Los Stones y The Verve mantuvieron un litigio durante más de dos décadas
El conflicto entre The Verve y los Rolling Stones por una de las canciones más emblemáticas del britpop
Los derechos de Bittersweet symphony desataron un litigio entre los dos grupos que tardó más de 20 años en resolverse
Los años 90 en el Reino Unidos fueron los años del britpop, que gobernaban con puño de hierro Oasis y Blur. Otros grupos, como Pulp, también aspiraron al trono, pero la expectación que ha rodeado, y seguirá siendo así, el regreso de los hermanos Gallagher, juntos, a los escenarios deja claro que la corona la llevaban los de Mánchester.
No obstante, si pensamos en el género predominante en la escena musical de los 90, con permiso del grunge, una de las primeras canciones que se viene a la cabeza es Bittersweet symphony, de The Verve. Esas notas de cuerda iniciales son tan reconocibles como perdurables.
La canción se inscribió en el tercer álbum de la banda, Urban hymns, de 1997. E inició un litigio contra un gigante que no se resolvería hasta 20 años después. «La vida es una sinfonía agridulce», cantaba Richard Ashcroft al comienzo de la canción. Y vaya si lo fue.
La canción que le dio la fama no les generó, hasta 2019, derechos de autor, pues pertenecían a Mick Jagger y a Keith Richards. Los mismísimos Rolling Stones. El exmánager de los Stones demandó a Ashcroft por haber usado un arreglo orquestal de una de sus canciones. Esta es la historia del litigio que mantuvieron ambas bandas durante más de dos décadas.
Los Stones contra Ashcroft: una historia de derechos de autor
Mick Jagger y Keith Richards escribieron The last time, una canción que se publicó en 1965. Más de 30 años después, The Verve publicó Bitttersweet symphony, cuyo famoso inicio de cuerda se inspiró en un arreglo orquestal de la primera canción.
La banda de britpop solicitó permiso para utilizar cinco notas del tema, pero no del publicado, sino de una versión grabada por la Andrew Loog Oldham Orchestra (Andrew Loog Oldham fue el mánager original de los Stones). El permiso fue concedido, de forma limitada.
Pero otro mánager de Sus Satánicas Majestades, Allen Klein, consideró que Ashcroft y The Verve habían empleado más de lo establecido, y les demandó. El resultado: los derechos de autor de la canción pasaron a Jagger y Richards, que en los créditos aparecían también como compositores de Bittersweet symphony.
Y así fue durante más de 20 años, hasta 2019, cuando los Stones decidieron devolverle a Ashcroft los derechos de su canción más famosa, que catapultó a The Verve a la fama mundial. La sinfonía agridulce e irónica de la vida, supongo.
Resulta curioso pensar que la criatura de The Verve, la que les proporcionó estrellato y prestigio, no fue enteramente suya hasta hace poco. Su creación pertenecía, a la vez, al público, que cada vez que la oye no puede evitar tararear las notas iniciales, y a los Stones.
Esta lucha de gigantes marcó una época en la música británica y, de paso, dejó una lección para el futuro: lo amarga, o agridulce, que puede ser la música cuando entra en terrenos judiciales pantanosos.
No obstante, en la actualidad The Verve puede declarar con firmeza que Bittersweet symphony es verdaderamente suya.