Un momento de la obra 'La voluntad de creer', de Pablo Messiez
Los Premios Max premian 'La voluntad de creer' y, con ello, la fe en el teatro
Pablo Messiez y su Ordet moderno reciben el premio más destacado en la gala que resume el año pasado en los escenarios
En la transcripción del juicio a Juana de Arco, cuando le preguntan cómo sabía que era la voz de San Miguel la que escuchaba, contesta: «Porque tenía voz de ángel». «¿Cómo sabe usted que era una voz de ángel?», le siguen inquiriendo. «Porque tuve la voluntad de creerlo». Desde que leyó esto, Pablo Messiez empezó a preguntarse por la definición de teatro en este sentido (como voluntad de creer que lo que sucede es, esencialmente, real) y por la relación entre voluntad y fe, entre voluntad y verdad, entre voluntad y sugestión.
Tomó el libro La palabra, de Kaj Munk. Revisionó Ordet, esa obra maestra de Carl Theodor Dreyer en la que creer en un milagro es casi la condición de posibilidad para que suceda. Contrató a Marina Fantini, Carlota Gaviño, Rebeca Hernando, José Juan Rodríguez, Íñigo Rodríguez-Claro y Mikele Urroz. Y estrenaron en Las Naves del Español La voluntad de creer, una de las mejores puestas en escena de los últimos años.
«En nuestra función, el menor de una familia de hermanos vascos sostiene que es Jesús de Nazaret. Sus hermanas consideran que ha enloquecido por exceso de lecturas de Kierkegaard. Como en Ordet, hay muerte y resurrección. Y, sobre todo, el deseo de jugar con la percepción del espectador de modo que la propia función sea una puesta a prueba de su fe», explica su autor y director.
Hasta tal punto ha sido aclamada, que La voluntad de creer se ha alzado con el Premio Max a mejor espectáculo teatral. La obra de Buxman Producciones, Teatro Español - Madrid Destino Cultura Turismo y Negocio ha sido galardonada con uno de los máximos galardones del teatro, un premio que ha otorgado este lunes la Fundación SGAE en la XXVI edición de la gala acoge el Gran Teatro Falla de Cádiz. Para Messiez (Argentina, 1974), el premio se une al Max de 2016, concedido a La piedra oscura.
Por primera vez, competían cinco espectáculos en esta categoría en la que el ganador se disputaba el galardón con Altsasu, de La dramática errante; Crim i càstig, de Teatre Lliure; La infamia, de Producciones Come y Calla, Teatro Español - Madrid Destino Cultura Turismo y Negocio, y Zona inundable, de Teatre Nacional de Catalunya.
El palmarés más repartido
En el resto de los Premios Max, de todo y muy repartido. De los 21 premios que concede el jurado, solo una producción, el espectáculo de danza Runa, ganó en dos categorías (mejor coreografía y mejor interpretación femenina de danza para Lali Ayguadé). Jesús Muñoz y Pau Pons recibieron el Max a la mejor autoría teatral por Eclipse total (producida por Pont Flotant), un diálogo que aparenta tratar sobre la muerte pero que en el fondo habla de algo más profundo: la vida en la certeza de la muerte.
María Goiricelaya Burón fue la ganadora del Max a la mejor adaptación por su trabajo conYerma, de Federico García Lorca, para La Dramática Compañía. Y por último, Iñaki Rikarte recibió el premio a la mejor dirección por Supernormales, una obra producida por el Centro Dramático Nacional y escrita por Esther F. Carrodeguas que toma la sexualidad de las personas con discapacidad y la vuelve comedia negra.