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El escritor Neal Stephenson en una imagen de archivo

El escritor Neal Stephenson en una imagen de archivoWikimedia Commons

‘Snow crash’, la novela que imaginó el metaverso 30 años antes que Mark Zuckerberg

Neal Stephenson se adelantó a la ideación moderna del metaverso y popularizó el término «avatar» a principios de los años 90

En 1992, internet estaba todavía en pañales. No era la herramienta omnipresente que es hoy en día, sino un proyecto que comenzaba a balbucear en algunas casas; aunque la inmensa mayoría no estaba conectada. Muy lejos quedaban todavía conceptos como el del metaverso o los avatares como los entendemos hoy en día.

Ese entendimiento tiene una paternidad clara. No es fruto de la ingeniería ni la tecnología, sino de un libro. La ciencia ficción muchas veces hace avanzar la ciencia a través de sus historias, y este es un caso paradigmático y visionario. Se trata de la novela Snow crash, de Neal Stephenson.

Su nombre haya quedado quizá opacado por los grandes neones de Ray Bradbury, Isaac Asimov o Philip K. Dick, pero Stephenson es el responsable de imaginar y casi profetizar el futuro.

Con internet en sus albores, el autor estadounidense afiló su mente e ideó las realidades virtuales, tan «reales» en la actualidad, con identidades digitales propias, que habitaban en espacios que hoy llamamos metaversos.

El metaverso, tres décadas antes de internet

La novela Snow crash está ambientada en un futuro distópico que muestra a gobiernos colapsados y a empresas privadas que controlan cada detalle de la vida. El héroe, Hiro Protagonist, es un hacker y repartidor de pizzas que habita con un pie en el mundo real y otro en el virtual, en el metaverso, en el que las personas interactúan a través de avatares.

El argumento hoy en día puede sonar cotidiano, pero cabe recordar que la novela data de 1992. Stephenson acuñó, así, el término «metaverso» mucho antes que Mark Zuckerberg. Y, de paso, describió con antelación muchos aspectos del día a día virtual de este siglo.

Es difícil decidir si de Snow crash impacta más su visión de la tecnología o la capacidad de anticipación en cuanto al impacto de esta en la cultura mundial. El libro muestra una sociedad rota, profetizando el relativismo líquido de la actualidad, y exhibe músculo crítico contra la banalización del conocimiento.

Esto conecta directamente con una de las mayores paradojas de la actualidad. Tenemos a un único clic de distancia todo el conocimiento que ha acumulado la humanidad durante milenios. No obstante, la atención se disipa en segundos.

Y, por otro lado, los dilemas que plantea, como la inteligencia artificial, la vigilancia continua o los ambientes virtuales en los que se desarrolla gran parte de la vida, son, igualmente, los de ahora.

Tres décadas atrás Neal Stephenson moldeó el futuro con su imaginación con un asombroso y profético ejercicio de anticipación. Como si tuviera una bola de cristal. Y Snow crash es el ejemplo perfecto del poder predictivo de la ciencia ficción y como fuente inagotable de inspiración para los avances de la tecnología.

La novela sirve no tanto como mero entretenimiento, más bien como brújula que sigue interpelándonos desde hace más de 30 años. Es como un recordatorio que no para de enfatizar el poder de la imaginación para dar forma al futuro.

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