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Manuel Segade, director del Museo Reina Sofía

Manuel Segade, director del Museo Reina SofíaEFE

El director del Reina Sofía quiere un museo «amable», pero expone la barbarie de la descolonización

Además de «amable», Manuel Segade también piensa en un museo «acogedor, en sentido feminista»

Manuel Segade, director del Reina Sofía desde hace un año ha dicho en una entrevista que quiere un museo «amable y acogedor, en un sentido feminista». Considera todo esto, en respuesta a El Español, «un servicio público». ¿Se puede considerar un servicio público promocionar la ideología en el arte?

Y más difundiendo la idea de la descolonización en la colonización que no existió (en España), del revisionismo y de la leyenda negra antiespañola. En España. Por un español. Un museo no puede ser «amable y acogedor» si lo que se pretende es mostrar la barbarie de la mentira. Es una falsa amabilidad y un falso acogimiento.

Lo amable y lo acogedor sería más interesante la verdad: el arte sin ideología, el arte no folletinesco, un arte que no estuviera supeditado a la ideología dominante, a lo políticamente correcto que no aporta nada más que previsibilidad y dogmatismo.

Una previsibilidad y un dogmatismo, sobre todo este último que son fuertes en Segade, tanto como para responder a la pregunta de qué acontecimiento cultural le hizo cambiar su manera de ver el mundo, dijo en el diario antes citado que cuando cayeron las Torres Gemelas, por «la idea del triunfo de la ficción sobre la realidad», en un momento de entusiasmo por «Baudrillard y la literatura ciberpunk».

¿El ataque a las Torres Gemelas fue un acontecimiento cultural? ¿O más bien tuvo consecuencias culturales? No se sabe muy bien qué quiere decir Segade con esta respuesta, pero la simple sospecha (en la ambigua contestación) de que que pueda considerar en sí como un acontecimiento cultural a uno de los atentados más salvajes e impactantes de la Historia de la Humanidad produce alarma.

Menos mal que imagina un museo «amable y acogedor» y «en un sentido feminista». La amabilidad y el acogimiento de la ideología que es el ser del arte del presente al que por esto y por las distancias ya alcanzadas, quizá cabría plantearse dejar de utilizar la palabra «arte» como camuflaje de lo simplemente doctrinario.

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