Jornada de caza de Miguel Delibes con uno de sus nietos
Entrevista a Germán Delibes, escritor
«A Delibes incluso se le ofreció más dinero del que le correspondía por el Planeta, pero lo rechazó»
El Debate entrevista a Germán Delibes, nieto de Miguel Delibes y autor de 'El abuelo Delibes'
Miguel Delibes es uno de los escritores españoles esenciales de la literatura de la segunda mitad del siglo XX.
Novelas como La sombra del ciprés es alargada, Señora de rojo sobre fondo gris, Los santos inocentes, El camino o Las ratas son obras maestras de nuestras letras salidas de la creatividad y del dominio de la lengua y la narrativa de Delibes.
Sin embargo, la imagen pública del escritor vallisoletano no siempre coincide con su carácter real, con el modo en que era en familia y en su vida privada.
Uno de sus nietos, Germán Delibes, revela en su libro El abuelo Delibes (Destino) muchos detalles de la vida privada del Premio Cervantes con detalles algunos conocidos, otros que son verdaderos descubrimientos para el lector
–¿Cómo era el abuelo Delibes?
–Era un abuelo normal y corriente en un primer momento, y luego, a medida que te vas haciendo mayor, que vas cumpliendo años, te das cuenta de que tienes un abuelo diferente, un abuelo escritor y un abuelo con el que realmente pasas menos tiempo que si tuvieras un abuelo al uso: él estaba metido en toda esa vorágine de escribir, de hacer entrevistas, sus cacerías, sus pasiones…
Cubierta del libro
Al final no deja de ser un abuelo diferente, pero también un abuelo muy cercano y muy distinto del que se mostraba de cara al público. Siempre se pensó que Delibes era un hombre seco, huraño y, aunque no dejaba serlo fuera del ámbito familiar, porque era un personaje con pocas habilidades sociales, dentro de la familia mostraba un carácter mucho más alegre, distendido, que fuera de ella.
–Cuesta imaginarse a Miguel Delibes jugando al tenis…
–Pues es curioso, porque Delibes jugaba al tenis cuando era joven, luego lo dejó y a los 65 años, ya mayor, volvió a retomar este deporte con mucha pasión. Eso le llevó a construir, como cuento en el libro, una cancha de tenis en su pueblecito burgalés donde veraneaba, en Sedano, donde disputábamos partidos en la modalidad de dobles, porque si fueran partidos individuales, ya con cierta edad, uno ya no tiene la capacidad de jugar contra los jóvenes.
El autor del libro y nieto de Miguel Delibes, Germán Delibes
Pero, como él siempre decía, se acompañaba de un joven que corriese a por las dejadas. Era un tipo muy competitivo y le gustaba mucho practicar el tenis, y cuando ya no pudo hacerlo, se hizo un gran seguidor de este deporte a través del televisor.
–El Delibes cazador, sin embargo, es una imagen que sí tiene el público en general en su cabeza como asociada al escritor.
–Son muchos sus diarios de caza compartidos por el propio Delibes. De los dieciocho nietos, cuatro hemos salido cazadores y gran parte de la culpa de que lo seamos es de aquellas incursiones al campo que hacíamos de pequeños con Delibes.
–¿Qué era la caza para Miguel Delibes?
–Él siempre transmitió que recibió una herencia muy importante de su padre, que era el amor por la naturaleza, y ese amor y pasión por la naturaleza se mostraba en esas salidas al campo. Incluso los momentos más dolorosos, como él cuenta, los pudo sobrellevar mucho mejor saliendo al campo a través de una jornada de caza.
No sé cómo vería Delibes la sociedad actual, que tiene el tema de la caza un poco enfrentado, con mucha gente con la piel muy sensible.
Él siempre fue un cazador muy ecológico, no era un cazador al que le gustase ir a grandes monterías ni cacerías de muchas perdices. A él le gustaba salir, darse su paseo por el campo y recordar, como él decía siempre, todos los lances al terminar la jornada. Si mataba una perdiz, pues una perdiz; dos perdices, dos perdices; o ninguna: simplemente el salir al campo a él le reportaba una satisfacción difícil de igualar en otros ámbitos.
–En su caso, como nieto de Miguel Delibes, ¿cuál es su novela preferida de su abuelo?
–Probablemente a mí, y a varios de mis primos, la novela de Miguel Delibes que más nos gusta sea Señora de rojo sobre fondo gris, quizás porque nos permitió conocer a Ángeles, a nuestra abuela Ángeles, que salvo Elisa y yo, que contábamos apenas con un año cuando ella murió, no conocimos esa forma de ser tan especial que sin duda forjó a Delibes como escrito y le enseñó a manejarse en todos los ámbitos de su vida gracias a la buena de Ángeles. Es una de nuestras novelas predilectas porque nos permitió conocerla de primera mano.
–La obra de Delibes destaca por su maestría en la construcción de personajes. ¿Tiene algún personaje preferido de su obra?
–A mí me gusta mucho Pacífico Pérez, de Las guerras de nuestros antepasados. Es un personaje que me enternece, que me resulta muy querido, no me digas por qué. También, quizás, podría ser el Lazarías de Los santos inocentes… Pero me decanto más por Pacífico Pérez.
–Curiosamente, la novela más popular de Miguel Delibes es El camino, quizás porque es la que leen todos los estudiantes en el colegio.
–Desde hace ya unos años, creo que desde 2019, tenemos una actividad con la Fundación Miguel Delibes y con la Consejería de Educación de la Junta de Castilla y León que se denomina «el otro Delibes». Lo que hago es ir por colegios e institutos de la comunidad dando a conocer a ese otro Delibes más familiar, que es el que cuento en el libro, y en muchos casos lo hacemos apoyándonos en la exposición de los dibujos de El camino.
Es una novela que sigue estando vigente y que incluso en las pruebas de acceso a la universidad se sigue escuchando. De hecho, los alumnos que reciben la charla lo agradecen porque pueden incluir esa información del Delibes más familiar, más cercano y se les queda mucho mejor que si les dan unos folios para estudiarlo.
–Delibes recibió prácticamente todos los principales premios literarios de España: el Nadal, el Cervantes, el Príncipe de Asturias… Pero nunca recibió el Planeta, incluso aseguró en una carta que se lo ofrecieron y lo rechazó…
–Sí, eso siempre se ha dicho, que Lara se puso en contacto con él, el propio Delibes lo dijo, y que se lo ofreció incluso dándole más dinero del que le correspondía por el premio. Es un rumor y sé de buena tinta que lo llegó a contar mi abuelo. Él decía que prefería que se lo diesen a los escritores jóvenes que realmente hubiesen hecho méritos para conseguirlo.
De todos modos, sobre todo en los últimos tiempos, ya no le interesaban tanto las condecoraciones, le gustaba recibirlas, evidentemente, pero ya no era algo que lo necesitase.
–Aunque ya no le interesasen tanto los galardones, ¿lamentó no haber recibido el Nobel de Literatura?
–Estaba ya muy enfermo, al final, en los últimos años, desde 1998, cuando le operan de cáncer, hasta que muere doce años después, cuando fue perdiendo poco a poco fuerzas y va encontrándose cada vez peor, y se rumoreaba que le iban a dar el Nobel.
Los nietos le decíamos, «abuelo, a ver si te dan el Nobel», y él contestaba que ya no se sentía con fuerzas para ir a recogerlo. De hecho, no estaba dispuesto a hacer ese viaje tan lago para recibirlo. Incluso una delegación de la Fundación del Nobel debió de estar en Valladolid preguntando, y no accedió ni a entrevistarse con ellos. Como decía mi tío Juan, para recibir el Nobel hay que currárselo un poco, tal y como hizo Cela, haciendo viajes, haciendo entrevistas, y mi abuelo ya estaba de vuelta de todo y no mostró el más mínimo interés en recibirlo.
A nosotros nos hubiese hecho mucha ilusión, porque consideramos que hizo méritos para ello, no solo por su labor literaria, también esa labor humana que quedó reflejada cuando le entregaron el Premio Vocento a los Valores Humanos.
–Acaban de inaugurar en Valladolid la Casa Museo Delibes. ¿Qué tesoros alberga que destacarías?
–Hay tres estancias de su casa, recreadas perfectamente: el salón, el despacho con la mesa donde escribía sus novelas y el cuadro de Señora de rojo sobre fondo gris, del pintor Eduardo García Benito, y su habitación, una habitación muy simple, muy monacal, muy modesta.
En la otra parte de la exposición hay reflejado otros aspectos de Delibes: están los premios de Delibes como el Nada, el Cervantes y demás…
Yo sí que echo en falta, espero que en el futuro se pueda incorporar, porque cundo se hizo esta exposición en la Biblioteca Nacional estaban los manuscritos, que me parece que es la joya de la corona de la Fundación, y que en este momento no los han incluido.
Como lo gestiona la Junta de Castilla y León esperamos que en un futuro incorporen esas cuartillas de papel reciclado donde escribió todas y cada una de sus novelas y que merecen un espacio en esa Casa Museo. Me parece que es uno de los grandes tesoros que guarda la Fundación y que todavía no están expuestos.
–En el proceso de elaboración de este libro ¿localizaste algún texto inédito de Delibes, tal vez una novela, correspondencia…?
–No, creo que está todo publicado. De hecho, salió aquel cuadernito, cuando muere mi abuelo, que localizó mi madre, Pepi Caballero, haciendo limpieza, que fue la secretaria de Delibes los últimos 25 años, y mi tía Elisa. Haciendo limpieza encontraron un cuadernito de cuando estaba embarcado en el buque Canarias, en la Guerra Civil española, con la historia de la bruja Leopoldina, que salió publicado hace unos años, y luego, las cartas con Umbral es lo último que vio la luz, y creo que no hay nada más que esté pendiente de salir.