en prosa, y coincido: cada uno es un relato, es germen y semilla de un mundo. La novela Nada acrecentó mi vocación de escribir así». Salabert también destaca la importancia de la novela, que fue la primera en ganar el Premio Nadal, en 1942, como «un clásico absolutamente joven, sin una sola arruga, con una prosa tan tersa como el primer día», además de «una mano tendida a todos los enamorados del verbo y de la fuerza del ser nombrado».

Por su parte, Marta Sanz sí recuerda haber leído Nada en el instituto. «Lo leí mal, porque formaba parte de un examen y cuando lees por obligación no lees bien, y porque lo leí con un prejuicio romántico, fijándome en lo que tenía de libresco, de sentimental, de oscuro», ha confesado antes de revelar que volvió a ella más tarde para descubrir que «Carmen Laforet es un referente fundamental para el oficio de escribir»

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