Imagen del Titanic días antes de colisionar con el iceberg que provocó su hundimiento
La obra de arte de valor incalculable que se perdió en el hundimiento del ‘Titanic’
De las obras de arte perdidas en el hundimiento del Titanic, este lienzo ha centrado la atención de los expertos en los últimos años
El hundimiento del Titanic es todo un hito histórico, cultural y social para el mundo de hoy. Lo era ya antes de la película de James Cameron de 1997, pero fue precisamente con la cinta protagonizada por Leonardo DiCaprio y Kate Winslet cuando el buque y su trágico siniestro pasaron a formar parte de la cultura pop.
El Titanic y sus restos sumergidos se han convertido en una obsesión, en un reto para exploradores, para amantes de lo desconocido y para turistas.
Tanto es así que el lugar del hundimiento ha conocido recientemente un auge de interés turístico cuya mercantilización desembocó en el trágico accidente del sumergible Titan en 2023.
Precisamente la película de James Cameron alimentó uno de los mayores bulos culturales relacionados con el Titanic.
En una de las escenas de la película aparecía el cuadro Las señoritas de Avignon, de Picasso. Obviamente se trataba de un guiño del director al genial pintor malagueño. No fue un error de documentación, ya que su inclusión fue premeditada.
Y, evidentemente, Las señoritas de Avignon no se perdieron en el hundimiento del Titanic, ya que se custodian en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Ni siquiera llegaron a embarcar.
Sin embargo, sí que hubo obras de arte de incalculable valor que se perdieron en el naufragio y cuya pérdida es irreparable.
En concreto, hay una pintura que está documentado que se perdió con el Titanic y cuyo destino final sigue intrigando a expertos en historia del arte.
Se trata de La Circassienne au Bain, del pintor francés maestro del neoclasicismo decimonónico, Merry-Joseph Blondel.
Copia de 'La Circassienne au Bain', perdida en el Titanic
La pintura se había presentado en el Salón del Louvre en el año 1814. Se trataba de un cuadro de gran formato que representaba a una joven circasiana en el momento del baño.
El cuadro era una de los máximos exponentes del arte neoclásico en el que se daba prácticamente todas sus características: idealización del cuerpo humano, nostalgia por el mundo antiguo greco-romano y un contexto en el que se da preeminencia a una arquitectura clásica que se integra en un entorno natural.
Según se informa en el portal especializado Culturez-vous, la obra de arte pertenecía al empresario sueco Mauritz Håkan Björnström-Steffansson que, milagrosamente, sobrevivió al naufragio.
En su momento el cuadro estaba valorado en 100.000 dólares, lo que equivaldría a cerca de dos millones y medio de dólares en el momento actual.
La pérdida del lienzo se debió, en gran parte, a la generosidad de su propietario, que lejos de preocuparse por salvar sus valiosas pertenencias se dedicó durante el hundimiento del Titanic a ayudar a embarcar a los pasajeros del buque en los botes salvavidas.
Únicamente se subió al último cuando vio que, en el bote de 47 plazas sólo habían embarcado 24. El empresario ayudó a salvar a muchos pasajeros del Titanic, pero para siempre se perdió el lienzo La Circassienne au Bain.