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'Saturno devorando a su hijo', de GoyaMuseo del Prado

¿Qué nos pasa con el imperativo? El error gramatical cada vez más extendido en España

Los hispanohablantes suelen encontrar escollos en algunas normas gramaticales: la difícil relación entre imperativo e infinitivo es una de ellas

En el final del célebre relato de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas, el traficante de marfil Kurtz, aislado en la selva aguas arriba del río Congo –adonde ningún explorador ni cruel esclavista había logrado llegar a la búsqueda marfil y mano de obra esclava había logrado llegar–, exclama como último grito antes de morir consumido por la malaria las inquietantes e insondables palabras: «El horror, el horror».

El significado de ese grito silencioso ha hecho correr ríos de tinta pero, puestos a proponer una hipótesis, no sería descabellado pensar que el malogrado traficante clamaba contra el mal uso del imperativo y su confusión con el infinitivo.

«Juanito y Pepito: recoger vuestros escritorios» (por «recoged vuestros escritorios), o «mirar lo que habéis hecho» (por «mirad lo que habéis hecho»).

Aunque resulte sorprendente, una gran cantidad de españoles licenciados universitarios, con profesiones intelectuales y hasta con puestos de responsabilidad, son incapaces de diferenciar el infinitivo del imperativo.

La situación es tan grave que la misma Real Academia Española, por medio del portal FundéuRAE, ha decidido aclarar el uso del imperativo en unas pocas líneas, para que sea comprensible por todos.

«Aunque frecuente, es incorrecto emplear el imperativo con una forma acabada en ‘-r’, que coincide con el sufijo del infinitivo, para la segunda persona del plural (‘callar, niños’; ‘callaros, niños’). Pero, como dice Leonardo Gómez Torrego en su Gramática didáctica del español (pág. 145), es válida la forma del infinitivo con valor imperativo cuando va precedida de la preposición ‘a’ (‘¡a callar!’) o cuando se emplea para dar órdenes no a interlocutores concretos, sino al público en general (‘No tocar’)».

Y como los españoles somos tan dados al tremendismo, la reacción al empleo del infinitivo en lugar del imperativo ha dado paso al fenómeno contrario: al uso del imperativo para todo. Un fenómeno que, por otra parte, se ha visto también con el problema del dequeísmo y el queísmo.

Así, hemos pasado del «salir de mi casa» (en lugar de «salid de mi casa»), al «no tocad» (en vez de «no tocar») o «cuando suene el silbato, tenéis que corred» (en lugar de «tenéis que correr»).