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El escritor británico Tom Sharpe en 2004

Tom Sharpe, el escritor que era nazi a los 13 años y escapó de la locura gracias a sus novelas de humor

Diez años después de su muerte en España se publica una minuciosa biografía del autor londinense de vida tan delirante como sus obras

Es difícil imaginar, después de leer las novelas desternillantes de Tom Sharpe, que el autor de Londres que se fue a Gerona para vivir y morir en el Meditérraneo, tuviera una infancia y una juventud tan duras. O a lo mejor esto es precisamente la respuesta, la reacción adecuada. De sus historias satíricas, irreverentemente mordaces, sicalípticas e inteligentes no se puede sospechar lo dramático de que estuvo preso en Sudáfrica, adónde fue a dar clases después de licenciarse en Historia en Cambridge y servir en la Marina Real.

Más bien todo lo contrario. En Exhibición Impúdica se burló de su confinamiento y del apartheid con párrafos tronchantes, luego de denunciarlo in situ con sus obras teatrales y sus fotografías, de las cuales la mayoría fueron incautadas por la policía y quemadas, y él mismo declarado subversivo y peligroso y deportado después de la cárcel. Pero lo cierto es que las situaciones delirantes de sus relatos, bien pudieron sucederle en realidad.

Turbulencias interiores

Él mismo confesó que a los 13 años era un pequeño nazi que iba al colegio con un cinturón de la Wermacht debido al adoctrinamiento constante (su madre fue una enferma crónica que nunca se ocupó de él) al que le sometió su padre, un pastor anglicano que le introdujo en los clásicos de la Literatura y en la barbarie, una dualidad que el indefenso hijo nunca comprendió. A Tom Sharpe sus padres nunca le quisieron pues no fue un hijo deseado. Y el sentimiento contrario a sus padecimientos y desdicha familiares: la ironía y la risa, fue lo que le salvó.

Los autores de la biografía de Tom Sharpe, Miquel Martí y Montse VerdaguerEFE

Sharpe pudo haber sido un poeta melancólico que reflejara sus desgracias en versos que acompañaran a una vida errática y corta, pero decidió ser un prosista del humor como una apisonadora que aplastó su tristeza para llevar una existencia alegre a pesar de las turbulencias interiores que sujetó con la escritura. Su biografía, escrita por Miquel Martí con la ayuda de Montse Verdaguer, albacea del escritor y a quien Sharpe encomendó sus memorias, aparece ahora para ordenar todos los datos casi disparatados como las peripecias de Wilt, el personaje que le llevó a la fama y le hizo rico. Verdaguer ha reunido sus cartas y archivos, además de todas las grabaciones que durante más de una década realizó en compañía del escritor para recomponer el puzle deshecho por Sharpe en una vida literaria (y física) de huida y secretos.

El escritor de Carne Uno o Becas Flacas se marchó a Llafranc, en Gerona, en 1996 (un poco más tarde que su compatriota Robert Graves, que a los treinta y pocos decidió irse a Deyá, Mallorca) y allí vivió hasta su muerte hace diez años. Una placa en el Hotel Llevant dice que allí se sintió «libre y feliz», puede que como nunca en un discurrir lleno de capítulos alucinantes que enterraron todos esos otros capítulos corrosivos, más que seguramente paralelos.