El escritor Andrés López-Covarrubias
Entrevista
Andrés López-Covarrubias: «Franco le dijo a Johnson que Ho Chi Minh era un patriota, que podría ser lo que Vietnam necesitaba»
Good Morning, Go Cong. Una historia de españoles en la guerra de Vietnam narra la desconocida historia de un grupo de personal sanitario enviado al conflicto asiático por el Gobierno franquista
Después de dedicar varios años a la investigación histórica vinculada a su ciudad, Toledo, y publicar casi una decena de libros, Andrés López-Covarrubias decidió un día traspasar fronteras y embarcarse en otros proyectos. Lo que no imaginaba entonces es que sus pasos le iban a conducir nada menos que a la guerra de Vietnam. Concretamente a la sorprendente y desconocida participación de un puñado de militares españoles en aquel conflicto.
Dice que afrontó el proyecto con entusiasmo pero que, inevitablemente, cuanto más se involucraba en él más honda era la herida que se abría en el alma («Por eso, de pronto, el panorama se tornó desolador. Necesitaba tomar distancias, olvidarme de los intereses políticos y estratégicos que desorganizan el mundo y siembran el caos, de las crueldades que derivan de todo ello, del tufo a sangre y napalm que dejan ciertas lecturas en el alma, aunque las sombras son alargadas», señala el autor en su ensayo).
Aun así, recalca, también disfrutó escribiéndolo, poniendo todo de su parte para que esta fascinante historia se conociera, y para que los españoles pudiéramos sentirnos orgullosos de ella. Ahora, ediciones Rialp saca a la luz Good Morning, Go Cong. Una historia de españoles en la guerra de Vietnam, el libro que muchos apasionados a la Historia estaban esperando.
–Good Morning, Go Cong es un título muy cinematográfico, en la línea de la guerra más cinematográfica de la historia. Una guerra ajena a nuestro país que, sin embargo, usted «descubre» como también «propia» de España.
–Sin ser una guerra «propia» de España, lo cierto es que este libro descubre que tampoco fue totalmente ajena. Algo que pocos españoles conocen. Es cierto que las referencias al cine o a la música están muy presentes en las páginas del libro. Forman parte del imaginario colectivo de la guerra de Vietnam. Varias generaciones hemos crecido con películas como Apocalypse Now, Platoon, La Chaqueta Metálica, y un largo etcétera. También hablo de dos creaciones musicales que desde mi punto de vista destacan por encima del resto, tan diferentes y contrapuestas entre sí que parece imposible que pueden llegar a sugerir las mismas imágenes y emociones. Se trata de Paint it Black, de los Rolling Stones, y What a Wonderful World, interpretada por Louis Armstrong. Aunque por el libro transitan músicos como Otis Redding, Jimmy Hendrix, Phil Ochs, Joan Baez o The Doors. De hecho creo que la guerra de Vietnam podría contar perfectamente con su propia banda sonora.
Johnson escribió a Franco para intentar comprometer a España en la lucha contra el comunismo. La respuesta de Franco no tiene desperdicio
–¿Fue Franco quien decidió enviar solamente ayuda sanitaria a los Estados Unidos en Vietnam?
–Estados Unidos quiso recabar apoyo internacional para su causa y pidió ayuda a sus aliados. Prácticamente, nadie respondió a este requerimiento, a excepción de algunos países asiáticos además de Australia y Nueva Zelanda. Desde luego, ningún país europeo. Fue entonces cuando Johnson escribió a Franco para intentar comprometer a España en la lucha contra el comunismo que se libraba en el continente asiático. La respuesta de Franco no tiene desperdicio. Llegó a escribir al presidente estadounidense que su experiencia militar y política le permitía apreciar las grandes dificultades en las que se había embarcado Estados Unidos, o que el estado de pobreza de los vietnamitas les empujaba hacia el social comunismo porque les ofrecía mayores posibilidades y esperanzas que el sistema liberal patrocinado por occidente. También reconoce que en Vietnam existía un problema político que no se iba a solucionar solamente con la fuerza de las armas. Y lo más sorprendente, quizás, son las palabras que dedica al líder norvietnamita Ho Chi Minh, al que califica como patriota al que no podía dejar indiferente la aniquilación de su país y del que dice que podría ser el hombre que Vietnam necesitaba en aquel momento. Es realmente increíble el contenido de esta carta, que en el libro se reproduce íntegramente.
–¿Hubo algún tipo de información del gobierno a los españoles de aquella ayuda?
–El gobierno de aquella época no era, precisamente, muy dado a informar de sus decisiones a los españoles. Pero además la misión sería calificada de Confidencial, aunque no de Alto Secreto. Esto permitió que algunos medios, ya iniciada la misión, informaran a sus lectores de algunos pormenores de la misma. Lo hicieron a través de notas de agencia y de sus propios corresponsales en la zona, aunque rara vez por iniciativa de las autoridades españolas.
Solo se presentan doce voluntarios: un comandante y tres capitanes médicos, un teniente especialista de laboratorio, seis suboficiales sanitarios y un capitán de Intendencia
–¿Cómo fueron seleccionados los sanitarios que debían viajar a Vietnam?
–Con excesivas cautelas. El gobierno encarga esta tarea al Estado Mayor Central del Ejército, que a su vez envía un escrito confidencial a la Jefatura de Sanidad del Ejército de Tierra solicitando catorce voluntarios entre su personal médico y de enfermería. La circular recorre cuarteles y unidades militares de toda la España peninsular, islas y Sáhara Occidental. Al final solo se presentan doce voluntarios: un comandante y tres capitanes médicos, un teniente especialista de laboratorio, seis suboficiales sanitarios y un capitán de Intendencia. Supongo que el recuerdo de las guerras de Marruecos y el Sáhara, unido al carácter de la nueva misión (un destino remoto con una exasperante ausencia de concreción, y unas noticias, las que llegaban del conflicto vietnamita, poco o nada estimulantes) fueron determinantes para muchos a la hora de plantearse dar ese paso.
–Ya no queda nada de la presencia española en Go Cong, casi como de cualquier otra presencia internacional, pero ¿qué fue del «puente de los españoles»?
–El Puente de España (una precaria estructura de madera) fue un pequeño y sincero homenaje de las autoridades locales a los sanitarios militares españoles. Ellos mismos estuvieron presentes en su inauguración. Al final de la guerra el puente había sido alcanzado por metralla de mortero y casi arrancado de su emplazamiento. Años más tarde fue derruido para cubrir de asfalto el canal que lo atravesaba, pero los ciudadanos de Go Cong siguieron llamando a ese lugar «el puente de los españoles».
Imposición de condecoraciones en Vietnam a los miembros de la misión española
–¿Qué significó para Estados Unidos la guerra de Vietnam?
–Aparece una frase en el libro de Harold Moore y Joseph Galloway, Cuando éramos jóvenes y soldados, que resulta demoledora: «Fue un conflicto que se prolongaría durante diez largos años y llegaría a estar tan cerca de destruir América como lo estuvo de destruir Vietnam». La sociedad norteamericana nunca ha llegado a estar tan enfrentada como en aquellos años. Las familias discutían sobre la naturaleza de la guerra y cómo reaccionar ante ella y los ciudadanos se levantaban en actitud desafiante en oposición al gobierno. Para el presidente Johnson, Vietnam acabó convirtiéndose en una auténtica pesadilla, hasta el punto de acabar con su carrera política y abocarlo sin remedio a una profunda crisis moral».
–¿Por qué tanto secretismo cuando incluso se podría pensar que la misión española en Vietnam daría una buena imagen internacional al Régimen?
–La respuesta anterior explica en parte esta cuestión. El conflicto vietnamita en realidad nunca fue bien visto en la escena internacional. La ayuda alemana, por ejemplo, se concretó en el envío del buque hospital Helgoland, aunque gestionado por la Cruz Roja. Para el gobierno laborista británico todo aquello estaba derivando en un grave problema interno, por lo que no tomaron ninguna decisión al respecto; la postura de Francia era de enérgica hostilidad a la intervención americana en Vietnam; e Italia y el resto de países de la Europa Occidental tampoco veían réditos por ninguna parte. La decisión española fue, por decirlo de alguna forma, una decisión de compromiso, de la que prefirieron no «sacar pecho».
Militares españoles junto a notables vietnamitas
–Llama un poco la atención que la primera misión humanitaria de la historia de España fuese durante la dictadura…
–En una sociedad tan ideologizada actualmente como la nuestra cualquier decisión tomada durante la dictadura será desdeñada, e incluso vilipendiada, por muchos. Es absurdo fijarse tan solo en la coyuntura política y no en la naturaleza del hecho en sí. La denominada Misión Sanitaria Española de Ayuda a Vietnam del Sur fue de una misión de carácter exclusivamente humanitario, y eso fue lo que los responsables políticos de la época quisieron exactamente que fuera, ni más ni menos. Es verdad que a algún miembro del Gobierno le hubiera gustado una mayor implicación, incluso con el envío de tropas de combate, pero afortunadamente se impuso la cordura y la razón.
–¿Qué papel tuvieron las famosas crónicas de Ansón en la situación de los médicos españoles? ¿Es cierto que permanecieron abandonados por el gobierno español durante mucho tiempo, sin reconocimiento diplomático?
–Luis María Ansón visitó a los militares españoles en Go Cong y envió varias crónicas periodísticas desde Vietnam, denunciando de alguna manera la situación de los sanitarios. Esto no gustó a las autoridades españolas, aunque lo cierto es que a partir de entonces recibieron mayor atención por parte de la embajada en Bangkok. En el hospital convivían a diario con la desolación y la muerte, aunque también salvaron miles de vidas. Hasta allí llegaban no solo heridos y mutilados de guerra, sino también, y sobre todo, víctimas de accidentes de tráfico, niños con malnutrición, pacientes de malaria y otras enfermedades tropicales…, y a todo hicieron frente con una gran determinación y una escandalosa falta de medios.
El equipo sanitario español en la entrada del hospital de Go Cong
–¿Cómo se les recibió a la vuelta, cuando acabó la misión y la guerra?
–La guerra termina finalmente en 1975 con la toma de Saigón por parte de las tropas norvietnamitas y del Vietcong. Pero desde 1971, el año que termina la misión española, ya se sabía que las cosas no iban bien para Estados Unidos. Ese verano del 71 el gobierno español decide repatriar a los últimos integrantes, que llegarían a España en octubre. Aquello, lógicamente, tampoco trascendió a la sociedad española. Nadie fue a recibirlos al aeropuerto, nadie se hizo eco de la noticia, nadie les agradeció los servicios prestados. Y es que, como puede escucharse en una secuencia de la película Cuando éramos soldados: «El país que nos envió a la guerra no estaba allí para darnos la bienvenida cuando volvimos».