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El beso (1950) de Robert Doisneau

El beso del Hotel de Ville (1950) de Robert Doisneau

Cinco fotografías de Robert Doisneau, el autor de 'El beso' y retratista de la cotidianeidad

Se cumplen 30 años de la muerte del autodidacta camarógrafo parisino cuyo trabajo más famoso le abrió las puertas de la inmortalidad

Un fotógrafo es un artista porque la pulsión del retrato es el mismo que el de una idea plasmada en una pintura o en unas líneas escritas. Una fotografía puede ser un poema y un cuadro. También una escultura e incluso un edificio. Pero también es una fotografía, sin más. El género artístico misterioso, profundo a pesar de su aparente y física superficialidad.

Un Regard Oblique (1948)

Un a mirada de reojo (1948)

Las fotografías pueden ser obras de arte maravillosas. Son el espejo imperecedero de un tiempo, incluso con la pátina del tiempo en su ser, desde los viejos y hermosos daguerrotipos. Una Leica es casi lo mismo, romántica, artísticamente, que una Olivetti, que la pintura blanca y el pincel de las frases en las paredes de Nueva York de Basquiat.

Robert Doisneau representa al fotógrafo mítico, al de los años 40 y 50, al de los Capa y Cartier-Bresson. De los artistas que superaron la guerra y se lanzaron a captar el mundo y sus instantáneas. Doisneau se introdujo en la fotografía como grabador de litografías. El artista Vigneau le hizo pensar en las imágenes como arte, como manifestación artística.

Pablo Picasso (1952)

Pablo Picasso (1952)

El modernismo de Man Ray acabó de convencerle. La II Guerra Mundial le curtió en la vida y en la técnica de su arte. Cuando el conflicto terminó pasó de retratar la realidad de del dolor y la muerte a celebrar la vida. Era el mundo de Doisneau, donde metió todos sus deseos, como si pudiera moldear la existencia.

Junto a las rejas que rodean los jardines de Luxemburgo (1953)

Junto a las rejas que rodean los jardines de Luxemburgo (1953)

Esto es precisamente lo que hizo con su fotografía más famosa, El beso del Hotel de Ville. Todo el mundo creyó que fue una captación espontánea, pero fue un trabajo fotográfico, una interpretación artística, un deseo de alegría y de amor y estética y símbolo de su autor que tuvo sus sombras cuando en 1993, un año antes de morir, fue demandado por supuestos y falsos protagonistas del retrato. Trabajó para Le Point y Vogue y trató con las vanguardistas de la época, como Cocteau, Sartre o Giraud.

Braque

Georges Braque en Normandía (1953)

Su primera cumbre llegó con una exposición en el MoMa neoyorquino en 1951, tras lo que hubo un descenso continuado por la pendiente de los 60. A principios de los 80 su fama volvió a aparecer en la superficie del océano, convertido ya en maestro y estrella y recorriendo el mundo con sus exposiciones, como interesantísimos espejos inmortales del tiempo pasado.

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