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García Montero se ufana de ser una «persona templada» que «opina con calma sobre las agitaciones de la derecha»

En una intervención radiofónica el director del Instituto Cervantes dijo que la gente le agradece que «tienda puentes» con sus palabras

Madrid

El director del Instituto Cervantes, el poeta Luis García Montero

El director del Instituto Cervantes, el poeta Luis García MonteroGTRES

Dice Luis García Montero, director del Instituto Cervantes por decisión de Pedro Sánchez, que la gente le agradece en la Feria del libro la calma de sus intervenciones en la radio, «en medio de la crispación agitada una y otra vez por las discusiones políticas». Dice el poeta que le agradecen «tender puentes» con sus palabras.

El pasado franquista

No es la primera vez que se observa un autoelogio indirecto, medio soterrado, casi sibilino, que parece que no lo es. O sí. Más grueso fue el autoelogio del extinto entrenador barcelonista Xavi Hernández, quien en uno de los muchos malos momentos por el mal rumbo de su equipo, dijo en rueda de prensa que la gente le gritaba por la calle para darle ánimos.

«El fútbol es así», dijo. Y cabría decir en este caso que la poesía también. Al poeta metido a política le emociona el cariño de la gente, y entonces la inspiración, no falla, se va por los derroteros del pasado, del pasado franquista para mayor detalle, mientras se acuerda de su madre y de él mismo cuando «se enredaba en alguna militancia peligrosa».

Las agitaciones de la derecha

Dice García Montero que su madre «ya no puede oír que soy una persona templada, que tengo calma a la hora de opinar sobre los desastres del mundo y las agitaciones de una derecha que ya no defiende valores, sino que se dedica a insultar y a hacer demagogia del bien o del mal, se trate de lo que se trate, contra sus adversarios»: una curiosa forma de «tender puentes».

La militancia sigue ahí, solo que ya no es peligrosa. La templanza de madurez del poeta debe de ser que ahora puede decir y hacer y, sobre todo, beneficiarse más que nunca, de aquello que supuestamente le hizo ser «un niño revoltoso, un adolescente inquieto y un joven rebelde»: el joven rebelde que se ha templado con el poder.

«Los genocidios sostenidos»

García Montero confiesa que el decir de su templanza es una confesión «personal y humilde», pero también «una manera de aludir a las cosas importantes de la vida. Porque, como nos enseña la literatura, no conviene olvidar, en medio de los bombardeos, los odios y los genocidios sostenidos, que a muchas madres les gustaría seguir viendo crecer a sus hijos y muchos hijos querrían que sus madres no formaran parte de una lista de víctimas».

«No conviene olvidarse de estas cosas», concluyó en su alocución radiofónica el escritor. Aunque García Montero sí se olvida de otras, como es natural, como cuando dijo en 2019 que «Pactar solo por el poder es renunciar a la política profunda». De esto tampoco conviene olvidarse, pero debe de ser que esto sí le conviene a él, del mismo modo que le conviene hablar siempre de la «ultraderecha», exactamente igual a cómo habla quien le puso en el Cervantes, que no casualmente es quien ha pactado solo por el poder.

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