Fundado en 1910
Isaac Asimov

El escritor Isaac Asimov

El irónico miedo a volar de Isaac Asimov, uno de los autores señeros de los viajes espaciales

El escritor, conocido por establecer las leyes de la robótica y que expandió las fronteras de la ciencia ficción, tenía miedo a volar

La ciencia ficción no habría sido lo mismo sin su talento. De hecho, podría considerarse un pionero en el derecho robótico. Isaac Asimov fue un gigante de la literatura futurista del siglo pasado. En sus miles de páginas creó mundos y moldeó universos, planteando dilemas éticos que siguen atrapando a los lectores.

Es fundamental, para entender el desarrollo del género en décadas posteriores, conocer su saga Fundación, en la que su protagonista, Hari Seldon, desarrolla el campo de la psicohistoria para, básicamente y en pocas palabras, predecir el futuro.

Asimov amplió y expandió las fronteras de la ciencia ficción y se convirtió en uno de los buques insignia de los viajes espaciales. Y esto hizo de él, también, una gran paradoja irónica.

El autor que escribía sobre viajes intergalácticos en distancias siderales tenía miedo a volar. A pesar de que se trata de una fobia común, el imaginario literario de Asimov con su aversión por elevarse en el aire es una yuxtaposición, cuando menos, curiosa.

Aunque, en el fondo, no es sino el símbolo de que su mente inabarcablemente cósmica estaba sustentada por un hombre profundamente humano.

El hombre que no quería despegar

Como su fiel admirador, el doctor Sheldon Cooper, Asimov prefería el tren al avión. Su miedo a volar era intenso y, siempre que podía, evitaba los aviones. Esto le llevó a rechazar homenajes en partes distantes del mundo.

La mayor paradoja de la historia de la ciencia ficción es una muestra de la imaginación desbordante del escritor. Por mucho que escribiera Fundación, Las bóvedas de acero, Robots e Imperio o El sol desnudo, entre muchas otras, su personalidad distaba mucho de la temática de su trabajo.

No era un aventurero, no escribía desde la experiencia porque sus textos iban más allá de la imaginación. Su exploración del mundo y del universo era más intelectual que física. De ahí que para salvar los que creó elaborara toda una teoría, la psicohistoria, y no un arma.

El héroe de Asimov era la inteligencia de un hombre humilde, de un científico, no la fuerza bruta. En sus mundos ganaba la razón. Y, desde su escritorio, se adentró en las profundidades de su propio universo para ofrecer a sus lectores misterios cósmicos resueltos.

El miedo a volar que padecía el escritor era un recordatorio de su humanidad. A pesar de su brillantez y de su capacidad de adelantarse a los acontecimientos futuros, Asimov tenía miedo.

Igual que su protagonista Hari Seldon, que era un hombre brillante pero inseguro. Las contradicciones, a veces, no son defectos, sino signos de ser humano.

El autor era una persona que escribía sobre viajes espaciales y que, sin embargo, vivió con pavor a las turbinas de un aeroplano. No obstante, esa paradoja irónica es parte de su encanto. Isaac Asimov fue tanto el escritor futurista como el hombre al que le daba miedo pisar un aeropuerto.

El autor de Fundación es el ejemplo perfecto de que se puede ser un genial visionario sin dejar de ser, con todo lo que ello conlleva, profundamente humano.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas