El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, durante una sesión de control al Gobierno
Urtasun se niega a pedir perdón por los crímenes del comunismo y responde a Álvarez de Toledo con una mentira
El ministro Cultura afirmó que su familia política trajo la democracia a España
La pregunta era muy simple y directa: «¿Va usted a pedir perdón por las matanzas del comunismo?».
La lanzó la diputada del Partido Popular, Cayetana Álvarez de Toledo, al ministro de Cultura Ernest Urtasun.
La razón era muy simple: en el contexto de la exigencia de la presidenta de México, Caludia Sheinbaum, de que España pida perdón por la conquista de América –y que logró arrancar al ministro de Exteriores un reconocimiento de «injusticia y dolor»– el también portavoz de SUMAR (agrupación conformada por un conjunto de partidos comunistas y socialistas) prefirió por la respuesta habitual: hacerse el loco y contraatacar con una mentira.
«Me sorprende que un partido demócrata-cristiano, o que se inscribe en la tradición demócrata-cristiana europea, conciba el perdón como un símbolo de debilidad, cuando es un símbolo, al contrario, de fortaleza cuando no de necesaria reparación», fue la contestación de Urtasun.
Pero en su réplica, la diputada popular esgrimió un amplio y bien articulado argumentario que, a medida que lo exponía, iba desquiciando a un Urtasun que no dejaba de revolverse en su escaño.
«Aquella España», señaló Álvarez de Toledo, «solo merece agradecimiento, por aliarse con los bravos tlaxcaltecas para derrocar una tiranía que practicaba el canibalismo, por construir universidades en el páramo y hospitales en la selva. Por ser el primer imperio en discutir su propia legitimidad, por promulgar leyes que reconocían derechos a los indígenas y prohibían la esclavitud, por promover el mestizaje, y no la segregación. Por forjar, ¡sí!, la Hispanidad, una impresionante comunidad cultural, lingüística y moral que incluye, por cierto, a la escolanía de Montserrat, explíquelo en esa radio hispanófoba que ustedes controlan».
Y añadió: «Mire, señor Urtasun, piénselo bien. Si las culpas fueran colectivas, el que debería flagelarse es usted por los 80 millones de muertos del comunismo: gulags, paredones y hambrunas».
«Y ojo, por la violencia que su familia ideológica ha infligido a nuestra democracia. Este dato tan revelador. Asesinatos políticos cometidos desde 1975: extrema derecha, 49, el último cometido en el año 82. Extrema izquierda, 912. Añada as 27 víctimas del GAL imputables, si acaso, al Partido Socialista al que usted sirve ahora, y los cientos de agresiones cometidos en nombre de la lucha antifascista. La última, la paliza a un periodista de El Español. Pídale también usted perdón».
«Pero no, señorías. La responsabilidad es individual, no colectiva. La tiene Sheinbaum, por su política de abrazos a los narcos. Que pida ella perdón a los mexicanos y a la viuda de Carlos Manzo. La tienen ustedes por blanquear la violencia».
«Resulta, señorías, que yo tengo que pedir perdón por lo que hizo España hace 500 años, pero Otegui no, por lo que hizo hace 20. Tenemos que avergonzarnos de Isabel la Católica y aceptar lecciones morales de Aizpurua, la condenada. Acaben ya con esta farsa. Hace 500 años la civilización avanzó en América, y sigue avanzando a pesar de sus enemigos y a pesar también de ustedes».
Nadie esperaba que Urtasun fuera a dar una respuesta a la diputada (nunca sucede), pero con lo que nadie contara es con que el ministro fuera a descolgarse con una burda mentira que nadie que no esté enfermo de sectarismo ideológico podría creerse.
«Señora Álvarez de Toledo: mi familia ideológica luchó contra el franquismo y trajo la democracia a este país, la suya no lo sé», fue lo que dijo el ministro izquierdista.
Y como no sea que Urtasun piense que Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo, Manuel Fraga o Torcuato Fernández-Miranda eran militantes del PCE en la clandestinidad, es difícil comprender cómo ha podido lanzar una aseveración semejante en el Congreso de los Diputados.