Oreja a Aarón Palacio y Tomás Bastos en el comienzo de la Feria de Begoña, con encastados novillos de La Cercada
Mientras arde casi toda España, en Gijón, una fresca brisa invita al paseo por una ciudad tan hermosa. Y, al caer la tarde, caen también algunas gotas. Mucho público y buen ambiente en el comienzo de la Feria de Begoña
Tomás Bastos le sacó muletazos con mérito al novillo y aguantó parones
En Gijón –recuerdo– organicé, hace años, un homenaje y conocí al poeta y cantante Leonard Cohen. También aquí, me gusta visitar la casa de Jovellanos, uno de los patriotas españoles más limpios de corazón que han existido. En 1994, el entonces Príncipe de Asturias citó unas frases suyas, al homenajearlo: «Como busco el bien de mi pueblo con ánimo claro y desinteresado, nada me detendrá en la exposición de mis ideas». ¿Qué diría Jovellanos, si viviera en la España actual? Quizá repetiría sus últimas frases, en Puerto de Vega: «¡Pobre de mí!... Nación sin cabeza…». Parecen escritas para hoy mismo.
En el coso de El Bibio he presenciado también muchas grandes tardes de toros. Después de la covid, una lamentable decisión puramente política de una alcaldesa del PSOE, Ana González, privó a la ciudad de su Feria taurina, denunciando el nombre de algunos toros. ¡Qué disparate! Lo pagó luego, ni siquiera su partido volvió a presentarla para ese puesto. El error no es exclusivo de ningún partido: ahora mismo, el alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, del PP, se empeña en que se reconstruya la Plaza de Toros de la ciudad para que albergue toda clase de espectáculos… menos las corridas de toros, para las que fue construida. Como escribió Valle-Inclán: «¡Cráneo privilegiado!».
En Gijón, en cambio, el trabajo del empresario, Carlos Zúñiga, inteligentemente apoyado por la alcaldesa, Carmen Moriyón, ha logrado que la Feria de Begoña sea una de las más atractivas del Norte: este año, ya se anuncian cinco festejos. (Me apena el contraste con lo que sucede en San Sebastián: la tradicional Semana Grande se ha reducido este año a tres corridas).
Se abre la Feria con una interesante novillada. (Así debía hacerse en todas las Plazas: es el futuro de la Fiesta). Son reses de La Cercada, ganadería extremeña, de origen Domecq, procedente de Garcigrande y Daniel Ruiz, vía El Freixo (El Juli). Su propietario es Miguel Moreno, hijo del recordado rejoneador Gregorio Moreno Pidal. En general, sacan casta y algunas dificultades. Aarón Palacio y Tomás Bastos, con empeño, logran cortar un trofeo.
Lesionada la anunciada Olga Casado, acierta la empresa al sustituirla por el aragonés Aarón Palacio, uno de los novilleros actuales con mayor proyección, que tomará la alternativa el 20 de septiembre en Nimes.
El primero es justo de fuerza pero noble. Aarón muestra variedad con el capote; firmeza y poderío, con la muleta. Corre bien la mano en los naturales. Necesita un animal con más fuerza, para brillar. De rodillas, sufre una voltereta. Pierde el trofeo por los aceros.
Acude a porta gayola en el cuarto (se coloca muy lejos, como ahora es costumbre, algo que me parece muy discutible). Cuando el novillo arrea, recurre a las chicuelinas (los malos usos de la tauromaquia actual). El encastado novillo recibe un buen puyazo de Pedro Geniz. A un animal que humilla poco, no es adecuado comenzar con muletazos por alto, dejándolo pasar: lo paga luego porque el novillo embiste a media altura. Aarón está firme y mata con decisión pero caído: oreja.
Aarón Palacio
Se anuncia como El Mene –igual que hacía su padre– otro novillero aragonés, Iker Fernández Aliaga: por su seria expresión y hasta por su peinado, recuerda a novilleros de hace décadas. Todavía no ha cumplido los 21 años. Lo he visto a buen nivel en las Fallas y en Las Ventas.
El segundo humilla y repite, con codicia. El Mene, voluntarioso, se queda quieto y le da muchos muletazos, sin acabar de cogerle el ritmo. A la segunda, logra una buena estocada y saluda.
Acude pronto al caballo el quinto pero sale suelto, incierto. El trasteo es desigual, más de aguante que de mando, mientras el público corea el «¡Que viva España!». Para un novillo que se quiere ir, las manoletinas no son adecuadas. Falla al matar.
La matadora Cristina Sánchez, que acaba de publicar un interesante libro, Mujer y torero, apodera al portugués Tomás Bastos, de una ciudad tan taurina como Vila Franca de Xira, que ha sido alumno de la Escuela de Badajoz. Con sólo 18 años, dejó impresión de firmeza en Las Ventas y acaba de ganar el Circuito Extremeño de Novilladas.
El tercero embiste bien pero a mitad de faena se raja. Tomás se muestra firme y mandón, de rodillas y de pie. El novillo ha ido a menos y la faena se queda a medias . Se vuelca bien con la espada pero el encastado novillo se resiste a doblar y falla con el descabello.
Recibe a porta gayola al último, que acude pronto al caballo pero protesta. Brinda a Carlos Zúñiga, el empresario. Aunque se ha hecho de noche y el agua arrecia, Tomás le saca muletazos con mérito, aguanta parones y logra una buena estocada: oreja.
La novillada ha durado más de dos horas y media: es demasiado, aunque ahora sea lo habitual. Los tres novilleros han mostrado voluntad pero han dado demasiados muletazos y han matado bastante mal: si lo hacen las figuras, cómo no lo van a hacer los jóvenes que luchan por abrirse camino pero es un error: ¡el sentido de la medida! Y han de mejorar con la espada (no digamos, con el descabello).
Al salir del Bibio, las «gotas de lluvia que caen sobre mi cabeza», de la película Dos hombres y un destino, se han convertido ya en lluvia. Para ver toros, no es bueno pero escucho decir a El Juli: «Con lo que está cayendo por allá abajo, se agradece». Tiene razón.
POSTDATA. En mi vida me habían llamado muchas cosas pero, hasta ahora, nunca me habían dicho que mi cultura es hemipléjica porque soy aficionado a los toros. Lo hace ahora un amable lector de El Debate. Por la novedad, me ha hecho bastante ilusión situarme junto a otros muchos hemipléjicos: Moratín, Goya, Picasso, García Lorca, Rafael Alberti, Gerardo Diego, Miguel Hernández, Pérez de Ayala, Bergamín, Hemingway, Orson Welles, Eisenstein, José María de Cossío, José Caballero, Adriano del Valle, Montherlant, Camilo José Cela, Carmen Martín Gaite, Antonio Gala, Tierno Galván, Paco Nieva, Paco Brines, etcétera, etcétera. Como a todos ellos les apasionaba la Fiesta, tenían, todos, esa cultura hemipléjica, según el amable lector. Ya saben: hemipléjicos unidos…