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Guía práctica para no confundir por qué, porque, por que y porqué

Una de las grandes dudas ortográficas de nuestro idioma es el uso correcto de las formas de estas palabras

El español es un idioma universal, preciso y de una riqueza extrema, pero también es un gran bromista. Los dobles sentidos y la variedad expresiva y tonal del lenguaje facilitan los juegos de palabras y el léxico abundante, un fenómeno como los palíndromos.

Pero las bromas tienen que hacer gracia a todo el mundo para serlo, si no, pueden convertirse en una fuente de problemas. Y a veces, ante un texto profesional, un correo importante o una frase en ámbitos más formales, nuestra actitud tiene, digamos, poco sentido del humor.

Cambiar una tilde o una coma puede modificar por completo el sentido de una frase y hacer que todo el conjunto se desvirtúe y dejarnos en mal lugar. Por ello, es importante saber distinguir cuándo hay que escribir y cuándo no, por ejemplo, las palabras por qué, por que, porque y porqué.

Estas cuatro formas de escribir estas palabras condensan lo que el español tiene de bello y desafiante: pequeñas variantes que, bien usadas, pueden expresar una pregunta, una causa, una explicación o una estructura más compleja.

Diferencias de por qué, por que, porque y porqué

Por qué se utiliza siempre como una pregunta, ya sea directa o indirectamente, sobre la causa de algo. Por ejemplo, «¿por qué hiciste aquello?» o «quiero saber por qué hiciste aquello».

Como un truco para saber cuándo emplearlo, por qué se puede reemplazar por «¿por cuál razón?».

Por su parte, por que es una combinación que aúna una preposición y una conjunción. Quizá sea la forma más confusa, precisamente porque es la menos usada. Esta combinación suele darse al introducir una oración subordinada o tras algunos verbos.

Se puede usar en frases como «luchamos por que se respete el derecho a la vida». Una forma de distinguir cuándo emplear «por que» es comprobar si se puede insertar alguna palabra en medio, como «luchamos por el hecho de que se respete el derecho a la vida».

Porque, en este sentido, es la respuesta a por qué. La causa que provocaba la pregunta. Así, la forma más sencilla para saber si se está usando correctamente es, necesariamente, averiguar si se responde a una pregunta que empiece por «por qué».

Siguiendo con los mismos ejemplos, se puede responder a «¿por qué hiciste aquello?» con un «porque lo necesitaba».

Y el último, porqué, es un sustantivo, un nombre, aunque no lo parezca. Por lo tanto, siempre ha de ir acompañado de un artículo, como en «el porqué». Observa, para estar seguro, si se puede cambiar por «el motivo».

«Quiero saber el porqué (el motivo) de tu decisión» es un buen ejemplo para clarificar el uso correcto de este nombre.

Detrás de cada vez que se escribe mal una de estas palabras está la oportunidad de aprender, y al utilizarlo correctamente se demuestra conocimiento, precisión y elegancia. Es como un buen apretón de manos.

Escribir bien no es sólo una cuestión de interiorizar unas reglas, sino una cuestión de respeto por una lengua tan brillante como la española y por las personas que leen lo que escribimos.

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