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La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, aplaude a su llegada al acto 'Hoy empieza todo' de la plataforma Sumar, en el polideportivo Antonio Magariños, a 2 de abril de 2023, en Madrid, (España). Culmina con este acto la gira territorial con un evento que arropan varios partidos y con el que termina el 'proceso de escucha' con la sociedad civil y comienza una nueva etapa con la presentación oficial de la candidatura de Yolanda Díaz para las próximas elecciones generales. Sumar y Podemos no han logrado llegar a un cuerdo para presentarse conjuntamente.
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Carlos Luján / Europa Press
02/4/2023

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, aplaude a su llegada al acto de SumarEuropa Press

El Debate de las Ideas

Del PCE a Podemos: un gigante con pies de barro

La ortodoxia comunista tradicional, como ideología aplicable a la política, es incompatible con la democracia liberal

Tras las mezquinas campañas de nula neutralidad histórica emprendidas por el Gobierno de Pedro Sánchez a través de la Ley de Memoria Democrática, merece la pena hacer un breve repaso sobre la evolución que ha tenido la extrema izquierda española, fundamentalmente el PCE, desde el tardofranquismo hasta la actualidad: la oposición en la clandestinidad contra el régimen de Franco -en contraposición con el discreto papel que desempeñó el PSOE-, los movimientos terroristas que surgieron a su izquierda, su legalización en 1977, el papel que tuvo en el proceso constituyente, la trayectoria política de Izquierda Unida, los modestos resultados electorales que ha ido obteniendo a lo largo de la democracia, el nacimiento de Podemos y su llegada al poder, etc. ¿Cuál fue realmente el papel que desempeñó el PCE durante la Transición? ¿Cómo ha evolucionado durante más de 40 años de democracia? ¿Se asemeja Podemos en algo a lo que fue el partido liderado por Santiago Carrillo? Vayamos a responder estas y otras cuestiones.

Partamos de una premisa muy clarificadora: el Partido Comunista de España fue la principal fuerza opositora al franquismo. Por eso, cuando en el verano de 1974 el general Franco cayó gravemente enfermo, es el PCE de Santiago Carrillo quien lidera el nacimiento de la Junta Democrática, un conglomerado de movimientos de oposición al franquismo que pretendía preparar la llegada de la democracia a España.

Sin embargo, no toda la extrema izquierda tenía los mismos planteamientos para acabar con la dictadura. Diferentes organizaciones, también comunistas, consideraban a Carrillo un «revisionista». Nos estamos refiriendo a movimientos ultraizquierdistas como la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT), el Movimiento Comunista de España (MCE), el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP), la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) o los GRAPO, partidarios en su mayoría de utilizar la violencia y el asesinato como método de lucha para derrotar al régimen.

La legalización del PCE

Con la muerte de Franco a finales de 1975, pero sobre todo con la llegada de Adolfo Suárez al Gobierno (1976), el PCE tiene muy claro que, para poder hacer política en España, resulta imprescindible convertirse en un partido legal. Por eso Carrillo se reúne con Suárez previamente y le plantea que, si sus intenciones políticas consistían en establecer una auténtica democracia, su credibilidad se podría venir abajo si no los legalizaba. Es en este encuentro donde el líder comunista le asegura al jefe del Ejecutivo que, si su partido entra en la legalidad, respetaría el orden establecido y las Fuerzas Armadas, acataría la monarquía constitucional y aceptaría la bandera nacional, es decir, la unidad de España.

Carrillo confiaba en que el PCE no tendría ningún problema en asumir lo pactado, aunque la militancia sí mostró importantes desavenencias con este acuerdo, sobre todo las referidas a la aceptación de la monarquía y la bandera nacional. Así narraba el periodista Joaquín Bardavío parte de la conversación que mantuvieron Santiago Carrillo y su amigo Teodulfo Lagunero en el avión que les traía de regreso a España tras el anuncio de la legalización del Partido Comunista, el 9 de abril de 1977. «No hay que hacer dejación de nuestros principios. Pero hay que actuar con cautela, midiendo serenamente los pasos. Demostraremos nuestra seriedad. No somos un partido de aluvión; nuestra organización es potente y eficaz».

Tras apostar por esta estrategia «pactada», el PCE obtuvo 20 escaños y un 9,2% de los votos en las primeras elecciones de junio de 1977, por detrás de la UCD y del PSOE. Muchos esperaban dentro del partido una actitud más dura y un viraje hacia posiciones más izquierdistas, puesto que su política de concesiones no había logrado el éxito esperado. Sin embargo, su reacción se produjo a la inversa: el PCE siguió buscando un mayor entendimiento con la UCD para tratar de aislar al PSOE e intensificó su actitud moderada, lo que evidentemente redundó en una mayor estabilidad democrática, pero perjudicó a la estabilidad organizativa e ideológica de sus bases. Los datos así lo reflejan: desde junio de 1977 hasta abril de 1978, mes en el que celebraron su IX Congreso y donde abandonaron formalmente el leninismo, el PCE perdió cerca de 30.000 militantes.

Escasa representación

Sin embargo, lo que reflejaban esos 20 escaños era la constatación de la escasa sintonía que existía entre el movimiento comunista y la sociedad española. Una cúpula directiva veterana y, en muchos casos, proveniente del exilio no logró conectar con las bases del partido, más jóvenes y que habían luchado en primera persona contra el régimen franquista. Resultaba curioso comprobar cómo la nueva estrategia del PCE de pactos entre fuerzas políticas nacionales -manifestada posteriormente en los Pactos de la Moncloa o el proceso constituyente- sustituía de algún modo a las tradicionales políticas de lucha, movilizaciones en la calle, reivindicaciones universitarias o huelgas de trabajadores. Estas decisiones provocaron que algunas facciones dentro del partido como los comunistas vascos o el PSUC -con posiciones más radicales- se desmarcaran de la línea oficial marcada desde la Secretaría General del partido.

No fueron fáciles para el comunismo los años posteriores. La llegada del PSOE al poder relegó a la extrema izquierda a una relativa intrascendencia política, Izquierda Unida nunca llegó a ser una amenaza para la hegemonía socialista y la caída del Muro de Berlín convirtió al comunismo en algo prácticamente residual.

La llegada de Podemos

Paradójicamente, ha habido que esperar ocho años de gobiernos de la derecha y dos legislaturas del socialista Rodríguez Zapatero para que resurgiera un movimiento a la izquierda del PSOE que volviera con fuerza al panorama político español. Podemos nace en 2014 con una clara cosmovisión marxista-leninista, integrado por antiguos militantes de la extrema izquierda estudiantil, muy crítico con el Estado de Derecho y especialmente rupturista con la Transición.

Gracias a Pedro Sánchez, el comunismo actual disfruta de un poder institucional del que jamás ha gozado en democracia, ni siquiera comparable al que tuvo durante la II República. Lo que sí se demuestra es que la ortodoxia comunista tradicional, como ideología aplicable a la política, es incompatible con la democracia liberal. Por eso se ha transformado a través de Podemos (o Unidas Podemos) en los nuevos identitarismos basados en la raza y el género, cuestiones que antes ocupaban la lucha de clases y el movimiento obrero.

En definitiva, resulta muy difícil hacer un juicio positivo del comunismo, puesto que ha derivado en la práctica en regímenes totalitarios en todos aquellos países en los que se ha impuesto por la fuerza de las armas y al precio de millones de vidas, llevando miseria y falta de libertades allá donde se ha podido implantar.

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