Acrópolis, Grecia
El camino a la felicidad según cinco corrientes filosóficas de la Antigua Grecia
Como afirmó Platón: «El hombre que hace que todo lo que lleve a la felicidad dependa de él mismo, ya no de los demás, ha adoptado el mejor plan para vivir feliz»
Siguiendo la etimología de «felicidad», esta se encuentra ligada a la suerte, procede del latín felicitas, que podría traducirse en algunas ocasiones como fortuna. A su vez, esta procede del adjetivo felix, que puede asociarse a alguien bienaventurado o afortunado. Los antiguos griegos lo denominaban eudaimonía, un término que también porta de forma intrínseca el concepto de suerte. En francés se refieren a ella como bonheur, que es el resultado de la unión de «bon» (bueno) y «heur» (suerte).
Teoría aristotélica
La eudaimonía es un término utilizado por Aristóteles, que generalmente se traduce como «felicidad». Sin embargo, en los trabajos del filósofo se utiliza a la eudaimonia como sinónimo de buena fortuna. Quien recibe el adjetivo de «eudaímon» es quien está bajo la asistencia de alguna divinidad. Aristóteles posicionó este aspecto en el ámbito de la moralidad, al afirmar que la eudaimonía es la vida buena, desde la perspectiva moral. Para él, no hay vida feliz sin virtud (areté).
Siguiendo la teoría aristotélica, la felicidad es el bien último o supremo al que se aspira y tiene una serie de características: Es el fin último, y todos los actos lo buscan. La eudaimonía ha de ser completa y autosuficiente. Por este último motivo no puede aumentar por adicción de otros bienes. Aristóteles estaba convencido de que obrar bien, llevar una vida virtuosa y ética, era condición imprescindible para ser feliz.
Eudaimonía epicúrea
Epicuro trató la felicidad como eudaimonía en el sentido de una vida plena. Sin embargo, la filosofía de Epicuro es hedonista, es decir, sostiene que el único bien intrínseco al que el ser puede aspirar es el placer. Para Epicuro las cosas son buenas solamente si producen placer y, por otro lado, son malas si producen dolor o ausencia de placer (no necesariamente doloroso).
Esta doctrina es conocida como una doctrina de la felicidad, ya que se ofrece como un remedio contra el dolor y los sufrimientos del alma y del cuerpo. Su objetivo es dar pautas simples para conducir al pensamiento hacia la felicidad. La felicidad para los estoicos es un estado que se puede adquirir de forma permanente.
Estoicos
Consideraban que solo se llegaba a ser plenamente feliz al deshacerse de todo lo material. También creían que había que vivir conforme a la naturaleza y la felicidad se alcanzaría llevando una vida digna de ser vivida. Decían que debíamos tener claro lo que depende de uno y lo que no depende de uno, y a su vez aceptar esto último con indiferencia. Los seguidores de esta escuela tenían muy claro la dureza de la vida, eran plenamente conscientes de la fragilidad de los seres humanos, y por ello defendían que no había que angustiarse por ejemplo ante la muerte, dado que la misma es inevitable.
Teoría pitagórica
Para los pitagóricos, la plenitud del hombre estaba relacionada simbólicamente con dos dioses: Orfeo y Dioniso. Del primero se extraía la idea de que el hombre puede lograr la felicidad a través de la belleza y la armonía y de Dioniso, se alcanzaría a través de la pureza y del entusiasmo. De la unión de los cuatro elementos surgía la felicidad en el hombre.
El mito de Orfeo nos narra el poder que tenía su lira, con cuya música, apaciguaba la agresividad, dominaba a las fieras y curaba el alma. Trasladado a Pitágoras, este mito encierra un gran simbolismo: El hombre que logra establecer una buena proporción interior, un equilibrio, de alguna manera obtiene salud consiguiendo la satisfacción interior y exterior.
Por otro lado tendríamos la pureza y del entusiasmo de Dionisos. Los pitagóricos relacionaban el entusiasmo un fuego interno, y que alza la conciencia del hombre olvidando todos los miedos. La simbología de ese fuego sería el vino de Dionisio que nos hace «vencer barreras». Por su lado, la pureza era concebida como la carencia de elementos que son ajenos a nuestra naturaleza. Este planteamiento lleva a los pitagóricos a afirmar que el hombre feliz es el hombre sabio, pero entendiendo por sabio aquel que ha integrado dentro de sí pureza, entusiasmo, belleza y armonía.
Neoplatonismo de Plotino
Plotino plantea la felicidad como un estado de conciencia que no depende de los hechos, sino de cómo afrontamos esta vida. Encontramos personajes históricos que han sido felices y sin embargo han tenido una vida llena de tormentos, y otros que lo han tenido todo, pero se han sentido vacíos. El autor de las Enéadas realizó diferencias entre el placer, el bienestar y la felicidad. En el hombre hay una doble naturaleza, un yo superior, y un yo inferior animal. Cada una de esas partes busca una serie de satisfacciones propias.
Plotino en La Escuela de Atenas de Rafael
El placer sería la satisfacción más sencilla, el bienestar conllevaría una cierta tranquilidad y serenidad psicológica, pero ambas no serían reflejo de verdadera felicidad. La felicidad es ese estado de conciencia del yo superior que encontrándose en conflicto con el inferior, está por encima de las vicisitudes de la vida. Un estado que vence los miedos y se enfrenta a la vida como si fuera un teatro donde todo es falso. El estado final del filósofo es la serenidad, donde no le afectan los conflictos, aunque se vea obligado a resolverlos.