Hallan en Argentina una pintura barroca robada por los nazis a un coleccionista judío neerlandés
Hallan en Argentina una pintura barroca robada por los nazis a un coleccionista judío neerlandés
La obra, atribuida al italiano Giuseppe Ghislandi y desaparecida durante ocho décadas, apareció en una vivienda vinculada a la familia de un jerarca nazi refugiado en el país
Una investigación internacional permitió dar con una obra barroca desaparecida desde la Segunda Guerra Mundial, cuyo rastro se perdió tras haber sido confiscada a un coleccionista judío en Países Bajos por el régimen nazi. El cuadro, «Retrato de una dama», pintado en 1710 por el retratista italiano Giuseppe Ghislandi (1655–1743), fue localizado recientemente en Argentina gracias a una inesperada pista: una fotografía publicada en un aviso inmobiliario.
La pintura, desaparecida durante más de 80 años, se encontraba en poder de los descendientes de Friedrich Kadgien, un influyente financista de las SS que se exilió en Argentina tras la guerra y falleció en 1978. Su hija, Patricia Kadgien, fue detenida bajo arresto domiciliario junto a su esposo después de varios allanamientos en los que inicialmente no se había dado con la obra. Ambos reconocieron ser los actuales poseedores y reclaman su pertenencia como parte de la herencia familiar, alegando que cualquier acción legal estaría prescripta. Sin embargo, el marco jurídico internacional establece que, tratándose de bienes vinculados a un genocidio, los delitos no caducan.
El hallazgo fue dado a conocer por el fiscal Daniel Adler en Mar del Plata, quien relató que el abogado de la heredera se presentó espontáneamente para entregar la pintura, lo que permitió preservar la obra e iniciar peritajes sobre su autenticidad. Según el especialista en arte Ariel Bassano, que participó en los trabajos judiciales, la pieza se encuentra en buen estado de conservación y podría alcanzar un valor aproximado de 50.000 dólares.
El descubrimiento no fue fruto de una pesquisa policial tradicional, sino del trabajo periodístico. El reportero neerlandés Peter Schouten, en el marco de una investigación sobre la figura de Kadgien padre, visitó la vivienda de su hija en Argentina. Aunque no logró entrevistarse con ella, observó un cartel de venta en la fachada. Al revisar las imágenes publicadas por la inmobiliaria, detectó el cuadro en una de las fotografías del salón, colgado sobre un sofá verde. Convencido de que se trataba de la pieza desaparecida, remitió la información a instituciones oficiales de los Países Bajos, que confirmaron la coincidencia. Poco después, la imagen fue retirada del anuncio.
El descubrimiento no fue fruto de una pesquisa policial tradicional, sino del trabajo periodístico
La aparición del cuadro abre un nuevo capítulo en el debate sobre la restitución del patrimonio expoliado por el nazismo y el papel que desempeñó Argentina como destino de jerarcas y colaboradores del régimen tras la guerra. Aunque todavía falta una verificación definitiva de su autenticidad, el caso ha reactivado los esfuerzos de Interpol y de la justicia argentina para esclarecer la ruta seguida por la pintura desde su robo hasta su llegada al país sudamericano.
Más allá de su valor económico, la obra representa una pieza de memoria histórica: un símbolo de cómo los bienes culturales fueron arrebatados a familias judías perseguidas y, décadas más tarde, resurgen como testigos incómodos de un pasado que aún interpela.