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Cubierta de 'La última hora'

Cubierta de 'La última hora'Random House

'La penúltima hora': el canto a la resistencia de un escritor que siempre regresa

En estos cinco relatos Salman Rushdie funde realidad y mito, y nos ofrece una reflexión madura sobre la memoria, el engaño y la identidad

A veces la literatura va mucho más allá de la literatura. Ahí lo atestiguan esas obras que, por casualidad o por destino, abandonan las estanterías y entran en la historia. Hablo de esos títulos convertidos en leyenda no solamente por las virtudes literarias que encierran sus páginas, sino también por circunstancias extraliterarias. Libros prohibidos (el Ulises de James Joyce, retirado de las librerías por pecaminoso, según las convenciones morales de la época); libros asociados a crímenes (El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger, que Mark David Chapman llevaba encima cuando asesinó a John Lennon); que cambiaron gobiernos o leyes (La cabaña del tío Tom, de Harriet Beecher Stowe, que aceleró el movimiento abolicionista); que alimentaron el fanatismo (el Mein Kampf, de Adolf Hitler, gasolina directa en el motor de lo que acabaría siendo el nazismo); o que se convirtieron en mitos urbanos (El Necronomicón, de H. P. Lovecraft, obra inexistente fuera de la ficción de este escritor norteamericano, lo cual no ha sido óbice para inspirar a determinadas sectas)...

Cubierta de 'La última hora'

traducción de Luis Murillo Fort. Random House (2026). 272 páginas

La penúltima hora

Salman Rushdie

El listado es tan inmenso que, a partir de estos y otros ejemplos, podríamos redactar un extenso artículo. Yo añadiría otro título: Los versos satánicos (1988), considerada una novela blasfema por ciertos sectores del islam. En ese clima enrarecido, cinco meses después de su publicación el ayatolá Jomeini emitió una fatua de condena a muerte a su autor, el angloindio Salman Rushdie. Si por una parte Los versos satánicos se convirtió en símbolo mundial de la libertad de expresión, por otra obligó a Rushdie a vivir de incógnito, protegido por la policía británica, emboscado en nombres falsos y cambiando constantemente de domicilio.

Recuerdo haber leído la novela hace unos veinte años, y recuerdo también haber preguntado por ella a mis amigos escritores y lectores. No hubo suerte: todos conocían la intrahistoria de la novela (la fatua, Jomeini, la persecución, el asesinato de su traductor japonés…), pero, ay, no habían leído el libro. Estamos, pues, ante un escritor, un gran escritor, a quien se cita con mucha frecuencia por las circunstancias extraliterarias de las que hablaba antes, pero a quien no se lee lo suficiente. O al menos esa es mi impresión.

Yo mismo –para qué mentir– no había vuelto a leer a Rushdie desde que tomara en préstamo su famosa y magnífica novela de la biblioteca municipal de Cáceres… Por fortuna, he subsanado en parte esa deuda con La penúltima hora, una colección de cinco relatos de reciente publicación (enero de 2026) que nos llega de la mano de Random House, con traducción de Luis Murillo Fort.

Cinco historias cortas –o no tan cortas, estructuradas en capítulos– de gran calidad que no defraudarán a los fieles de este escritor y que, por otra parte, pueden atraer la atención de quienes aún no hemos profundizado lo suficiente en su obra.

Tras la publicación de Cuchillo (2025), donde Rushdie reflexionaba sobre el intento de asesinato que sufrió el 12 de agosto de 2022, La penúltima hora tiene el honor de ser su primer libro de ficción desde tan fatídico momento.

Las tramas de estos cinco cuentos, con Bombay como telón de fondo, son variadas. «En el sur» narra la extraña relación entre dos amigos en perpetua fricción; en «La intérprete de Kashani» conocemos la historia de un matrimonio que se divorcia mientras su hija comienza a despuntar como pianista; en «Finado» se nos entrega la historia del miembro honorario S.M. Arthur, quien, tras morir, en su nuevo estado fantasmal, planea una venganza; en «Oklahoma», el relato de estructura más compleja, un joven escritor se ve atrapado en una red de engaños mientras intenta desentrañar qué fue de un escritor, al que llama «tío K.», desaparecido en extrañas circunstancias en la playa; «El viejo de la Piazza» es una historia metafórica sobre el poder de la palabra y la libertad de expresión, con un viejo y la lengua como protagonistas principales.

No encontrará el lector en estos relatos simples narraciones articuladas con el clásico trinomio presentación, nudo y desenlace que se limitan a contar unos sucesos. No, Rushdie ensancha los límites del relato convencional en su objetivo de abordar grandes temas como la vejez, la memoria, la identidad, la despedida, la libertad o la desaparición… Aunque su escritura no es compleja, estas narraciones se antojan densas, intelectuales, analíticas, con cierta tendencia a fundir la realidad con elementos inasibles del más allá.

Se ha dicho de este libro que está permeado de cierta aureola crepuscular, como si fuera una suerte de despedida del autor (no de la vida, pero sí de la creación literaria). No percibo esa circunstancia. Pese al título, no veo La penúltima hora como un simulacro de despedida, sino más bien una llegada en toda regla. La enésima llegada de un autor que, aun estando siempre en fuga –o quizá precisamente por ello–, sigue en forma, en alerta máxima, tras sufrir en sus carnes el lado más amargo de la condición humana. Un autor que sigue dispuesto a contar y a contarse.

Por justicia, tal vez vaya siendo hora de hablar menos de la vida agitada y valiente de Salman Rushdie a favor de la palabra y adentrarnos más en su obra literaria. Yo mismo tomo nota de ello.

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