29 de noviembre de 2022

Libros prohibidos

Libros prohibidosPaula Andrade

Prestigiosas universidades británicas han empezado a retirar libros «desafiantes» de autores clásicos para «proteger» a los alumnos

La cultura de la cancelación se ha introducido en el seno de algunas de las instituciones educativas más importantes del Reino Unido, donde los propios profesores son los encargados de señalar libros «preocupantes» de Shakespeare, Dickens o Austen

Algunas universidades del grupo Russell (y otras fuera de él hasta un total de diez), que comprende la mayor parte de las grandes instituciones educativas del Reino Unido, como Oxford y Cambridge, el King’s College de Londres o la London School of Economics, entre muchas otras, han comenzado a retirar libros «desafiantes» de sus programas de estudio con la intención de «proteger» a los alumnos.
La novela de Colson Whitehead, The Underground Railroad, ganadora del Premio Pulitzer en 2017, ha sido «eliminada permanentemente» de una lista de lectura de cursos en la Universidad de Essex debido a preocupaciones sobre sus representaciones de la esclavitud. También la obra clásica Miss Julie, de August Strindberg, fue retirada en la Universidad de Sussex porque incluye una discusión sobre el suicidio.

Chaucer, «emocionalmente desafiante»

En la Universidad de Aberdeen se les ofrece a los alumnos no participar en las discusiones sobre un módulo sobre Geoffrey Chaucer y la escritura medieval, ya que el curso «puede resultar emocionalmente desafiante». Algo chocante porque sin desafíos emocionales no hubiera sido posible que se desarrollara el ingenio de Oscar Wilde o la inspiración de Einstein, ambos egresados de Oxford.
Qué hubiera sido de la filosofía política moderna y del liberalismo con un Hobbes o un Locke sin «retos». Un Adam Smith «protegido» quizá hubiera supuesto «La Pobreza de las Naciones». ¿Qué Tierra Baldía hubiera compuesto T. S. Eliot, acaso una Tierra Útil? Puede que con este plan tampoco hubiéramos podido reír y aprender con el talento de los Monty Python.

Una buena educación debe estar respaldada por un libre intercambio de expresión e ideas que no esté limitada por el pensamiento de los grupos de izquierdaLiz TrussSecretaria de Estado de Exteriores y ministra de Igualdad británica

Darwin, Stephen Hawking… ¿Pondrían también una valla protectora alrededor del árbol de Newton en Cambridge para evitar que por culpa del golpe de una manzana a algún otro alumno se le ocurriese alguna otra idea universal para el bien de los hombres? Al parecer autores como Shakespeare, Jane Austen, Charlotte Brontë, Dickens o Agatha Christie se encuentran entre los señalados como «preocupantes».
Y son los propios académicos y profesores quienes se están encargando de estigmatizar, según una investigación de The Times, que ha revelado que estos mismos académicos y profesores se conjuraron para no responder a las solicitudes de información respecto a los cambios en las listas de lectura. Unas informaciones ante las que ya se han significado miembros del gobierno como Liz Truss, secretaria de Estado de Exteriores y ministra de la Mujer e Igualdad:
«Las universidades no deberían consentir a los estudiantes de esta manera. No es bueno para un debate público más amplio. Una buena educación debe estar respaldada por un libre intercambio de expresión e ideas que no esté limitada por el pensamiento de los grupos de izquierda. La vida real no viene con una advertencia de contenido: no podemos proteger a las personas de ideas difíciles durante toda su vida, ni debemos intentarlo», dijo.
James Cleverly, secretario de Estado de Educación, declaró que era importante que las universidades «no retocaran la historia. La gente tiene que entender el horror de lo que sucedió en el pasado, los cambios que han ocurrido, cómo han mejorado las cosas y qué otras mejoras aún deben realizarse. Si estás revisando constantemente lo que sucedió, es realmente difícil saber cuánto progreso hemos logrado».

Las universidades tienen el deber de ayudar a los alumnos a comprender el mundo tal como es, no como nos gustaría que fueraJames CleverlySecretario de Estado de Educación británico

A lo que añadió: «Creo que las universidades tienen el deber de proteger la salud mental de sus estudiantes, pero también tienen el deber de ayudarlos a desafiarse a sí mismos, ayudarlos a comprender el mundo tal como es, no como nos gustaría que fuera. Algunos de esos títulos, sí, son desafiantes, sí, son difíciles, pero también son obras seminales que deben leerse y comprenderse. Queremos que las universidades se concentren en brindar enseñanza presencial de alta calidad en lugar de dedicar tiempo a iniciativas como activar advertencias o eliminar contenido desafiante».
Un «activar advertencias» y un «eliminar contenido desafiante» que van en contra de la esencia de la universidad, la cultura de la cancelación inoculada en los «templos del saber». Ese «¡aquí estamos en la casa de la inteligencia!» que le espetó el profesor Ramón Bermejo (y no Miguel de Unamuno) en la universidad de Salamanca en 1941 al general Millán Astray después de que este gritara: «¡Muera la intelectualidad traidora!», que es casi lo mismo que dicen hoy, por lo bajinis, de forma insólita, algunas de las universidades británicas más prestigiosas.
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