Autorretrato de Pedro de Orrente
Pedro de Orrente, el pintor que fusionó la tradición veneciana con paisajes de la España del Siglo de Oro
El murciano es el perfecto ejemplo de un maestro de la pintura que el paso del tiempo ha enterrado en el olvido
La España del Siglo de Oro fue uno de los focos culturales más fascinantes de Europa, con el arte en una ebullición sin parangón. Las más grandes figuras de la literatura y la pintura universales convivieron en nuestro país y reflejaron, con su trabajo, una de las mejores épocas artísticas de la historia.
El torbellino que supusieron aquellos años se ha llevado, sin embargo, por delante algunas otras figuras cuyo nombre ha caído en el olvido con el paso de los años, enterrado por el peso de los Velázquez, Cervantes, Murillo y Quevedo y tantos otros ejemplos.
Entre dichas figuras surge con fuerza la de Pedro de Orrente. No es una cuestión de competencia, sino de convivencia, y todas las obras tienen cabida en la historia del arte. Y Orrente heredó de estos maestros el fervor religioso y la búsqueda de la luz como expresión divina.
No obstante, sus lienzos se caracterizan por una sensibilidad más terrenal, que habla de la poesía de lo cotidiano que no deja de lado lo sagrado.
La gran influencia de la pintura veneciana de la que hace gala ha hecho que se le conozca como el Bassano español. Fusionó esta rica herencia con la tradición de su Murcia natal para crear unas pinturas que respiran aire libre y palpitan vida.
La fusión de las tradiciones veneciana y española
Orrente viajó a Italia y entró en el taller de los Bassano, una familia de pintores que se caracterizaba por incluir en sus obras escenas rurales cargadas de contenido bíblico y muy narrativas. Este tipo de pintura supuso un punto de inflexión en la carrera del artista murciano.
Así, el pintor empezó a combinar esta tradición con la tradición española y a plasmar en sus lienzos composiciones bíblicas que se ambientaban en entornos pastoriles. Escenas cargadas de movimiento y humanidad en la que los personajes humanos compartían protagonismo con los naturales e incluso con la propia luz.
Algunas de sus obras más célebres se orientaban a un enfoque más terrenal, como La crucifixión, El sacrificio de Isaac o La adoración de los pastores. Sus pinturas están tratadas con naturalidad, con protagonismo para los gestos y las miradas, y sobre el fondo de paisajes que parecen sacados de la España rural de la época.
Orrente disfrutó en vida del éxito, pero posteriormente le fue negado el reconocimiento de la posteridad. Pese a que parte de sus obras se exhiben en grandes pinacotecas, su nombre ha quedado eclipsado.
El artista representa una mirada al Barroco español diferente, más cercana al pueblo y a la tierra, al relato cotidiano de lo sacro. Su obra es profundamente humanista y, aunque menos grandilocuente, conmovedora.
Pedro de Orrea combinó en sus cuadros la humildad estética y la fuerza narrativa. Frente a la pomposidad barroca, el pintor aporta una mirada única a la efervescencia artística del Siglo de Oro español.