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El escritor y sacerdote Jesús Sánchez Adalid

El escritor y sacerdote Jesús Sánchez AdalidCortesía de la Universidad de Navarra

Entrevista a Jesús Sánchez Adalid, escritor

«Estamos en el mejor momento de la novela histórica española»

Jesús Sánchez Adalid habla sobre sus nuevos proyectos, que comenzarán con un documental sobre la Catedral de Toledo, y comenta su parecer sobre el género en el que lleva un cuarto de siglo publicado, y también aporta pistas sobre el libro más reciente de su paisano Javier Cercas

Su nombre es muy reconocible para aquellos que sienten afición por la novela histórica. Comenzó hace un cuarto de siglo, y ya acumula una veintena de obras, la gran mayoría ambientadas en la España medieval.

Quizá muchos asocien su nombre a El mozárabe, que se publicó en 2001. Su primera ocupación fue la de juez, después la de sacerdote; en Mérida ejerce su tarea pastoral y también imparte clases de Ética en un centro universitario.

Explica, en un coloquio sobre Literatura y cristianismo —dentro de un ciclo especial del Máster en Cristianismo y Cultura Contemporánea de la Universidad de Navarra, en cuyo campus madrileño nos recibe—, por qué empezó a escribir novela histórica: «con 36 años me pongo a escribir lo que yo deseaba leer».

En su opinión, se trata de un género relativamente nuevo en España, porque novela histórica no es igual que «novela romántica», y porque la obra de Benito Pérez Galdós, en tanto que relato contemporáneo, tampoco puede calificarse de «novela histórica».

En concreto, este autor aclara que su visión de la Edad Media española, con hincapié en los cristianos sometidos al dominio musulmán —eso eran los mozárabes— sale al paso de prejuicios de todo tipo, además de planteamientos como los de Américo Castro y, sobre todo, Blas Infante. Cuando oye que a este lo denominan «padre de la patria andaluza», exclama: «¡Qué estupidez!», y pasa a citar a los san Isidoro y mártires mozárabes.

Asimismo, comenta que CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) ya le ha advertido sobre tres autores noveles que han intentado presentar obras hechas mediante inteligencia artificial imitando su propio estilo.

Es Jesús Sánchez Adalid, y nos da algunas pistas sobre la novela que anda escribiendo y sobre varios proyectos más. Proyectos que comienzan con la catedral de Toledo, «primada de España», repite. Una catedral que lastra una «mancha» por culpa de aquel vídeo de C. Tangana que ha alcanzado en Youtube «173 millones» de visualizaciones y que es «un horror». Ahora, muchas personas sólo saben relacionar esa catedral con aquel vídeo; «había que hacer algo», dice Sánchez Adalid.

— ¿Qué proyectos tiene ahora en preparación?

— Por una parte, una novela… Pero ya me ha pasado algunas veces; digo el tema, y alguien se apresura y toma la idea. Además, muchos lectores se ponen impacientes. Sí puedo decir que es muy interesante y que esta mañana he estado escribiendo y espero terminarla pronto. Aunque, por prudencia, es mejor no decir más.

Aparte, estoy metido en otros proyectos. Proyectos audiovisuales, de mucho alcance. Por eso, durante estos últimos tres años, no he publicado. Porque lo audiovisual supone aspectos previos complejos. Exige mucha dedicación, mucho trabajo, muchos viajes, muchas conversaciones. Y lo audiovisual es muy caro. Y ponernos de acuerdo con toda la gente que participa es dificilísimo. Necesita financiación, una buena productora, un director…

¿Lo vamos a ver en televisión, en internet…?

— Lo vamos a ver en plataformas. El primero de los documentales se va a ver en abierto, en acceso libre. Es el documental oficial del octavo centenario de la Catedral Primada de España, la de Toledo.

En España tenemos unas catedrales fascinantes, no hemos de tener envidia de ninguna catedral de Europa. Y la Catedral Primada cumple 800 años. Es una efeméride importantísima, y había que elaborar un documental serio. Que es lo que el arzobispo me pidió.

Estoy enormemente satisfecho y es un producto por completo diferente. Cuenta con música compuesta expresamente, interviene algún cantante muy conocido y hay momentos trepidantes, recreaciones cinematográficas. Es muy ameno y tendrá muy buena acogida en América.

Usted suele centrar sus relatos en la Edad Media. ¿El cine sobre la Edad Media sigue repleto de tópicos? ¿O hay películas que transmitan de una manera veraz la actitud, el arte, la mentalidad de la época?

— Es una asignatura pendiente, porque la historia de España es enormemente compleja y tiene episodios interesantísimos para haber hecho cine. Nos hemos pasado años viendo la odisea de los llaneros norteamericanos, de los pioneros, de lo que llamábamos indios y vaqueros. Y eso ha saturado las pantallas durante generaciones y generaciones, hasta el punto de que se creó aquí mismo, en España, el spaghetti western. Y nosotros estábamos descuidando construir la gran epopeya de la conquista de América, la evangelización de América y la Reconquista.

A los españoles no sé lo que nos pasa, que nos gusta más lo de fuera que lo nuestro, cuando a todo el mundo le gusta lo nuestro. Hay que rescatar todos esos personajes y llevarlos al cine. Y estamos en la era de lo audiovisual.

Dicen que este siglo va a ser el siglo del documental, y se producen muchos documentales. Pero documentales que, sobre todo, tratan de crímenes, de investigaciones, de asuntos policíacos, políticos, de enigmas. Y se ven en plataformas como History Channel, Discovery Channel, National Geographic.

Por tanto, hay que empezar a hacer otra cosa. Otro producto. El precedente que puede servir es un género muy cercano, el de la novela histórica. Estamos en el mejor momento de la novela histórica española.

Cuando yo comencé hace 25 años, y escribí El mozárabe, entonces éramos literalmente cuatro escritores españoles conocidos los que estábamos escribiendo novela histórica. Ahora es imposible contar la cantidad de novelistas de novela histórica que hay en España. Lo que se puede hacer hoy era impensable solo hace diez años. Creo que este es un momento muy bueno, pero hay que convencer a los inversores, a las plataformas, a los directores, a las productoras, y cuesta muchísimo trabajo.

¿Podemos entender nuestro tiempo, con sus retos demográficos y cambios de minorías religiosas, observando el pasado?

— Extrapolar el presente al pasado siempre es un error de base. Cada época es su época, con su circunstancia y su realidad, pero hemos de entender, de una vez por todas, que el ser humano ha estado en permanente movimiento.

Ha habido periodos de mayor estabilidad, y en otros momentos la población se ha movido mucho. Si a los españoles nos hicieran un estudio genético en profundidad, y hubiera forma de determinar nuestros orígenes, nos encontraríamos África, Berbería, Egipto, Roma, Grecia, el Ponto Euxino, Asia.

Porque, cuando llega el gran ejército de Rumi —el general del ejército árabe que venía de Damasco—, venía gente de toda Asia. Desde yemenís hasta sirios. Muchos habían sido provincia del Imperio Romano, luego bizantino. Por lo tanto, cristianos. Rumi significa, literalmente, romano.

Y ese movimiento no se interrumpe. Continúa. Los mozárabes son una población hispanorromana y visigoda, que están en movimiento constante, en especial durante la invasión almohade y almorávide.

Un mozárabe que viviera en Cataluña era originario de Al-Ándalus, y había tenido que emigrar porque sus comunidades estaban amenazadas. Ahí están todos los mártires mozárabes cuyos nombres se conservan en Córdoba. Nadie es de ningún sitio en propiedad. El ser humano se mueve permanentemente.

Parece que hoy más.

— Nuestro tiempo está facilitando muchísimo ese movimiento porque hay una posibilidad de contacto que antes no existía, que es Internet. Tú entras en internet y una persona de Mauritania sabe perfectamente cómo vive una persona en Madrid.

Es lógico que, si está pasando calor allí, tiene sed, no tiene trabajo y está amenazado, se quiera ir a vivir aquí, porque aquí hemos creado la sociedad que llamábamos del bienestar.

Aparte, nuestra población está envejecida, muy envejecida. Yo vivo en un mundo rural. En Extremadura he sido cura de pueblo muchos años y he visto cómo los campos se han ido quedando abandonados. Se producen incendios porque ya no hay ganados en determinados lugares. ¿Se soluciona esto con la migración? Parece ser que no, porque prefieren venir al núcleo urbano.

Otro cambio con respecto a épocas precedentes es la relevancia de Dios en la literatura. ¿Cuál es su opinión?

— Dios está en la literatura, lo que pasa que no está como cuando escribía Bernanos o cuando escribía Calderón de la Barca. Porque los tiempos cambian. Sí es cierto que ha habido un erial en la literatura. Ha correspondido con lo que hemos dado en llamar la cultura posmoderna. Pero la inquietud sigue estando ahí.

Yo creo que nos encontramos en un momento bueno. Me estoy sorprendiendo con algunas cosas. El ser humano no se va a quitar a Dios de en medio. Porque forma parte de un anhelo profundo de la humanidad y resurgirá una y otra vez, de una manera u otra. No me cabe la menor duda.

¿Sería el caso del último libro de Javier Cercas?

— Es paisano mío y tiene mi edad. Es muy interesante. Lo observo con asombro. Si en el alma de Cercas no anidara esa inquietud, nunca lo hubiera hecho. Ese libro lo veo impensable hace diez años. Hoy día no me sorprende demasiado, pero no deja de sorprenderme.

Cercas y yo hemos coincidido alguna vez y tenemos amigos comunes. Pertenecemos a la misma generación, y hemos tenido etapas de vida muy semejantes. Yo soy cura desde hace 34 años. Pero antes de ser cura, he tenido una vida laica como la de Cercas. N

o he estudiado nunca en colegio religioso, ni de curas, ni de monjas, ni en universidades privadas. Viví una juventud como cualquier joven normal de los años 80. Ejercí la profesión de juez civil y después sentí la vocación.

La vocación es un misterio, no se puede explicar. Y Cercas ha seguido un proceso semejante sin haber recibido la vocación, pero orientándose hacia el ateísmo, que es una deriva lógica de toda una generación. Tengo muchos amigos así, amigos profundamente ateos. Cuando digo profundamente ateos, es porque lo han manifestado una y otra vez y porque, además, a mí en la intimidad se me quejan y me dicen: «¿por qué yo no puedo creer, por qué yo no tengo ese don?».

Es un error identificar al ateo como una persona agresiva que se ríe de la fe, se burla de ella o increpa a los creyentes. Eso es un error. Hay ateos sinceros. Entiendo en Cercas una inquietud que se ha manifestado ahora, pero que a mí se me manifestó hace 30 años.

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