Imagen de archivo de la cruz de la Plaza de la Paz de Dueñas, en Palencia
El desconocido simbolismo cristiano de este famoso refrán internacional
«Tocar madera» es un dicho empleado para pedir suerte. Aunque su origen es incierto, una teoría apunta a que sus raíces son cristianas
Existen expresiones y dichos que repetimos casi sin pensar ni preguntarnos sobre su origen. Se trata de un acto reflejo cultural. Por ejemplo, para invocar la buena suerte, evitar la mala o intentar que no se cumpla la ley de Murphy decimos, con total naturalidad, «toco madera».
Al pronunciar estas palabras, se toca una mesa o cualquier superficie de este material. Este simple gesto procede de una tradición milenaria y es testigo de creencias ancestrales. Aunque el origen del refrán es incierto, una de las teorías sobre sus raíces señala un profundo simbolismo cristiano.
¿Por qué madera y no, por ejemplo, metal? ¿Qué hace de este material una especie de «talismán» que trasciende fronteras? Aunque suene trivial, «tocar madera» es una expresión hija de la cultura occidental más acérrima: el cristianismo. Es casi un ritual que ha sobrevivido durante cientos de años.
Cada vez que tocamos madera estamos continuando una tradición oral milenaria y formando parte de la tan humana necesidad de sentir que controlamos algo tan ajeno a nosotros como el mismo azar, aunque sea en la forma de un ritual simbólico que desgasta las sillas buenas.
Tocar la cruz de Cristo para protegerse
Con la expansión del cristianismo por Europa se popularizó la creencia de que tocar, aunque fuera de forma simbólica, la cruz en la que Jesús fue crucificado, invocaba la protección divina.
Tocar la madera se convirtió en una alusión directa a tocar la cruz de Cristo, en un gesto que escondía un acto de fe y de resguardo espiritual en busca de ahuyentar todo lo malo que podía pasar.
No obstante, no se conoce el origen exacto de la expresión «tocar madera». Otra teoría lo sitúa en las culturas celtas y germánicas, para las que posar la mano sobre los árboles era una forma de pedir protección.
No es un refrán enteramente español, sino que es un dicho compartido por muchas lenguas europeas, en esta o en diferentes formas. Por ejemplo, en inglés se dice «knock on wood»; en alemán, «auf Holz klopfen» y en francés, «toucher du bois».
Cuando decimos «tocar madera» no estamos utilizando una expresión superficial (si es que eso existe dentro del refranero español), sino que usamos una herencia milenaria que hunde sus raíces en las más profundas creencias occidentales.
Cada vez que tocamos madera conectamos con esa parte ancestral de nosotros que busca la protección de lo divino, la seguridad de que, aunque muchas cosas de este mundo escapan a nuestro control, hay otras que, por encima de la superficie, cuidan de nosotros.
El refrán no es mera fórmula, es una barrera, una red que nos recoge cuando más lo necesitamos. Es saber que se es parte de una tradición y una creencia que perdura desde tiempos remotos por la necesidad puramente humana de saberse protegido.