Es importante inculcar a los más pequeños la pasión por el idioma
Palabras del español que se suelen usar mal (y no lo sabías)
En el hablar del día a día podemos llegar a utilizar de forma incorrecta palabras como «prever» o «acérrimo»
Hablar bien no es lo mismo que hablar mucho. Tampoco es usar palabras largas, técnicas o cultas: es, simplemente, emplear con precisión aquello que queremos decir.
En un idioma tan rico y con tantos matices como el español, no hace falta caer en barroquismos para demostrar dominio; basta con saber lo que decimos… y decirlo bien.
El lenguaje es una herramienta poderosa, pero también traicionera. En español, muchas palabras se han ido deslizando lentamente hacia significados que poco tienen que ver con su sentido original
Las usamos a diario, seguros de que las dominamos, cuando en realidad las estamos retorciendo, simplificando o directamente empleando mal.
A diario, se producen conversaciones o interacciones en redes sociales, o incluso textos académicos y profesionales, que incluyen palabras cuyos autores creen conocer. Términos comunes, de uso frecuente, que todo el mundo cree saber escribir. Hasta que lo analizamos.
Hay malos usos que están tan arraigados que las palabras suenan «raras» cuando se emplean correctamente. Otras parecen inocentes, pero cambian por completo el sentido de una frase. Todas tienen algo en común: nos invitan a pensar antes de hablar.
«Prever» y otros casos de palabras mal usadas
Para realizar bien un trabajo es importante prever. Pero este concepto no es sinónimo de «predecir». Aunque es común que se utilice en este sentido, prever significa «ver con anticipación», según la RAE.
Aunque la acepción que más se ajusta al ámbito laboral puede ser otra: «Disponer o prepara medios contra futuras contingencias».
Además de emplearla en un mal sentido, es habitual ver también esta palabra mal escrita. No es «preveer», sino «prever». En caso de duda, piensa que sólo son dos vocales.
Se puede dar esplendor a un texto, ya sea como alabanza o como crítica, utilizando la palabra «acérrimo». Pero nunca, bajo ningún concepto, uses «aférrimo». Esta palabra no existe. Sin embargo, seguro que más de una vez la has visto.
Caso aparte son los anglicismos que se traducen directamente y se importan sin pasar por el tamiz de una buena adaptación.
Según esta premisa, una «evidencia» no es lo mismo que una «prueba» cuando hablamos de un delito. Es un calco del inglés «evidence».
No obstante, la RAE ya incluye una acepción de «evidencia» que habla de «prueba determinante de un delito», debido a su amplísimo uso. Es un ejemplo similar a «bizarro» como sinónimo de «raro».
Cabe destacar, por otro lado, otro de los errores más comunes y más garrafales. Seguro que has leído y oído mil veces «han habido muchos problemas» (sic), o algo por el estilo. Nunca utilices el verbo haber así. Es impersonal, lo que significa que no varía el número.
En este caso, lo correcto habría sido «ha habido muchos problemas».
Muchas veces creemos que sabemos lo que estamos diciendo, y sin embargo no es así. El lenguaje evoluciona, y parte de esa evolución pasa por la transformación del sentido de las palabras.
Pero si no somos conscientes de esos cambios corremos el riesgo de perder matices esenciales y de empobrecer nuestra forma de expresarnos.