04 de julio de 2022

Paco Ureña durante la faena al quinto de la tarde, al que cortaría una oreja

Paco Ureña durante la faena al quinto de la tarde, al que cortaría una orejaEFE

Feria de San Isidro

La lluvia despierta un fervor descontrolado con Paco Ureña en Madrid

La encerrona del murciano no cumplió con las expectativas y solo una oreja evitó el rotundo fracaso

El fuerte aguacero que empezó a caer durante la muerte del quinto toro de los seis a los que se enfrentó hoy Paco Ureña en Madrid despertó entre la gente un fervor descontrolado y hasta incomprensible que acabó con el torero cortando una oreja y medio salvando así una tarde decepcionante.
Los bueyes de Florito hacían acto de presencia en ese quinto turno del torero de Lorca para llevarse al flojo «juampedro»; y la tormenta que ya venía amenazando desde varios toros atrás comenzó a descargar agua para llenar un embalse. Y no se sabe bien porqué, ese «efecto lluvia» enloqueció a los que aguardaron en la piedra, totalmente entregados de manera incomprensible a una faena nada más que estimable.
Hubo algunas series enfibradas por el derecho, sí, ante un buen sobrero de Mayalde, con el torero roto y aprovechando esa inercia festivalera, pero, para ser justos, tampoco fueron nada del otro mundo como para justificar ese fervor descontrolado que acabó con una lluvia de almohadillas en el ruedo, una celebración desbordada tras la estocada y una orejita con claros tintes triunfalistas.
Paco Ureña con la oreja que salvó su encerrona

Paco Ureña con la oreja que salvó su encerronaEFE

Y con la gente volcada ya con la causa -hay que amortizar la entrada como sea- siguieron más o menos igual durante la lidia del manso y rajado toro de Victoriano del Río que cerró la función, el único «corta rollos» que se encargó de que Ureña no acabara en la Puerta Grande, pues con poco que hubiera colaborado y a poco que le hubiera hecho algo el torero... así habría acabado la cosa seguro.
No hubo mucho más en la tarde, la cual se encargó de abrir un toro sin clase alguna de La Ventana del Puerto, muy descompuesto y desordenado, de querer y no poder, quizás por andar demasiado atrancado de atrás. Ureña trató de afianzarlo haciéndole las cosas con suavidad, pero ni así pudo ser.
Serio y con dos «velas» de miedo, el segundo, de Domingo Hernández, un toro a punto de cumplir los seis años al que Ureña inició faena con unos estatuarios sin enmendarse en la misma boca de riego y una primera serie al natural colosal por la pureza y la hondura que hubo en cada muletazo.
Lástima que el toro empezara a aburrirse ya a partir de ese momento, lo que hizo que la faena fuera perdiendo enteros hasta que le dio por probar el otro pitón, por donde extrajo dos tandas más muy compactas que volvieron a poner al público a favor una obra, que, aunque trufada con esos pasajes, le faltó rotundidad, mayor redondez.

Un «prenda» de Adolfo Martín

El «regalo» llegó con el tercero, una auténtica «prenda» de Adolfo Martín, muy reservón ya de salida, «metiéndose» por los dos pitones y midiendo más que un sastre. Los de plata pasaron las de Caín con los palos, donde sufrieron parones y oleadas a partes iguales. Ureña también sudó tinta a lo largo de un trasteo en el que se dio más coba de la que mereció el avieso cárdeno, al que mató rematadamente mal.
Y entre la amenaza de tormenta que ya empezó a teñir de gris el cielo de Madrid y la mansedumbre del de José Vázquez la cosa no pintaba nada bien. Pero tampoco ayudó en esta ocasión el espesor de ideas del torero, que, aunque tenaz, no acertó tampoco a aprovechar las opciones que le acabó brindando el manso en el último tercio, donde todo transcurrió demasiado pano e inconexo.

Ficha del festejo

Decimocuarto festejo de la feria de San Isidro, con la plaza prácticamente llena.

Toros, por este orden, de La Ventana del Puerto, muy desordenado; Domingo Hernández, mansito y con clase; Adolfo Martín, orientado y con peligro; José Vázquez, mansito pero dejándose en el último tercio; un sobrero de Conde de Mayalde que sustituyó al titular de Juan Pedro Domecq, muy manejable; y Victoriano del Río, manso y rajado.

Paco Ureña (coral y oro) actuó como único espada: media y dos descabellos (silencio); media ligeramente desprendida (ovación); pinchazo, estocada tendida y atravesada que escupe y diez descabellos (silencio); tres pinchazos y estocada (silencio); estocada (oreja); pinchazo y estocada baja (silencio).
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