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El Premio Nobel Lázslo Krasznahorkai y el Premio Planeta Juan del Val

El Premio Nobel Lázslo Krasznahorkai y el Premio Planeta Juan del Val

Krasznahorkai y los premios Nobel de Literatura que nunca ganarían el Planeta

El autor húngaro aún escribe para sí o para todos, pero en relación a sí mismo. El viaje es hacia las profundidades del alma, adonde no suelen llegar las listas de ventas, los números, las cifras o las cantidades

La ligereza, las novelas de misterio o casos sin resolver, mayormente, son las que el público compra. Esos temas y algunos autores cuyas obras aparecen casi por decreto en las listas de los más leídos. Sin ir más lejos, la última semana aparecen nombres como Javier Castillo, Arturo Pérez-Reverte, Dan Brown o Ken Follet.

No hay premios Nobel como el último, Lászlo Krasznahorkai. O como casi todos los anteriores. El caso del escritor húngaro es una rareza común: autores de segunda fila (o de tercera) en ventas, al menos en España, que son autores de primera en cuanto a prestigio. Y mucho más allá: en cuanto a la profundidad de su obra.

El ruido de las ventas frente al silencio de la esencia de escribir. La «prisa» contra la «reflexión». Krasznahorkai es un escritor «antiguo» porque escribe hacia adentro, donde está la salvación del hombre, al contrario que el escritor «moderno» o «vendedor» que escribe hacia afuera.

Krasznahorkai aún escribe para sí o para todos, pero en relación a sí mismo. El viaje es hacia las profundidades del alma, adonde no llegan las listas de ventas, los números, las cifras, las cantidades... Donde solo se excava en busca de la verdad o de respuestas, como en una mina en busca de un mineral.

Escritores como Krasznahorkai son como minas infinitas llenas de túneles y pasadizos, demasiado largos y oscuros para el lector de libros visible y numérico. No se trata aquí de establecer una distinción entre el «buen lector» y el «mal lector» o entre el «buen escritor» y el «mal escritor», sino más bien entre el lector y el escritor pensadores y el lector y escritor lúdicos.

Entre el lector y escritor subterráneos y el lector y escritor superficiales, en el sentido de que habitan por debajo o por encima de la superficie, casi física y respectivamente. No hay modas que valgan, ni lectores a los que va dirigida la escritura de los «Krasznahorkai», que antaño también era la escritura de los escritores más populares.

Ahora la brecha se ha abierto aún más. Siempre ha habido y habrá escritores como los unos y como los otros. Escritores «hondos» y escritores «triviales» en sus diferentes gradaciones y con influencias de unos en los otros. Las diferencias que también se ven en los premios porque a Krasznahorkai, como ejemplo y en representación de los grandes escritores de siempre, nunca le podrán conceder (ni él aceptarlo, como Delibes) el Planeta.

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