16 de agosto de 2022

Gabriel Albiac durante su entrevista en El Debate

Gabriel Albiac durante su entrevista en El DebateJorge Ruiz

Gabriel Albiac, nuevo columnista de El Debate: «Vivimos uno de los momentos de miseria intelectual más profundos»

El filósofo, escritor y uno de los mejores columnistas españoles se incorpora el próximo lunes a la sección de Opinión del periódico

Gabriel Albiac se incorpora como nuevo columnista a El Debate. Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense, catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense y profesor emérito, columnista, Premio Nacional de Literatura en Ensayo, Premio Samuel Toledano, Premio Samuel Hadás, Premio González Ruano de periodismo, Premio Mariano de Cavia de periodismo y autor de una treintena de libros, sube a bordo de la nave como mascarón de proa.
Nacido en el 50, justo la mitad del siglo XX. Perteneció a la extrema izquierda. Luego militó en el PCE. Luego lo dejó. Doctor en filosofía, catedrático, profesor, novelista y columnista multipremiado… ¿En cuántas Españas o mundos ha vivido Gabriel Albiac?
–Hay un poema de Borges que con seguridad recuerdas: «Yo que tantos he sido…». Lo que todo hombre debe entender es que no es uno. A lo largo de nuestras vidas son muchas las vidas que se entrecruzan. En mis años de docencia como catedrático en la Complutense, yo solía hacerles una broma de la cual imagino que estarían hartos mis alumnos de Filosofía. Miren, ustedes piensan que tienen una identidad. No se equivocan, la tienen. Es un código alfanumérico en función del cual no se librarán de hacienda en su vida. Aparte de ese código alfanumérico, todo hombre que no quiera convertirse en un necio, en una caricatura de sí mismo y al final en alguien peligroso, debe entender que él es muchos y que tiene que atravesar todos esos muchos con el tiempo y saber verlos con cariño cuando esos muchos hayan desaparecido. Pero también saber en todo momento que esos muchos acertaron y se equivocaron.

Lo más peligroso de las gentes de nuestra edad, es que en algún momento creímos que podíamos censurar el mundo por la mitad

–Althusser, su profesor, decía que el mundo se divide entre los filósofos y los no filósofos. A Luis Eduardo Aute le oí decir una vez que el mundo se divide entre taurinos y no taurinos. ¿Entre quienes se divide el mundo para Gabriel Albiac?
–En multitudes de multitudes. Quizá lo más peligroso de las gentes de nuestra edad es que en algún momento creímos que podíamos censurar el mundo por la mitad, en dos bloques perfectamente diferenciables. Con el paso del tiempo lo que vas aprendiendo es que no es sólo eso, es una estupidez infantil que forma parte de la formación de uno, sino que encierra riesgos muy graves, porque al final, lo que es una tontada para adultos –reconocerte con los tuyos– acaba convirtiéndose en un elemento de conflicto. Lo que Althusser quería decir era de algún modo lo contrario a dividir el mundo entre filósofos y no filósofos. Era colocar a alguien, el filósofo que se distingue no por la afirmación, sino por la interrogación, no por la identificación, sino por la voladura de la identificación al ser. Tú haces filosofía. Eres filósofo. ¿Y qué demonios es eso de ser? Es una cosa muy rara.
Gabriel Albiac en El Debate

Gabriel Albiac en El DebateJorge Ruiz

–¿Y en esa manera o en esa distinción que hacía al ser, no estaba reconociendo su mundo, su propio mundo y el mundo que le era ajeno?
–Sí, y hay que entender que eso formaba parte de una cultura muy específica, pero muy, muy específica. Althusser es una figura paradigmática de la escuela normal superior, donde se busca la construcción de lo que se llama desde Condorcet una aristocracia republicana; es decir, una aristocracia de la inteligencia que desplace a la aristocracia de la sangre. Al sur de Francia, durante dos siglos, de todo su alto funcionariado no ha habido prácticamente esta aristocracia. Yo creo que hasta Sarkozy no había habido ni un solo presidente que no hubiera pasado por la escuela, pero por cualquiera de las tres grandes escuelas del mundo, y ha producido lo que fue el esplendor del París al que llegué yo, el París de inicio de los 70, que era la mayor concentración de inteligencia por metro cuadrado que yo recuerdo haber visto nunca en el mundo académico. Eso duró poco, porque en un plazo de apenas media docena de años fueron muriendo, quedando fuera de juego. Pero era deslumbrante.

El verdadero problema es que la lectura haya dejado de ser un placer

–¿Puede ser ese ejemplo de París, esa caída, un ejemplo extensible al resto del mundo?
–El verdadero problema es que la lectura haya dejado de ser un placer. Una vez que la lectura ha dejado de ser un placer, hemos descendido un escalón en la graduación de lo humano.
–¿Hay en esa decadencia un signo de opulencia intelectual?
–En estos momentos vivimos más bien uno de los momentos de precariedad intelectual y de miseria intelectual más profundos. Todo el mundo lo sabe todo antes de haber estudiado nada. Tú no necesitas leer un libro porque Google lo lee por ti y le dices que te diga de qué va eso y te lo dice. Tú no necesitas meterte en el enigma, porque todo el libro es un enigma, porque antes de entrar en ese enigma ya puedes saber de qué va el enigma y cómo va a resolverse. Si no sabías ya antes, estás perdido. Nunca podrás enfrentarte a algo como algo nuevo. La experiencia que tiene que ver lo intelectual es el momento en el que ves algo por primera vez. Yo temo que la miseria intelectual del mundo actual viene de eso: no hay tiempo para ver lentamente.

El mundo sólo lo conoces a través del filtro de los libros

–Al final, todo redunda en el leer. Siempre es el leer…
–No hay más que leer. Es que el mundo sólo lo conoces a través del filtro de los libros. A mis alumnos les he insistido mucho en esto. Si ustedes no poseen los elementos para poder hacer de esa imagen una interpretación coherente, y eso es lo que le van a dar los libros, ustedes no verán nunca nada. Y cuando ustedes estén viajando por lugares maravillosos, ustedes serán unos bobos turistas que no se enterarán de nada.
–¿Puede ser eso lo que le haya pasado a sus antiguos alumnos de Podemos, que no hayan leído, por ejemplo, a Spinoza?
–Hace mucho tiempo que no sé nada de ellos. Yo sé que en su tiempo traté de que leyesen a Althusser. Tengo la impresión de que algunos de ellos lo leyeron y no entendieron absolutamente nada. Creo que en un porcentaje muy alto no lo han hecho, y en otro porcentaje alguno ha sacado una interpretación extraña. Ahora bien, lo del progreso histórico y lo del asalto a los cielos nos daba risa a los chavales de 19 años a finales de los 60. Me produce estupor que hombres adultos, ya en los años 20 del siglo XXI, sigan diciendo esas cosas. Es inaudito.

Sintaxis es la formación de las tropas para entrar en combate. El respeto a la sintaxis por parte del que escribe es el respeto hacia un arma

–He leído que dedica seis horas a escribir su columna…
–Es un respeto básico hacia el lector, hacia la empresa que te la paga. Pero quizá sea arrogancia decirlo. Es un respeto básico hacia ti mismo. Es decir, yo durante toda mi vida solamente he querido hacer una cosa: escribir. Y escribir exige el mismo rigor si lo estás haciendo para un artículo de 3.000 caracteres que si lo estás haciendo para una obra de 500 páginas, no puedes permitirte el trivializar lo que estás haciendo. La sintaxis no es simplemente un dato lingüístico: la palabra griega es una palabra de origen militar. 'Sintaxis' es la formación de las tropas para entrar en combate. El respeto a la sintaxis por parte del que escribe es el respeto hacia un arma, que es un arma mortífera y que, mal utilizada, solamente puede destruir las almas de quienes tienen, pero también la tuya propia.
Gabriel Albiac durante su entrevista en El Debate

Gabriel Albiac durante su entrevista en El DebateJorge Ruiz

–¿Existe un primer libro de juventud o de niñez que le empujara a escribir?
La Reina de las Nieves, de Andersen. Me he pasado toda mi vida tratando de reescribir La Reina de las Nieves. Lo he confesado mil veces. La gente piensa que Andersen es un autor para niños, y naturalmente que tiene cuentos para niños. Pero buena parte de los cuentos de Andersen, incluidos los cuentos para niños, son de una complejidad y de una negrura que sólo vas entendiendo con los años. Yo leí por primera vez La Reina de las Nieves o La hija del rey de los pantanos, que es otro texto aterrador, cuando naturalmente la memoria te puede fallar. Pero en torno a los 7 años me fascinó. Sigo teniendo aquella vieja primera edición en mi casa. He ido releyendo Andersen en mejores ediciones, más cuidadas, pero la fascinación es siempre exactamente la misma. Esa idea que yo creo que acompaña a cualquier edad, a cualquier escritor, que aparece en La Reina de las Nieves, del niño pequeño al que esta reina arrastra a su palacio de hielo y que está allí pasando su vida, es maravilloso.

Yo siempre opiné, y creo que en algún momento lo escribí, que el único que podía acabar con Podemos era Podemos

–¿Tiene o ha tenido alguna relación con los miembros de Podemos que fueron sus alumnos?
–De los primeros que organizaron esa movida algunos fueron alumnos míos. Yo siempre opiné, y creo que en algún momento lo escribí, que el único que podía acabar con Podemos era Podemos. Y no lo decía al azar. Conociéndolo, sabía perfectamente que se acuchillarían entre ellos los que fueron alumnos míos antes de que eso se llamase Podemos. Creo que en estos momentos deben estar ya completamente marginados. Lo que me da pena es que había gente inteligente y que perdió su inteligencia y no importa. Cada uno tiene el pleno derecho de hacer con su inteligencia lo que quiera.
– ¿Fue para usted aquello una «movida»?
–Es que fue inicialmente eso. Eran los hermanos pequeños de la verdadera «movida». Trataban de llegar por una vez a tiempo. Ellos, que habían llegado tarde a la clandestinidad del franquismo; ellos, que habían llegado tarde a la Movida de los 80 y no se daban cuenta de que haber llegado tarde es estupendo; que se habían dado cuenta de que lo de tener que ser clandestino, por ejemplo, no tiene ni puñetera gracia. Pero bueno, visto desde lejos, supongo que puedes añorarlo, añorar lo que no has vivido. Eso es fastidioso.

¡Ha sido Aznar, ha sido Aznar! Mire usted, usted puede emborracharse cualquier otro día del año. Usted puede gritar… Pero después de una matanza así no se grita

–Una cosa romántica…
–En el peor sentido de la palabra. Una vez más, hablando de mis clases, yo he tenido que estudiar mucho el Romanticismo clásico. Un movimiento fastuoso, pero que hay que leer con un cuidado de bisturí y con pinzas. Dejarte llevar por los arrebatos, por los arrebatos románticos y, por ejemplo, convencerte con Hegel de que la razón va a imponerse en la historia, de que la historia avanza hacia un absoluto racional... Todos sabemos las consecuencias que tuvo.
–Referirle lo de «Movida» le ha provocado una sonrisa, como si aquello hubiese sido una broma…
–Era una broma. Desde muy pronto se podía percibir. Pero era una broma negra. El jefe era simpático, no había problemas. Yo recuerdo que en aquellos días yo estaba en Ámsterdam con un grupo de mis antiguos alumnos celebrando mi jubilación. Nos lo pasamos la mar de bien, nos pasamos un fin de semana encantador y alguno de estos amigos estaba aquí en Madrid y nos mandaba fotos de la Puerta del Sol y claro, nos daba un poco la risa. Pero hay un momento que a mí me resultó muy negro, que fue cuando esos mismos chavales más jóvenes, de pronto, ante el atentado más espantoso que ha sufrido este país en el tiempo que yo tengo de vida, el atentado de Atocha, se lanzan a culpabilizar no a los autores del atentado, sino al Gobierno de la nación que lo había sufrido. No sabía, no tenía ninguna simpatía hacia ese Gobierno, ni había votado a ese Gobierno, ni había votado a ninguno. Porque yo no tengo la costumbre de votar. No olvidaré jamás esa noche, esa madrugada, más bien cuando en la esquina de abajo de mi casa, donde había un bar, había una banda de jóvenes borrachos gritando como locos. ¡Ha sido Aznar, ha sido Aznar! Mire usted, usted puede emborracharse cualquier otro día del año. Usted puede gritar… Pero después de una matanza así no se grita. Había algo de inelegancia profunda en aquello que me desagradó.

Lo obligatorio para un ciudadano libre no es votar, es pagar los impuestos

–¿Cuáles son las últimas elecciones en las que ha votado?
–Al día siguiente de esa gran juerga. Por simple dejar constancia de mi desacuerdo con lo que se estaba haciendo y por mi simple dejar constancia de que, en mi opinión, lo que se había producido era un acto de guerra y que frente a un acto de guerra no cabe la posibilidad de actuar contra ti mismo.
–¿Y votará en las siguientes?
–Me es imposible prever eso. En materia de política, este país va a velocidades tan vertiginosas y siguiendo trayectorias tan raras que me parece que sería arbitrario por mi parte, y por la de cualquiera, decir cómo se va a colocar ante las urnas. Sí hay algo que quiero y creo que debo decir a los que dicen «si no votas, no tienes derecho a hablar»: no, perdona, si no pagas tus impuestos, no tienes derecho a hablar. Lo obligatorio para un ciudadano libre no es votar, es pagar los impuestos.
Gabriel Albiac en El Debate

Gabriel Albiac en El DebateJorge Ruiz

–Y si mañana fueran las elecciones, ¿qué haría?
–Salir corriendo.
–Hablando de votos y elecciones, ¿refleja el resultado de los últimos comicios en Francia la decadencia de la que hablábamos hace unos minutos?
–El caso de Francia refleja el agotamiento de un modelo constitucional. El sistema de doble vuelta funciona muy bien todavía para las presidenciales, pero introduce ramificaciones imposibles, literalmente imposibles, en las parlamentarias. Lo que se ha producido ahora ha sido precisamente la constatación de eso, de que el sistema electoral francés sigue funcionando de un modo estable en las elecciones presidenciales, pero que no daña la realidad social francesa en las parlamentarias. Macron, que es un político competente, ha desaprovechado los cinco años de su primer mandato no procediendo a una reforma constitucional a fondo. Ganó las presidenciales porque lo que tenía enfrente era sencillamente insufrible, que era Marine Le Pen. Pero cuando tú pasas a las parlamentarias ya no juega esa dualidad. Marine Le Pen ha multiplicado por diez el número de sus diputados. Y verdaderamente eso, en el horizonte europeo, plantea problemas graves.

Ver debatir a Macron en cuestiones de economía es un espectáculo. Y, por otro lado, tiene una cultura literaria y general fuera de lo normal

–Ha hablado de Macron como un político competente...
–Macron es un fruto típico de las grandes escuelas. Es exactamente arquetípico. Es ese tipo de político que por un lado tiene una formación técnica extraordinaria. Verle debatir en cuestiones de economía es un espectáculo. Y, por otro lado, tiene una cultura literaria y cultura general absolutamente fuera de lo normal.
–Llama la atención la buena relación que parece tener con nuestro presidente, Pedro Sánchez. ¿Será por la competencia?
–Vamos a ver. Yo recuerdo cuando salió elegido Sánchez, la primera vez que yo tenía un congreso en Francia. Recuerdo perfectamente el comentario de aquellos de mis colegas con los que hablé, gente académicamente muy importante, antiguos izquierdistas. Y le veo que… Es un tío guapo. La política española en estos momentos juega un papel muy subsidiario. La situación económica española está en el límite de entrar en la catástrofe y, por lo tanto, puede jugar con él desde una perspectiva de superioridad que es estupenda: estar en casa de un tío guapo que además no te va a plantear problemas. Es estupendo.

Yo debí ser el último profesor que hasta el último día de sus clases utilizó siempre el usted, inflexiblemente

–Me llamaron la atención unas imágenes de Macron en la que reconviene a unos niños en la calle….
–A unos chavales. Creo que te refieres a esa escena en la que un chaval se dirige a Macron interpelándole como si fuera un colega. Mire, está usted hablando con el Presidente de la República, no con Emmanuel Macron. Haga el favor de utilizar el usted, que es algo, por lo demás, que Sarkozy reintrodujo en la enseñanza en Francia. Y verle debatir en cuestiones de economía... absolutamente fuera de lo normal. Y, por otro lado, tiene una cultura literaria y cultura general absolutamente fuera de lo normal. Yo debí ser el último profesor que hasta el último día de sus clases utilizó siempre el usted inflexiblemente. ¿Por qué? Porque lo contrario me parece una falta de respeto hacia mis alumnos. Me parecía pretender crearles la falsa impresión de que aquí somos todos iguales. No somos todos iguales.
Gabriel Albiac durante su entrevista en El Debate

Gabriel Albiac durante su entrevista en El DebateJorge Ruiz

–Esos detalles parecen impensables en un político como Pedro Sánchez…
–Desgraciadamente, es que son impensables en España. ¿Tú te das cuenta de que el trato de cortesía en España prácticamente ha desaparecido? Cuando le hablas de usted a alguien, que es lo que yo hago siempre con alguien a quien no conozco, porque me parece un principio de educación elemental, se sorprende. Desgraciadamente, hay formas de relación social que se han deteriorado espantosamente en el terreno literario. A mí siempre me ha hecho muchísima gracia. Yo, como sabes, soy un vicioso de la literatura francesa y en especial de la poesía francesa. En toda la poesía francesa del siglo XX, en toda la poesía amatoria, se utiliza el vous, el usted como forma de interpelación. Es rarísimo que tú veas un poema francés del XX en el que alguien interpela a su amante hablándole de tú.

El comportamiento estrictamente infantil del Gobierno español es la peor catástrofe que puede caer sobre una sociedad adulta

–Si tuviera que elegir una sola cosa de entre las peores de este Gobierno, ¿cuál sería?
–El infantilismo. No hay nada peor en un adulto que el infantilismo. Sacralizar la infancia ha sido uno de los mayores crímenes que ha cometido la cultura europea en la segunda mitad del siglo XX. Y el comportamiento estrictamente infantil del Gobierno español es la peor catástrofe que puede caer sobre una sociedad adulta.
–¿El lenguaje inclusivo es infantilismo?
–Eso ya es ignorancia. Vamos a llamar a las cosas por su nombre. Es ignorancia completa, absoluta. Hay que distinguir entre sexo y genitalidad, cosa que sabíamos desde Freud. Pero la distinción entre sexo y género es una perfecta necedad. El género no atañe a los individuos. El género es una categoría que designa la peculiaridad de las palabras. Sofá tiene género femenino, no sexo. ¿Qué sentido tiene hablar del género de las personas? No es nunca un acto inocente. Cuando tú introduces una palabra que no significa nada o una palabra fuera de contexto, naturalmente lo que estás haciendo es horadar un canal de paso en el lenguaje a través del cual puedas defender lo que se te antoje.

San Agustín dice de un modo inmejorable, impecable, que hay algo que ni siquiera Dios puede hacer, que es hacer que lo que fue no haya sido

–¿Esta especie de batiburrillo tiene su paralelismo en el revisionismo histórico? Otra pata de la mesa…
–Es de las primeras cosas que aprendí con Althusser. Hay un pasaje de Althusser que Spinoza repite dos veces en su obra, uno en la ética y otra en el tratado político: «No enredar en un lugar en el que detestar y ser inteligente». Lo propio de un hombre es no entusiasmarse, no alegrarse, ni entristecerse, ni reírse de las acciones humanas, sino entenderlas. Eso en el plano de la historia es sagrado. San Agustín dice de un modo inmejorable, impecable, que hay algo que ni siquiera Dios puede hacer, que es hacer que lo que fue no haya sido. Pretender hacer eso al capricho de valores que proyectas es lo más estúpido y al mismo tiempo lo más nefasto que puedes hacer.
–Antes le he preguntado por una sola cosa, la peor que usted considera, de este Gobierno. Para terminar positivamente, ¿cuál es la mejor?
–(Silencio y mirada fija). De este Gobierno me has pillado. No encuentro una buena respuesta. Yo no he visto una cosa así nunca.
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