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Imagen promocional para el álbum debut de The DoorsWikipedia

Desde su debut revolucionario hasta un álbum póstumo surrealista: 60 años de los Doors

El mundo de la música celebra los 60 años del nacimiento de The Doors

La banda estadounidense de rock psicodélico The Doors nació en septiembre de 1965 cuando los recientemente reunidos Ray Manzarek (quien tuvo la iniciativo y verdadero líder del grupo), Jim Morrison (vocalista y alma de la banda), el guitarrista Robby Krieger y el batería John Densmore grabaron su primera maqueta con cinco canciones.

Unos meses antes, Morrison y Manzarek habían estado trasteando con prototipos de canciones en la playa californiana de Venice. Ambos se conocían de tiempos de la Universidad de California. El encuentro en Venice fue casual y provindencial.

En concreto, le recitó el poema Moonlight Drive y, además, lo hizo cantando en estilo blues. Manzarek (pianista y compositor musical) quedó fascinado por la voz de Jim Morrison, por su registro sonoro inusual, pero también por su letra vanguardista, y su comprensión del blues.

Porque Manzarek era un loco del blues y, oh casualidad, planeaba en ese momento crear una banda de blues-rock. Esa noche, y las que vendrían en adelante, cacharrearon con las letras de Morrison y las ideas de Manzarek, y ese poema que había lo obsesionaba: Moonlight Drive. La canción se publicaría en el segundo álbum de los Doors, Strange Days, y es todavía hoy una canción fundamental de la historia del rock.

En las semanas siguientes su unirían a la banda Robby Krieger y John Densmore. La idea del nombre vino de Jim Morrison, lector voraz conocedor de la obra de William Blake y Aldous Huxley.

¿Qué tienen que ver estos dos escritores tan diferentes y separados por 157 años de diferencia entre la muerte de Blake y el nacimiento de Huxley?

Blake escribió unos famosos y difícilmente comprensibles versos en los que dice: «Si las puertas de la percepción fueran depuradas, todo aparecería ante el hombre tal cual es: infinito».

El poema inspiró el célebre ensayo de Aldous Huxley sobre las drogas de diseño y la psicodelia: Las puertas de la percepción.

The Doors desarrollaría un particular estilo de rock psicodélico, donde el blues sería el género predominante, con gran protagonismo del teclado de Manzarek y el peculiar modo de tocar la guitarra por parte de Krieger, cuya formación clásica le llevó a tocar la guitarra eléctrica con los dedos (como un guitarrista clásico) y no con la púa, y a tomar determinados recursos de la guitarra clásica.

Pero, es indudable, el alma del grupo era Jim Morrison. The Doors habría pasado por la historia del rock sin pena ni gloria si no hubiera sido por la arrolladora personalidad, sus extravagancias y el misticismo que proyectaba sobre el escenario.

Morrison era el 90 % de los Doors, pese a que una y otra vez parecía empeñado en destruir la banda con sus esperpentos, su abuso de las drogas y el alcohol y su carácter autodestructivo, bohemio y maldito.

The Doors se hicieron famosos antes ni siquiera de sacar su primer álbum. Por eso ese primer disco, titulado simplemente como The Doors, salió de la cadena de montaje de pelotazos discográficos de Elektra con garantía de éxito.

Sus actuaciones en vivo en el The London Fog y, sobre todo, en Whisky a Go Go los hicieron célebres. Solían terminar sus espectáculos con el tema The End, una canción escrita por Jim Morrison nihilista, oscura y en la que solía improvisar parte de la letra sobre la marcha.

The End tiene como trasfondo el complejo de Edipo y los problemas del mismo Morrison con sus padres. Por es no es de extrañar que cuando soltó la frase «¿padre? Sí, hijo. Quiero matarte. ¿Madre? Quiero f…» terminaran expulsados del local con la prohibición de volver a tocar.

La historia de The Doors habría terminado ahí si no fuera porque un ojiplático Jac Holzman, presidente de Elektra Records, estuviera presente en esa actuación y les ofreciera un contrato para sacar un primer disco.

Vendrían otros cinco más un álbum póstumo tras la muerte de Morrison. The Doors se convirtieron en un fenómeno de masas. «Más famosos que los Beatles», decía la prensa. Cierto es que eso mismo se ha dicho hasta de Taylor Swift.

Y, sin embargo, la deriva autodestructiva de Jim Morrison no terminó ahí. Durante un concierto en Miami el 1 de marzo de 1969 Morrison simuló un acto sexual en el escenario. O al menos es dijeron los testigos. Él lo negó. El escándalo fue letal para la banda y para el mismo Morrison. La policía arrestó al propio Morrison sobre el escenario por escándalo público.

Con todo, The Doors siguió dando conciertos. Hasta el 12 de diciembre de 1970. Esa noche, el Warehouse de Nueva Orleans, un Morrison con sobrepeso, tambaleante, oculto tras una espesa barba y unas gafas de sol, tuvo que suspender el concierto cuando se dio cuenta de que no podía sostenerse en pie.

Desencantado y acosado por la justicia por el asunto de Miami el año anterior decide poner tierra de por medio y marcharse con su novia, Pamela Courson, a París. Se instalan en una casa del barrio de Le Marais. Nunca lo llegó a comunicar oficialmente a Manzarek ni al resto de la banda, pero, para él, oficialmente había terminado su etapa en los Doors.

Morrison quería desarrollar una nueva carrera al margen de la música y las masas de fans. Quería desarrollar su vena poética, su verdadera vocación. Recorría las calles de París solo, vagando sin rumbo. Escribía poemas en papeles que luego guardaba descuidadamente en los bolsillos, o que tiraba de cualquier manera en cajones. También grababa cintas magnetofónicas con reflexiones y poemas.

La deriva autodestructiva con las drogas y el alcohol fue en aumento. El 3 de julio de 1971, por la mañana, Pamela Courson lo encontró muerto en la bañera. Fue enterrado en el parisino cementerio del Père-Lachaise.

Tras su muerte The Doors sacaría otros dos álbumes con otras voces, pero el verdadero álbum póstumo de los Doors fue An American Prayer, un álbum elaborado a partir de las grabaciones privadas de Jim Morrison que la banda musicalizó.