Los integrantes de losBeatles Ringo Starr, George Harrison, John Lennon and Paul McCartney en 1964.
La canción que marcó el final de los Beatles, un canto a la nostalgia para el fin del verano
Paul McCartney compuso el tema The long and winding road en la soledad de su granja de Escocia
Septiembre, contradiciendo a T. S. Eliot, es el mes más cruel, y no abril. Este es el mes de la nostalgia. Las nubes se empiezan a cernir sobre el cielo azul de los interminables días del verano. Septiembre invita a la soledad y abril a la compañía; el fin del verano es la época de pensar, de reflexionar. Y eso lleva, indefectiblemente, a la nostalgia.
Y no necesariamente a la nostalgia del estío, también puede ser a la de cualquier tiempo pasado, que siempre fue mejor. Cuando los días eran más sencillos. Cuando estabas en la cima. Pero todo lo que sube baja, y el camino del descenso es largo. Y siempre acaba llegando el viento.
Paul McCartney estaba solo en su granja de Escocia cuando se sentó al piano y empezó a componer la arquitectura de esa nostalgia. Comenzó a tocar y el resultado fue The long and winding road. Todo en esta canción huele a final. A conclusión. Se acabó, como el de este año, el verano de los Beatles. Llegaba el otoño.
La canción fue el último número uno de los Fab Four en Estados Unidos y se incluyó en su último disco, Let it be, en 1970. The long and winding road es una puerta que se cierra, una habitación vacía que, sin embargo, invita a quedarse porque, por lo menos, conoces las paredes. Es un himno a la melancolía.
El final del verano de los Beatles
Voz y piano se entrecruzan en The long and winding road cuando comienza, pero desde su inicio da la sensación de ser un final. Desde sus primeras notas la canción crea una atmósfera de nostalgia, de tiempo que queremos detener pero no podemos. El tema duele, pero no a gritos, sino en silencio.
«La noche salvaje y ventosa que la lluvia se llevó ha dejado un charco de lágrimas de llorar por el día. ¿Por qué me dejas aquí? Dime cuál es el camino», susurraba McCartney al pasado.
El piano pausado y la voz serena del artista preponderan la contención frente al grito desgarrador. Los Beatles escogieron la ternura de la resignación para explicar que hay batallas que no se pueden ganar; sobre todo si la lucha es por recuperar el tiempo perdido. Carpe diem, dijeron los más sabios.
Quizá de forma involuntaria, o quizá no, pues las tensiones entre John, Paul, George y Ringo ya eran conocidas, The long and winding road se convirtió en el canto de cisne más bello que los Beatles pudieron publicar. Se ponía el sol del verano de los Fab Four, pero el recuerdo de su estío permanecería para siempre.
La benevolente melancolía de la canción no habla de un romance que se apaga ni de una banda legendaria que se separaba, sino que cuenta la historia de la vida que se nos escapa sin que nosotros podamos hacer nada. No podemos luchar contra los segundos, por mucho que nos empeñemos.
Ahí está la clave que, desde el comienzo, y más de medio siglo después de su publicación, The long and winding road siga tocando las fibras más profundas del alma, porque nos cuenta que hemos perdido. Por muy sinuosos y largos que sean los caminos que recorremos, hay algunos no nos llevan al lugar que soñamos.