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Bruce Springsteen en concierto en una imagen de archivoFava/TSCK/LiveMedia/Shutterstock/GTRES

50 años de ‘Born to run’, la gran carrera de Bruce Springsteen hacia la eternidad

El mítico álbum del Boss, el tercero de estudio de su carrera, cumple hoy medio siglo con la vigencia de los clásicos

«Vagabundos como nosotros, cariño, nacimos para correr», se desgañitó, por primera vez, hace hoy 50 años Bruce Springsteen al cantar Born to run. El mítico disco del Boss, al que da nombre una de sus canciones más célebres, es el tercero de estudio de su carrera tras Greetings from Asbury Park, N. J. y The wild, the innocent and the E Street Shuffle, y cumple medio siglo este 25 de agosto.

Springsteen contaba solo 25 años y ya había grabado dos álbumes que recibieron buenas críticas, pero no una gran acogida popular. Así que el encargo estaba claro: Bruce tenía que trascender y llegar a la gente. Y vaya si lo hizo. El Boss tradujo su inmenso caudal de energía en ocho canciones que revolucionaron su carrera.

Born to run contiene muchos de los grandes clásicos de Springsteen, aquellos que, medio siglo después, no faltan en ninguno de sus conciertos. Cada actuación de Bruce es un despilfarro de la electricidad interna que le recorre desde sus inicios, y que contagia a todo el público. Y cortes como Thunder road o Born to run son los grandes culpables.

El disco fue su última bala en la recámara, pero acertó, afortunadamente, de pleno en la diana. Bruce triunfó en todo el mundo y caló en el público hasta la médula, hasta convertir su torrente de voz en la banda sonora de muchas vidas. Hasta convencernos de que todos nacimos para correr.

La plenitud de una joven estrella

El disco empieza con una armónica nostálgica y un piano enérgico, que preludian la voz pletórica de Springsteen en Thunder road. Todo hace presagiar una canción tranquila, pero no. Llega el estribillo, rompe la batería. El Boss se desata, está en plenitud y la E Street Band, pletórica.

Y empieza el derroche de virtuosismo de puro rock and roll. Born to run catapultó a Bruce a la fama y a los corazones y la memoria sentimental de todo el mundo. Consolidó la figura del Boss y le allanó el camino para el Olimpo de la música de los últimos 50 años.

Pero fue con Born to run, la canción, con la que Springsteen alcanzó la apoteosis. El tema es como una presa que se desborda por el agua incontenible que pretende sujetar y no puede, como un rodillo que clama libertad y perfección técnica. Born to run es un reclamo, una llamada a la aventura.

Los «vagabundos como nosotros» no son los protagonistas de la canción, sino la metáfora en la que se apoya el narrador para clamar por romper cadenas, sean cuales sean. «¿Caminarás conmigo por la cuerda floja? Porque, nena, solo soy un jinete asustado y solitario. Pero tengo que descubrir cómo se siente, quiero saber si el amor es salvaje. Chica, quiero saber si el amor es real», gritaba Springsteen.

Es imposible escuchar los primeros acordes de la canción y no sentir la necesidad de emular el título y correr, hacia donde sea, pero guiado por la música y por el ansia de libertad. Born to run destroza ataduras creando vínculos que jamás se romperán porque los ha forjado el arte, uniones fuertes que ensamblan corazones soñadores que miran al horizonte al alba de un nuevo día tras toda una jornada de frenesí.

Todos hemos tenido a una Wendy, la Wendy de la canción, con la que soñábamos, y con la que nos imaginábamos a nosotros mismos escapando al ocaso, de los peligros que nos acechan, en un descapotable. Porque eso es la protagonista de Born to run: no una mujer, sino un sueño, una aspiración, un pensamiento libre. El reflejo de lo que queríamos.

«Juntos, Wendy, podemos vivir con la tristeza. Te amaré con toda la locura de mi alma. Algún día, chica, no sé cuándo, llegaremos a ese lugar al que realmente queremos ir y caminaremos bajo el sol. Pero hasta entonces, vagabundos como nosotros, cariño, nacimos para correr», concluye la canción.

Mientras tanto, mientras se realizan nuestros sueños y cada vez que miramos al cielo naranja que marca el final del día, cuando las esperanzas mueren para renovarse al día siguiente, seguiremos corriendo. Porque es para lo que nacimos, porque a veces seguir adelante es lo único que se puede hacer.

Sin embargo, siempre hay que vigilar que en ese descapotable en el que viajamos, con Wendy de copiloto, en el maletero sigan nuestras esperanzas y nuestras ansias de libertad. Porque para eso nacimos.