El escritor José Ovejero
José Ovejero: «La literatura no es un sustituto del mundo, es una ampliación que me hace sentir más vivo»
El escritor desvela la historia plasmada detrás de su último libro, una realidad dolorosa que hace frente a la enfermedad, a la muerte y a la infancia
El escritor madrileño José Ovejero (Madrid, 1958), ganador de los premios Alfaguara, Anagrama, Primavera y, recientemente Premio Setenil al mejor libro de cuentos del año con Mundo extraño, ha publicado una nueva novela, Mientras estemos muertos, en la editorial Páginas de Espuma: un conjunto de relatos, con tintes autobiográficos, en el que el autor aborda los dos últimos años de la vida de su padre, enfermo de Alzheimer, así como recoge los recuerdos familiares y de su infancia vinculados a él.
Unas memorias ficcionadas que beben de los recuerdos personales del autor, recogidos en su diario personal escrito durante el cuidado de su padre. Páginas de prosa descarnada y realista que llevan al lector a la reflexión en torno a una época dura, la del tardofranquismo, desde la realidad de la vida de una familia obrera. De la vida y de la muerte, de los ritmos vertiginosos en los que se encuentra atrapado el ser humano actual, así como de otras diversas cuestiones vitales y literarias habla el autor para EL DEBATE.
–Resulta llamativo el título de su nueva obra: Mientras estamos muertos, ¿qué ha querido transmitirnos con este?
– La historia de este título no es la habitual. Normalmente el título se me ocurre mientras estoy escribiendo o al acabar el libro, pero en este caso no lo tenía claro. Yo había utilizado un título similar en uno de los relatos Cuentos que nos contamos mientras estamos muertos porque hablaba en él de toda la gente que vive en una especie de limbo, sin saber muy bien si están vivos o no. A mí, esta idea siempre me ha hecho pensar en lo que nos pasa mientras estamos muy ocupados en nuestras cosas, sin darnos cuenta que se nos escapa la propia vida. Fíjese, estamos haciendo mil cosas a la vez, la mayoría estamos pluriempleados, estresados, persiguiendo proyectos, haciendo muchas cosas sin ser conscientes del presente. Y este libro, basado en los recuerdos, tiene que ver un poco con la recuperación de esos momentos en los que a lo mejor ni me di cuenta de lo que estaba sucediendo mientras iba de aquí para allá.
– ¿Cree que el hombre está muerto, que la sociedad está muerta?
– No diría que estamos muertos pero somos como los fantasmas que están y no están. Los fantasmas son una presencia y una ausencia y, a veces, somos las dos cosas a la vez, una presencia y una ausencia. Algo que me llama mucho la atención es ver que hay gente que no vive el presente, no se para ni a respirar y a mí me preocupa. Me preocupaba la idea de morirme y no haberme dado cuenta de que era feliz. Me preocupa haber atravesado la vida buscando cumplir objetivos y proyectos, con prisas, y no haber vivido, de verdad.
El escritor crea un mundo ficticio alejándose de una realidad que lo pone en contacto con la realidad
– ¿Cómo cree que hemos llegado hasta aquí?
– Creo que hay una parte inherente al ser humano que es esa inquietud directamente relacionada con el miedo. El miedo a no vivir suficiente nos lleva a no vivir, porque queremos hacer muchas más cosas de las que podemos y que tienen poco que ver para la supervivencia de la especie. Esa actitud tiene su coste psicológico. Esa hiperactividad, en el mundo contemporáneo, se ha visto multiplicado por todas las posibilidades que tenemos de actuar sin ser. Por ejemplo, en las redes sociales estamos interactuando todo el tiempo, pero ¿somos realmente nosotros cuando interactuamos en ellas? ¿Estamos realmente con esa gente con la interactuamos? No del todo y, sin embargo, nos preocupamos, sufrimos… Se podría decir que en este caso la vida es lo que pasa mientras estamos enzarzados en estas cuestiones. Nos convertimos en presencia y en ausencia.
– ¿Qué podemos hacer ante ello?
– Si uno puede permitírtelo deberíamos detenerlo, pero todos no pueden hacerlo porque tienen que estar en varios sitios a la vez para sobrevivir. En esta época de precarización creciente, donde hay mucha gente padeciéndola, con personas que tienen varios empleos, ¿con qué razón puedo decirle a una personas que tiene que parar y respirar? No todos pueden hacerlo. Yo me he detenido por un tiempo y he reducido mis actividades y soy mas selectivo en la promoción de los libros viajando menos, pero pienso que es preciso reducir la velocidad a la que vivimos. Aunque es de una arrogancia tremenda decirle a los demás cómo puede o debe vivir. Como mucho le puedes invitar a que reduzca la velocidad y que se plantee si de verdad necesidad todo lo que esta haciendo.
– Mientras estamos muertos, ¿es fruto de la necesidad de parar?
– Sí, lo que ocurre es que para mí escribir es una forma de parar, reflexionar y estar con uno mismo, fijándose en las cosas que son importantes. Concentrarte en aquello que te parece que de alguna forma difusa te enriquece es importante. Para mí la literatura no es un sustituto del mundo, es una ampliación que me hace sentir más vivo. Escribo no para escapar de la realidad sino para estar más en la realidad.
– ¿Diría que su obra se inclina hacia el realismo?
– Desconfío del realismo clásico y de la idea de que la literatura puede reflejar la realidad porque pienso que la literatura no es un espejo. Aunque pretende mostrar la complejidad de la realidad que siempre es menos compleja. Esta obra está muy anclada en la realidad, pero, como toda ficción, es una representación. El escritor crea un mundo ficticio alejándose de una realidad que lo pone en contacto con la realidad.
– ¿Por qué toma una parte de su vida para adentrarse en el relato?
– Es verdad que es una obra más autobiográfica de lo que suelen ser mis obras. Y el por qué es curioso pues no lo he descubierto hasta que la obra se ha hecho pública. Al hablar de si es autobiográfica o no me he dado cuenta que una de las respuestas que doy es que mi padre ha muerto y que, como ha muerto, es ahora cuando me atrevo a escribir ciertas cosas que no me habría atrevido antes, pero esa no es la razón pues la obra surge de la enfermedad que él sufrió.
Hay cosas a las que te asomas cuando escribes un libro así y la verdad es que, al final, preferirías no saberlas
Mi padre sufrió alzheimer muy avanzado y sabía que iba a morir y durante dos años me dediqué a escribir un diario sobre la pérdida de la memoria de mi padre, lo que le iba pasando, mis visitas, pero también escribía sobre mis recuerdos y lo que iba recordando en esas visitas. Y eso es lo que me ha llevado a escribir un libro de ficción que tiene mucho que ver con mis recuerdos junto a mi padre, de mi vida, de la vida de mi familia.
He podido ver cómo mi padre fue dejando de ser, fue deteriorándose, y dejando de ser ese personaje duro y autoritario a esa persona necesitada de los demás. No tengo ninguna intención de publicar el diario, pero esos recuerdos pusieron en marcha al escritor y le dio forma en esta obra.
– ¿Es un duelo público?
– (Piensa) ¿Es un duelo publico? En primer lugar, es un duelo privado porque cuando estás escribiendo estás a solas con él, pero luego cuando decides publicarlo no hay escapatoria y te muestras al público. Pero sí, es verdad un duelo que acaba siendo público.
– ¿Qué sensación le ha quedado al finalizarla?
– Que ¿cómo me quedo después de escribir esto? Con incomodidad e inseguridad. Con la incomodidad de haber roto mi barrera del pudor y haber mostrado cosas que, en la vida normal, no habría mostrado y, en cambio, lo hecho públicamente poniéndolo por escrito ante absolutos desconocidos. No es cómodo haber escrito esto y haberlo publicado. Hay cosas a las que te asomas cuando escribes un libro así y la verdad es que, al final, preferirías no saberlas.
– Parece que el libro estaba muy dentro de usted y pedía salir a gritos.
– Puede ser, pero no he sido consciente hasta que lo escribí. ¿Lo pedía más que otros libros al ser más autobiográfico? No lo sé porque la ficción, la imaginación, también me permite acercarme a cosas que son tremendamente importantes para mí y en mi vida. Diría que hay libros que me han transformado, aunque me los esté inventando, tanto los personajes como las escenas o las historias, pero me han transformado. No sé si en este caso más que en otros o sencillamente por reconocerse más en él al autor, nos da esa impresión.
– ¿Ha merecido la pena vivir en el seno de su familia y en la época que retrata?
– Tengo la ventaja de que no estoy presente cuando me están leyendo, y es una protección. No me planteo si ha merecido la pena o no. Hay una frase de un psicoterapeuta, Fritz Perls, que decía que «lo que es, es» y da igual lo que yo quiera o yo no quiera. Da igual plantearse si hubiese tomado una decisión contraria a la tomada, o si mi padre hubiese sido de otro modo o hubiese vivido en otra época, eso da igual, porque, al final, lo que es, es. Lo único que puedo hacer es mirar la historia personal o familiar con honestidad. Yo no deseo haber tenido otra vida porque ha sido mi vida, es mi vida, e intentaré hacer con ella lo que pueda sin engañarme. Moriré como todos y no me voy a enfrentar a ningún paraíso o consuelo, por eso mi literatura no es una literatura que consuela sino lo que intenta es revelar cosas que a veces duelen.
Me preocupa haber atravesado la vida buscando cumplir objetivos y proyectos, con prisas, y no haber vivido de verdad
– Su literatura es valiente y sincera.
– No me compete a mí calificarla. En todo caso diría que es honesta y en eso sí que me identifico con mayor precisión.
– Finalmente, ¿cómo nos recomienda que el lector se acerque a Mientras estamos muertos?
– El lector que se acerque a Mientras estamos muertos que lo haga como lo hace uno a cualquier obra, con curiosidad y asumiendo un contrato de confianza en el que el lector siga al escritor hasta que le decepcione o bien no lo haga. Denle la confianza al escritor porque cuando escribimos lo estamos haciendo ofreciéndole al lector un mundo nuevo donde hay que orientarse y dejarse guiar por el narrador. Este libro puede que lo empiecen y no sepan, claramente, hacia dónde les lleva, pero denle un voto de confianza y déjense guiar soportando la desorientación inicial, porque, al final, todo adquiere sentido. Curiosidad y capacidad para aguantar la incertidumbre que puede surgir en la lectura de sus primeras páginas.