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Michael Shellenberger en la Universidad CEU San PabloCedida

Michael Shellenberger, el gurú medioambiental convertido en referente del conservadurismo europeo

Proclamado por la revista TIME en 2008 «héroe del medio ambiente» hoy denuncia las políticas medioambientales liberticidas impulsadas por la UE

En 2008 la revista TIME lo declaró «héroe del medio ambiente» y lo definía como «líder visionario». Hoy denuncia los abusos del alarmismo sobre el cambio climático, responsable de lo que denomina una «creciente ansiedad ecológica en la juventud». Denuncia la deriva autoritaria e hiperreguladora de la Unión Europea y advierte del error del cierre masivo de centrales nucleares en el viejo continente.

Hablamos de Michael Shellenberger, un «activista climático y ambiental», como se define en el sitio web de su principal proyecto, el thinktank Environmental Progress, y, aunque pueda resultar paradójico, uno de los pensadores de referencia del conservadurismo actual.

No duda en definir como totalitarias las políticas de la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leyen, y en advertir de que las políticas del presidente francés Emmanuel Macron o del canciller alemán Friedrich Merz ponen amenazan la seguridad de Europa.

Tampoco tiene empacho en denunciar esa deriva en el mismísimo Parlamento Europeo, donde reflexionó sobre la deriva liberticida de la Unión Europea este miércoles, invitado por la agrupación de partidos patriotas Patriots for Europe, en la que participa Vox.

En sus redes sociales reflexiona extensamente sobre los horrores de los tratamientos de transición de sexo con bloqueadores de pubertad y, en concreto, denuncia «un experimento para bloquear la pubertad de más de 100 niños» realizado entre 2015 y 2017 en Reino Unido.

Asimismo, denuncia que Europa viola el Tratado de la OTAN por su deriva autoritaria: «Los estadounidenses se comprometieron a proteger las democracias libres, no a estados autoritarios que censuran», señala.

También denuncia que la UE promueve la censura y la restricción de la libertad de expresión al mismo tiempo que demoniza a Occidente y trata de destruir lo que simboliza mediante la desindustrialización y la migración masiva.

Michael Shellenberger estuvo recientemente en la Universidad CEU San Pablo, donde intervino en el I Foro Internacional Economía, Clima y Energía impulsado por el Instituto Juan de Mariana, con una conferencia titulada ‘Decrecimiento y la Política del Miedo. Por qué la política climática está destruyendo Europa’.

En su charla, sostenida en una fuerte documentación hemerográfica, estudios y gráficas, argumenta cómo la alarmista política climática desarrollada por países occidentales ha provocado un grave problema de salud mental entre los más jóvenes a los que se les ha generado una «ansiedad climática», pese a que las catastrofistas profecías sobre el cambio climático no se han cumplido.

Denuncia Shellenberger el proyecto tras el alarmismo climático, un proyecto de ingeniería social donde se imponen una serie de dogmas a la vez que, con la excusa de la lucha contra el cambio climático, se destruye la industria europea, se eliminan las fuentes de energía baratas y abundantes, como la térmica o la nuclear, a la vez que Europa se vuelve más dependiente del gas importado o de costosísimas energías renovables.

Al mismo tiempo, se promueve la destrucción de la espiritualidad europea que se traduce en un proceso acelerado de secularización y se imponen ideologías basadas en un romanticismo de la vida primitiva, las religiones paganas y la destrucción de la diferenciación de sexos, mientras se diluyen las identidades nacionales.

En su intervención en el I Foro Internacional Economía, Clima y Energía, que el Instituto Juan de Mariana desarrolló junto con la Universidad de las Hespérides y la Universidad Francisco Marroquí, Shellenberger planteó un diagnóstico de la deriva autoritaria de Europa.

Una deriva autoritaria que sostiene que «el pasado es malo y el futuro está condenado, a menos que alteremos radicalmente la civilización».

Donde «las víctimas son autoridades sagradas» y «la naturaleza se erige en nueva autoridad».

El problema radica, apuntó Shellenberger, en que «ni la naturaleza ni las víctimas pueden ser fuentes directas de autoridad y, por lo tanto, enmascarar las maniobras de poder de la izquierda».

«Atacar el pasado y el presente es una forma de socavar la legitimidad de los valores de la civilización, como la justicia igualitaria, la meritocracia, la electricidad barata y la libertad de expresión», subrayó.