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Un micrófono abierto pilla a Zapatero reconociendo que "ya no me da tiempo a comprar y leer tantos libros"

Montero regala a Zapatero un ejemplar de 'La península de las casas vacías'

El PSOE y la izquierda española tratan de capitalizar el éxito de esta novela sobre la Guerra Civil

María Jesús Montero regaló a Zapatero un ejemplar de La península de las casas vacías de David Uclés

A estas alturas, pocos en España no han oído hablar todavía de David Uclés y de su excelente novela La península de las casas vacías.

El libro, que ya va por su edición XVII y más de 200.000 ejemplares vendidos, es un soberbio y extenso ejercicio por aproximarse a la Guerra Civil sin sectarismos ideológicos, con objetividad y sin instrumentalizar el dolor de las víctimas del conflicto.

Uclés parece ser de los pocos en España que han comprendido que una guerra que ocasionó un trauma y una herida en unos y otros tan profunda que todavía hoy sigue siendo motivo de disputa y hasta de odios, hay que tratarla sin ánimo de rencor ni sin odio al rival político de hoy.

Lo decía en una entrevista que concedió hace unos meses a El Debate, «para hablar de la guerra hace falta quitarse las gafas políticas contemporáneas, si no, es imposible».

En esa entrevista hizo muchas más declaraciones que muestran la finalidad con la que se escribió la novela: «Yo no he querido ser imparcial, porque es imposible. Yo lo que he querido es ser objetivo. Es decir, todo lo que he investigado lo he contrastado y lo he plasmado, independientemente de que lo que yo plasmara se acercara más a mi pensamiento político contemporáneo».

La península de las casas vacías busca aproximarse a la Guerra Civil en toda España y a lo largo de todos los años que duró la contienda desde la perspectiva de una familia y empleando como recurso el realismo mágico.

Es, precisamente, ese empleo del realismo mágico lo que ha asombrado a lectores y críticos y lo que, seguramente, se sitúe en el éxito de la propuesta. Evidentemente, es una novela muy bien escrita, compleja, larga, con personajes muy bien construidos, con alma de clásico que se disfruta y que, en absoluto, alimenta fantasmas del pasado, más bien lo contrario.

Por eso, resulta tan triste que, desde el ámbito político, se vuelva a tratar de instrumentalizar un producto puramente cultural, con una intencionalidad encomiable y que no busca funcionar como arma ideológica arrojadiza.

Sin embargo, es evidente que al tratarse de un tema como la Guerra Civil, el peso ideológico se acaba imponiendo. Uclés se define ideológicamente de izquierdas, así lo hizo en la entrevista con El Debate, y en la novela no esconde sus simpatías hacia el bando republicano. Pero eso no le lleva a idealizar la Segunda República o a ocultar sus errores o los crímenes de los milicianos. Más bien al contrario. En esta novela queda claro que las víctimas las hubo en ambos bandos.

Obviamente, a una novela le conviene que se recomiende, que se hable de ella y que se difunda. Pero, en el ámbito político español, nada hay casual.

Durante un acto electoral del PSOE el pasado 4 de octubre, la vicepresidenta del gobierno, ministra de Hacienda y líder del PSOE en Andalucía, María Jesús Montero, regaló al expresidente y gurú ideológico de Pedro Sánchez, José Luis Rodríguez Zapatero, un ejemplar de La península de las casas vacías.

Y lo hizo públicamente, de forma ostentosa, aprovechando un micrófono convenientemente abierto. ¿Se está tratando de aprovechar el PSOE del éxito de La península de las casas vacías con fines ideológicos? Flaco favor le hacen a una novela que deberían leer por igual, y disfrutarla por igual, votantes del PSOE, del PP, de Vox, de Podemos y hasta Puigdemont.

Lo cierto es que el ámbito cultural y político de la izquierda española ha salido en tromba a arropar a Uclés y su novela. El escritor pasó por el plató de Buenafuente en TVE, Dani Rovira la alabó diciendo que en ese «kilito de libro» se encierran «toneladas de dignidad histórica».

Iñaki Gabilondo aseguró que «es un libro extraordinario que v a quedar en la historia de la literatura de nuestro país», y seguramente tenga razón.

Ian Gibson se reconoció «asombrado y agradecido» tras leer la obra. Luis García Montero también la recomendó: «imaginación, historia, buena prosa y creatividad ética».

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