Raúl del Pozo y Alfonso Ussía
La columna sobre Raúl del Pozo que Ussía, fallecido solo unos meses antes, quiso que aquel leyera en vida
El también fallecido columnista de El Debate sintió su eterna proximidad de escritor de periódicos con Raúl del Pozo, de orígenes tan distintos y de finales tan parecidos
El columnismo tal y como lo conocíamos se va. Primero Alfonso Ussía y ahora Raúl del Pozo. Este era el mayor de los dos y se fue después. Ussía quiso escribirle en vida en 2023 en El Debate, adelantándose a las parcas de ambos y lo consiguió.
El homenaje es duro. De columnistas duros de pelar, de poetas sin cursilería. Casi había un abismo entre ambas personas, pero el oficio y el talento es un cordón umbilical que no se corta de nacimiento y mucho menos cuando se acerca el final.
Ahí es cuando todo parece más cercano. Alfonso Ussía sintió su eterna proximidad de escritor de periódicos con Raúl del Pozo, de orígenes tan distintos y de finales tan parecidos: «... sus columnas han ganado con la brillantez del descreimiento y la libertad del individualismo. La izquierda es siempre colectiva, y por ello, aburrida en sus tópicos, un tostón. No quiero decir con esto que Raúl del Pozo se haya convertido en un escritor de derechas. Simplemente se ha convertido en Raúl del Pozo, que es hallazgo y conclusión de muchos méritos acumulados...».
«Los escritores españoles jamás han asumido su admiración hacia los demás. Antes que reconocerla, elegían el silencio, que es el más humillante de los desprecios...», escribe Ussía en el panegírico medido, reconociendo y al mismo tiempo perdonándose su pecado de ser quien era, como el otro:
«Hoy me he levantado poco español, y quiero agradecer a Raúl del Pozo su talento continuado y mejorado en el arte efímero de escribir en los periódicos (...) Lo justo y medido es agradecerle su lúcida senectud (...) El día que se vaya, le lloverán elogios. Yo prefiero que los lea en vida. Y creo que hago justicia. Así, inesperadamente y porque me da la gana. Buenos tiempos, Raúl».
El ramalazo del cariño y de la admiración soterrados que salen a la superficie como el bulto que forma en la tierra un topo nostálgico con la mirada exacta de quien reconoce a un par.