Cariñosa despedida a Fernando Robleño en Las Ventas
Su torería y el valor de Manuel Escribano mitigan el fiasco de los toros de Adolfo Martín, en un festejo interminable
Fernando Robleño, tras su segunda faena, recibiendo el cariño del público de Madrid
Llegamos ya a la penúltima corrida de la Feria y nos acecha ya una nostalgia anticipada. Cuántas cosas han pasado en Las Ventas, en este mes: alegría y dolor, triunfo y fracaso, esperanza y decepción, belleza y fealdad, repetición y sorpresa, deseos y realidades… En definitiva, la vida, con toda su riqueza, y, al lado, siempre, la muerte, que espera su turno. Ni se lo imagina el señor Urtasun…
Esta tarde, los toros cárdenos de Adolfo Martín, parientes de los Victorinos, dan pobre resultado: apagados, flojos, complicados… Uno ha de ser apuntillado en el ruedo, un triste espectáculo. El sobrero de Martín Lorca también blandea. El festejo se prolonga demasiado, con muy pocos momentos brillantes. Al final, mitigan un poco el desastre el clasicismo de Fernando Robleño, en el quinto, en su presunta despedida del público de Madrid, y el valor de Manuel Escribano, en el último. Antonio Ferrera sólo puede dejar detalles de torería.
Aspecto de la Plaza de Toros de Las Ventas, este sábado
Últimamente, no se prodiga mucho en Las Ventas ni en los cosos españoles Antonio Ferrera: en Méjico aprecian su personal forma de reinterpretar la Tauromaquia clásica. (Este mes, muchos mejicanos están disfrutando con la Feria de San Isidro. En nuestro país hermano, por supuesto, no todos han caído en el burdo engaño de la hispanofobia, en la que busca barato rédito político su Presidenta).
Con su peculiar capote azul de vueltas verdes, recibe Ferrera al primero en el mismo platillo: hace bien; de allí, los toros no se escapan. El animal cumple en la primera vara: lo saca del caballo con delantales muy bajos. El toro espera, en banderillas: Ángel Otero ha de arriesgar. Brinda Ferrera a Fernando Robleño, en su último año: un buen detalle. El hermoso toro flaquea un poco, embiste con suavidad «mejicana»: hace falta valor para aguantar ese ritmo. Ferrera conduce con maestría las embestidas, haciéndole bajar mucho la cabeza. Es una labor de mimo, no exenta de riesgo, pero al toro le falta chispa y casta para que surja la emoción. Después de resbalarse al entrar a matar, logra una estocada de rápido efecto y saluda. Ha sido la faena de un diestro maduro, que se las sabe todas, con un toro al que le ha faltado gas.
Ferrera, con el segundo toro de su lote, de más de 600 kilos
No le deja pararse en el recibo el cuarto, lancea sobre los pies. El toro protesta en el caballo, pega cabezazos y flaquea. Después de mucha insistencia, parece que va a echarse y acaban devolviéndolo. Se queda en tablas, acobardado, parece enfermo. De allí ha de sacarlo Ferrera con el capote. Acaba echándose y lo apuntillan: un triste espectáculo. Llevamos hora y media y sólo hemos visto tres toros: ¡qué disparate!
El sobrero, de Martín Lorca, se mueve pero sale suelto. Acude pronto al caballo, miden el castigo pero también flaquea. En el tercer muletazo, el toro rueda por los suelos: es flojo pero noble. Antonio Ferrera intenta sacarle algún muletazo pero el público se impacienta, con olés en broma. Mata mal pero pronto.
En su última temporada en activo, el madrileño Fernando Robleño recibe el respeto y el afecto de la afición madrileña. Lidia bien con el capote al segundo, que sale pegajosito; tardea, se lo piensa, pero cumple en el caballo. Le dan demasiados capotazos.. En la muleta, el toro queda corto, vuelve rápido, no le deja confiarse a Robleño. Lo resuelve con oficio, sin brillo. Mete la mano con la espada con facilidad.
Pase de pecho de Fernando Robleño a su segundo toro de hoy
Antes de que salga el quinto, hacen saludar a Robleño: va a ser su último toro en Las Ventas… si no torea en la Feria de Otoño. Como dice Cervantes: «Todo podría ser». Y debería ser , añado yo. Sale el toro con pies pero flaquea; le pican poco pero mal. Robleño intenta enseñarlo a embestir; consintiéndole, logra algún natural con gusto pero el toro se para muy pronto, hace hilo. Cruzándose al pitón contrario, le roba algún muletazo: más de lo que el toro merecía; suficiente, para que su última faena en Madrid –en caso de que lo sea– deje un grato regusto de clasicismo. Y esta vez mata bien, en contra de lo que tantas veces le ha sucedido. Me parece justo y lógico que dé la vuelta al ruedo, recogiendo el cariño del público.
No tuvo fortuna Manuel Escribano con los toros de Lagunajanda, por mucho que algunos cantaran su movilidad. Un diestro poderoso como es Manuel, necesita, para brillar, toros encastados. No gusta de salida el toro tercero, algo escurrido: tiene una embestida muy corta, hace floja pelea en varas. Banderillea Manuel con facultades, fácil. Aplauden más el tercer par, al quiebro, al violín. Acude pronto el toro pero flaquea, vuelve muy rápido, le pone en apuros. Se merece sólo un macheteo a la antigua. Se justifica el diestro mostrando que el toro no tiene un pase pero surge un desarme. Ha alargado el intento de faena sin fruto. Mata a la segunda, caído.
Muletazo de Manuel Escribano mirando al tendido
Acude a portagayola en el último, también recibido con pitos; enlaza con otra larga, en tablas, y con verónicas de compás abierto. Este toro sí acude de largo la segunda vez al caballo y vemos, ¡por fin!, una buena vara, de Juan Peña. Se luce Manuel al banderillear de dentro a fuera: el toro hace hilo y el diestro gana las tablas con apuros. El tercer par, de poder a poder, también levanta una fuerte ovación. El toro embiste con codicia; en el segundo muletazo, Manuel roza el percance. Por la izquierda, también el toro vuelve rápido, con peligro. Ya ha visto el público que el toro no se presta al lucimiento. Escribano se justifica con valor y oficio. No cabía más. Mata bien.
Un dato indiscutible: dos horas y cuarenta minutos es absolutamente excesivo; cuando, como esta tarde, los toros dan mal juego, el festejo resulta un verdadero tostón. Aunque, al final, la torería de Robleño, en su despedida de Madrid, y el valor de Escribano mitiguen un poco el desastre.
Pero ese desastre de las corridas demasiado largas existe, es una realidad: ¿no podrían reunirse los representantes de los profesionales y de la Autoridad para, sin dañar su esencia, tratar de aligerar el espectáculo? Opino que es algo absolutamente necesario pero, conociendo el percal, dudo mucho que se vaya a hacer nada para remediarlo.
POSTDATA. En la sociedad actual, es lógico que los espectáculos se organicen y programen con antelación. Pero, en los toros, eso tiene su contrapartida: la peculiaridad de una Fiesta donde un joven puede consagrarse o fracasar en una sola tarde exige que los empresarios reaccionen con agilidad. Muchas veces se ha contado que don Pedro Balañá levantó la Plaza de Barcelona –cerrada hoy por culpa de los que odian a España, su idioma y su Fiesta– haciendo que, durante la corrida, si un diestro triunfaba, se anunciara en una pizarra su próxima actuación: así atraía a un público fiel, todavía no envenenado por el independentista. Quizá no sea posible ya eso mismo pero sí algo parecido. Ejemplo claro: ¿Cómo no se ha anunciado todavía cuándo vuelve a torear en Las Ventas Fortes, la gran sorpresa de esta Feria? ¿Por qué no se anuncian ya la repetición de jóvenes matadores que han dejado tan buena impresión como Peñaranda, Ismael Martín y Samuel Navalón? ¿Tan imposible es? Creo que no.