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Colon

Llegada de Cristóbal Colon a América

El intercambio cultural entre la España peninsular y la americana fue mutuo, y estas palabras así lo muestran

Lejos de ser un proceso de imposición de una cultura sobre otra, las lenguas americanas dejaron una huella imborrable en el español

El descubrimiento, conquista e incorporación de América a la corona española supuso un intenso y veloz intercambio cultural que eclosionó en una fusión de pueblos, de manera que durante siglos no se podía hablar de españoles por un lado y americanos por otro, sino que todos eran españoles o, según una manera de ver las cosas más moderna, hispanoamericanos.

La primera constitución española, que también lo fue de la América hispana, hablaba de «españoles de ambos hemisferios», lo cual muestra la artificiosidad de la ruptura que vino poco después y que dio como resultado las independencias americanas a lo largo del siglo XIX.

En contra de lo que se trata de imponer como verdad única hoy por parte de los promotores de la leyenda negra antiespañola, la conquista española de América no implicó una imposición cultural hispana a gran escala.

De hecho, hasta bien entrado el siglo XIX, ya con los gobiernos republicanos muchas veces de corte masónico y liberal de las nuevas naciones americanas, el español no era lengua mayoritaria, sino de élites.

Será el proceso de construcción identitario nacional de las nuevas repúblicas lo que llevará a sus gobiernos a extender el español como lingua franca entre los pueblos originarios.

De hecho, no solo no hubo imposición cultural por parte de los españoles, si no que incluso la lengua española se vio tremendamente influenciada por vocablos procedentes de las lenguas americanas.

Además, el proceso de intercambio cultural y lingüístico continúa en la actualidad. En ese sentido, el español como lengua internacional sigue hoy expuesto al enriquecimiento lingüístico procedente del modo de hablar de la América hispana.

Ya no solo con voces procedentes de lenguas indígenas, sino con palabras españolas procedentes del latín que, o bien se han perdido en España y las conservan los hispanohablantes americanos, o han experimentado un desarrollo propio.

El papel tan relevante que los americanismos juegan en la lengua española —ya sean palabras procedentes de lenguas originarias de la América precolombina como palabras españolas procedentes del latín con desarrollo propio en América— es tal que la Real Academia Española se ha visto en la necesidad de editar un Diccionario de Americanismos —cuyo origen se remonta al siglo XIX— que incluye nada más ni nada menos que 70.000 voces, lexemas complejos, frases y locuciones, y 120.000 acepciones.

Palabras tan comunes en el español como «cóndor», procedente del quechua; «cancha», también del quechua; del quechua y del taíno procede también la palabra «patata», resultado de la fusión de las palabras «papa» (quechua) y «batata» (taíno); «maíz», palabra originaria del taíno; «canoa», también del taíno; del taíno procede también la palabra «cacique» al igual que «huracán»; «aguacate», del náhuatl, «chicle», también del náhutal, como «coyote» o «cacao».

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