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Detalle del 'Martirio de San Andrés', de Juan de Roellas

Detalle del 'Martirio de San Andrés', de Juan de RoellasMuseo de Bellas Artes de Sevilla

Joan de Roelas, el pintor flamenco que construyó el puente entre el manierismo y el Barroco español

El artista, quizá menos conocido que otros grandes nombres, fue clave para la irrupción de figuras como Velázquez y Zurbarán

El Barroco español es una constelación de estrellas tan rutilantes que cuesta enumerar. No obstante, tanto brillo puede opacar, a veces, a otras figuras rutilantes y que tuvieron un gran impacto en el mundo del arte y la cultura de nuestro país en el (con razón) venerado Siglo de Oro.

Una de estas figuras semiocultas es la de Juan de Roelas. Aunque excluido en ocasiones de los libros de historia del arte, su obra y su legado son fundamentales para comprender el salto del manierismo tardío a un Barroco que comenzaba a despuntar en Andalucía.

Su legado es esencial para entender el profundo impacto que posteriormente tuvieron nombres como Velázquez, Murillo o Zurbarán. Roelas desbrozó los caminos sobre los que luego pudieron brillar estos tres artistas inconmensurables

Natural de Bélgica, se formó y trabajó principalmente en España y aquí fue donde dejó su herencia más rica. Roelas fue un cruce de caminos entre la sobriedad manierista, el dramatismo barroco y la exhaustividad flamenca. Un caso que, aunque sea soslayado por los manuales, fue único.

Un pintor que unió tres mundos

Este pintor flamenco dejó una huella indeleble en la historia del arte de Andalucía al servir como pionero del Barroco andaluz. Roelas se detiene en el dramatismo del gesto e imprime dinamismo en sus obras, lo que es un precursor de la plenitud de la pintura barroca.

Una de sus obras más representativas es el Martirio de San Andrés, una pieza monumental en la que se comienzan a apreciar las rupturas con la rigidez manierista y el pistoletazo de salida de una pintura directa y emotiva.

La intensidad con la que se representa el calvario del santo recuerda al dramatismo que entregaban Murillo y Zurbarán en cada cuadro.

Juan de Roelas fue un gran pintor y un maestro influyente. El artista recaló en Sevilla en un periodo de efervescencia artística, el momento del nacimiento de una generación de pintores que marcarían parte del Siglo de Oro español, en el que su obra tuvo un gran impacto.

El autor no alcanzó la fama en vida que posteriormente tendrían grandes nombres como Velázquez o Murillo, pero su puesto de pionero en el arte lo mantendrá para siempre. Y siempre tendrá su papel como puente entre la rigidez manierista y el triunfo del Barroco que posteriormente dominaría el arte europeo.

Sin embargo, Roelas quizá no ocupa el lugar que, por sus méritos artísticos, merecería en el imaginario popular. Su legado se encuentra disperso en museos y templos, y cada pieza requiere una mirada atenta que quizás choque con la prisa moderna que empapa cada ámbito de la vida.

En una época como la actual, en la que hasta para ver un cuadro parece haber un tiempo limitado, detenerse frente a una obra de Roelas es sinónimo de volver a un tiempo en el que se preponderaba la experiencia estética y espiritual.

Sus escenas hablan de un autor que fue un vínculo que unió tres mundos, símbolo de la transformación efervescente de una época, y de una fe que buscaba, a través del arte, un reflejo de lo eterno sobre lienzo.

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